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La piedra, asilo de la línea pura, de la exacta geometría se hace río, luz, humana transparencia. El aire es delgado como la hierba. están dormidos los sexos. Se elevan los grises ángulos hacia arriba al compás de la sombra. La luz proyecta desnuda y clara como la carne -sobre la roca limpia- las atávicas sombras de los torsos, el boceto inútil de un perfil ecuestre, la dulzura tensa de las estatuas. Todo es quietud hasta el último confín creado. Wadias, donde el bronce, dinastía del fuego, surge y nos traspasa. La mano es hueso, cuerno, silex, esbozo apenas de la muerte. La roca aborigen, erecta columna, se sumerge pura. Y es pétalo indemne, solsticio de espuma. Y el tiempo está colgado de un hilo. Y el mundo es un pájaro en reposo. |