Educación para la convivencia
Convivir es principalmente vivir en comunidad estableciendo pautas y normas que favorezcan la ayuda, seguridad, colaboración y cooperación necesarias para resolver eficazmente los conflictos de relaciones que se producen en el seno de esa comunidad. Reconocer y asimilar aquellos valores morales que pueden entenderse como universalmente deseables en beneficio de esa convivencia es uno de los objetivos de la educación; objetivos estrechamente vinculados con los derechos humanos que constituyen el mínimum de una ética del consenso, garantizados por su universalidad (se imponen a todos los seres humanos los mismos derechos y las mismas obligaciones), por el principio de igualdad y por su doble naturaleza (emanan de la condición misma del ser humano y evolucionan como normas gracias a un proceso de construcción colectiva e histórica inacabado).
La sociedad plural y democrática en la que vivimos exige un modelo de educación en valores que haga posible una convivencia basada en la equidad, que sea respetuosa con la autonomía personal y que potencie la reconstrucción del conocimiento. Ese modelo, basado en los valores democráticos, debe conjugar tanto la autonomía personal como la razón dialógica para determinar algunos de los principios de valores que guíen nuestra conducta, la conducta de todos, ante situaciones que supongan conflictos, los modos de resolverlos y la manera de transformar la sociedad. Y supone la apertura a los otros, el respeto a la diferencia y el respeto a los derechos humanos.
El aprendizaje, atendiendo a la competencia ética de la educación, implica experiencias no sólo intelectuales o cognitivas, sino también afectivas. La escuela, por consiguiente, debe ser capaz de promover un efectivo acceso al conocimiento científico, humanístico, artístico y tecnológico como condición de desarrollo personal en un mundo cambiante. Pero además, debe formar personas que sepan desenvolverse y enfrentarse con éxito a la incertidumbre, que sepan tomar decisiones, que desarrollen satisfactoriamente sus competencias básicas y afiancen su identidad en la pluralidad. Los escenarios educativos que la escuela construye y acoge, tanto formales como informales, deben facilitar, además del aprendizaje individual, la interacción entre iguales, el aprendizaje cooperativo, el cultivo de la autonomía, el ejercicio del dialogo y el esfuerzo personal como entrenamiento para superar las dificultades y como aprendizaje para aquellas que puedan presentarse a lo largo de toda la vida. Para ello, debe integrar en su cotidianidad valores propios de una comunidad democrática, equitativa y justa, basados en derechos y deberes de sus miembros para una convivencia respetuosa y feliz. Tal comunidad justa y democrática debe integrar en su construcción espacios en los que la reflexión, el debate y la propuesta de acuerdos estén abiertos a la participación de las generaciones más jóvenes.
Para alcanzar las metas y objetivos anteriores, los sistemas educativos actuales han desarrollado distintos modelos de una educación en cuya denominación no existe acuerdo: Educación moral y cívica, Educación en valores, Educación para una ciudadanía democrática o, simplemente, Educación para la Convivencia. Modelos de educación que, por otra parte, se confunden tanto en sus objetivos, métodos y estrategias con otros como la g Educación para la paz, la gEducación en Derechos Humanos o la gEducación Intercultural. No es extraño pues encontrar en la diversa literatura pedagógica existente la integración dentro de este tipo de educación, desde una perspectiva globalizadora, las educaciones antes mencionadas. Este es el caso de la propuesta educativa andaluza que resuelve esta cuestión terminológica refiriéndose a este campo transversal como Educación Moral, para la Convivencia y la Paz. En el ámbito europeo el proyecto de Educación para la ciudadanía democrática destinada a la formación de ciudadanos capaces de un comportamiento autónomo, crítico, participativo y responsable como base de una sociedad fundada en el respeto de los principios de la democracia, los derechos humanos, la paz, la libertad y la igualdad a los componentes anteriores se le suma la Educación Global.






