JOSÉ TUVILLA RAYO

Educación afectivo-sexual

Educación afectivo-sexual


Si en el siglo XVIII se comienza a definir la pedagogía de la sexualidad, desde enfoques más o menos restringidos, es a comienzos del siglo XX cuando la educación sexual se institucionaliza respondiendo al derecho a la información de los ciudadanos. Ya en 1903 la doctora Carolina Widerstram tuvo la iniciativa, radicalmente opuesta a las costumbres de la época, de solicitar oficialmente una educación sexual obligatoria. Dos años más tarde las obras de S. Freud sobre teoría sexual y sexualidad infantil apoyarán los intentos reticentes de introducir en los sistemas educativos este tipo de educación.

En el panorama europeo, Suecia es el país que introduce por primera vez – en 1945- la educación sexual en los programas de estudios y elabora un manual de uso obligado para todo el sistema escolar (7 a 19 años). En Francia, donde ya en 1947 se habían tomados medidas oficiales en este sentido, no se introduce la obligatoriedad hasta febrero de 1973. En otros países como Italia o Polonia también se introducirá la educación sexual en los programas escolares a principios de la década de los setenta; década, por otro lado, en la que se comienzan a publicar importantes obras necesarias para comprender la evolución histórica de este tipo de educación y los distintos modelos que coexisten en nuestra cultura: tradicional, preventivo y liberal-integrador. Nuestro país se incorpora mucho más tarde a estas reformas institucionales, en 1981 (muy tímidamente) y con la Reforma Educativa actual incorporando esta educación dentro de los llamados Temas Transversales.

Ha existido siempre una cierta confusión y diversidad para conceptuar esta educación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la definía, en 1975, como “la integración de los aspectos sociales, normativos, afectivos e intelectuales de la sexualidad humana, para enriquecer positivamente y mejorar la personalidad, la intercomunicación y afectividad, ampliándola con el concepto de autonomía y solidaridad del placer”. En la actualidad existe consenso en nominarla Educación Afectivo-Sexual desde un enfoque más holístico e integrador que contempla aspectos que más allá del conocimiento puramente biológico, explica procesos trascendentales como la construcción de la identidad de género o las relaciones afectivas, exentas de violencia y discriminación, en el ámbito de nuestra cultura. De este modo, la sexualidad es un concepto amplio y complejo que incluye las relaciones personales entre géneros, las formas de organización social normativas o la regulación social de la reproducción. La Educación Afectivo-Sexual, desde la perspectiva de género, persigue superar las relaciones de poder asimétricas, la división social del trabajo en los ámbitos privado y público como espacios excluyentes o la contraposición entre agresividad y afectividad como características jerarquizadas de las personas. Desde este enfoque el conocimiento sexual es un conocimiento construido socialmente en el que intervienen procesos históricos y culturales y un modo singular de organización de la sociedad. Es por ello que esta educación, vinculada de alguna manera con la geducación en derechos humanos, aspira al cambio social hacia unas relaciones más igualitarias entre las personas. Su concepto actual definido dentro de un paradigma humanizado, ofrece alternativas críticas a situaciones de discriminación incorporando dimensiones biológicas, culturales, sociales, afectivas, psicológicas y morales.