JOSÉ TUVILLA RAYO

A la memoria de Gonzalini

Mientras cae la tarde

 


Mientras cae la tarde, un hilo de luz lo enhebra todo
con su línea de vacío tornándose nube y viento.
Luego, otra franja de sueño, se marca diluida en el papel,
blanco como el hueso, y retoña en árbol o en camino.
A penas unos trazos más de transparente y acuática luz
para que la vida surja de repente.
Aquí levanta una minúscula espiga,
más allá las sombras de una madre y de un hijo
parece que caminan hacia un pueblo
donde todos imaginamos que está nuestra casa,
el patio abierto a los frondosos vegetales,
la fuente con su caudal redondo que fluye, lentamente,
como si el tiempo no existiera.
Se agitan los sueños mientras el mundo,
desde lo más hondo y secreto del artista,
aparece y se sucede bondadoso.
Y ahora desatados ve sus trazos: porciones de amor y de locura.

Mientras cae la tarde, un hilo de luz lo enhebra todo
con su ráfaga extraña. El monte está excavado, un labriego
siega las mieses con la curva cuchilla del cansancio.
Muévanse suaves y azarosas las alas de los pájaros
sobre los roncos y torcidos olivares.
Y huele el aire con su tregua prodigiosa.

Tal vez hoy, esta tarde última, acaso triste y antigua,
la línea tiña de ceniza la atmósfera. Y una bruma opaca y furtiva
sorprenda la acuarela sobre el fondo marino de un paisaje.
Tal vez hoy, esta tarde última, acaso triste y antigua
como el dolor o el invierno, tengamos la certidumbre toda
de que el tiempo pasa
y de que tan sólo somos, muy pocas veces y por azar,
imitadores de los dioses,
Mientras tanto, cae la tarde, y un hilo de luz lo enhebra todo.