JOSÉ TUVILLA RAYO

Poemas

 

POEMAS DEDICADOS

A la memoria de Gonzalini

A Federico García Lorca Poema dedicado a este andaluz universal. Dibujo de Federico García Lorca

CABO DE GATA


Desde aquí, desde este interior silente y prodigioso,
su cuerpo se adivina con la luz del día,
su rocosa extensión hasta el mar vacilante.

Desde aquí, desde la oquedad del aire,
sin la textura del tiempo y de la arena, apenas se sostiene
la línea de su cuerpo, tan dulce y tan fría.

Desde aquí, desde este interior apagado y celeste,
su cuerpo, en el fondo de la tarde, se disipa
como nuestros cuerpos hundidos y sobrios en el agua.

A lo lejos, las aves regresan, tranquilas y apacibles.  
En el Sur todo es sobresalto:
el amor, la primavera, el vuelo
de los insectos,un relámpago,
los hermosos cuerpos arrebatados.

En el Sur el deseo es un vasto dominio
y los cuerpos hundidos en el agua
son anunciados brotes
de sacudidas y dulcísimas fronteras.

En el Sur los cuerpos son ruidosos
y tiernos como flores 
LA VIDA DE UNA MUJER EN CINCO TOMAS CINEMATOGRÁFICAS

Primera Toma


En esta noche de otoño ,la lluvia,
tan caduca como la semilla seca de una fruta,
como la extraña luz que a la vejez responde,
desgarradoramente triste,
perezosa y reciente
como el coche que pasa y me deslumbra,
me deja más secreta la esquina.
Segunda toma

En esta noche de otoño, la lluvia,
tan solitaria como el perro
que busca entre los desperdicios,
como el huérfano con su original amargura,
quedamente enemiga,
taciturna,
déjame vacías las avenidas y los parques.
Y bajo el paraguas quedo,
al amparo de la humilde luz de una farola,
hasta que al fin un hombre pasa.
Y le sonrío.
Y él me pregunta.
Tercera toma

Tengo frías y desnudas las piernas,
fatigadas y hermosas,
acaso yo lo crea.
Y tengo sueño y hambre.
El hombre me llama y yo le sigo,
húmedos los hombros,
cansados los músculos,
fingida la sonrisa de carmín,
hacia la pensión más próxima.
Allí, el dueño me conoce
y la llave me entrega.  

Cuarta toma

En esta noche de otoño, la lluvia,
con peso invisible y lánguido,
dulcemente protectora,
me entrega al fin un cuerpo
tan gris y vencido como el mío.
Y también recibo su soledad ingrata,
su vaho obstinado,
su viril duda,
su vehemente y retenido deseo.

Quinta toma

Más tarde, mirando cómo la lluvia resbala
por los cristales,
me quedan sólo,
terminada la más ágil y fría
de mis entregas todas,
las carnes abatidas.
Y recuerdo con extremado dolor,
subiéndome las medias,
aquel cuerpo perfectísimo
que mío fuera,
la fuerza y la alegría
que, en otro tiempo más propicio,
el amor en mí desatara.
Pero qué importa. Es de madrugada.
Y parece que en esta noche la lluvia,
vencido el sueño,
me hiciera vanidosa y confiada.