A la Asociación Alhameña de Mujeres
Como la tierra que estremece y brota
son vuestras manos,
tiernas y esenciales como pespuntes de hierba.
Como leve abanico de luz
son vuestras voces,
llegada la dichosa hora
en la que los hijos se marchan y luego regresan.
Como dulcísimas fronteras, incomparables y extrañas,
son vuestras almas
descubriendo cómo la vida se pasa y enamora,
cómo los días se concretan en pequeñas conquistas;
a veces, también, en pequeñas derrotas.
Y sueño, con vosotras, el color de la esperanza:
ese trozo de amor y de respeto concertado,
el día donde los humanos hayamos aprendido todos juntos
las cosas más perfectas.






