JOSÉ TUVILLA RAYO

A Federico García Lorca



Qué extrañas alas rozaron tus labios como un beso
y quedaste dormido entre los remotos paisajes de la pena.
No te supiste dueño de la línea del humo
y tembló tu corazón desnudo de deseo.

Qué extraños pájaros doblegaron tu costumbre
que te acogió en su rincón sordo el vasto dominio
de los ángeles. Qué murmullo escuestre se aprieta
a tu carne de paloma y a tu nombre.

Qué extraños picos bebieron de tu sangre
que un dolor certero nos atraviesa a todos.
Eres Federico, palabra solamente a veces, callada voz
que andamos buscando en nuestra hambre.

Tu corazón es "una bandada de pájaros cautivos"*
que nos cruzan el pecho, el centro mismo del amor,
el arcano signo, la luz que nos sorprende
ciegos al galope del tiempo, también dormidos.


*Texto de Federico García Lorca