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Qué extrañas alas rozaron tus labios como un beso y quedaste dormido entre los remotos paisajes de la pena. No te supiste dueño de la línea del humo y tembló tu corazón desnudo de deseo. Qué extraños pájaros doblegaron tu costumbre que te acogió en su rincón sordo el vasto dominio de los ángeles. Qué murmullo escuestre se aprieta a tu carne de paloma y a tu nombre. Qué extraños picos bebieron de tu sangre que un dolor certero nos atraviesa a todos. Eres Federico, palabra solamente a veces, callada voz que andamos buscando en nuestra hambre. Tu corazón es "una bandada de pájaros cautivos"* que nos cruzan el pecho, el centro mismo del amor, el arcano signo, la luz que nos sorprende ciegos al galope del tiempo, también dormidos. *Texto de Federico García Lorca |

