Editorial
del diario Abc del domingo 12 de marzo de 2006
La comparación entre las previsiones del ideario de la COPE y el
comportamiento profesional de algunos de sus comunicadores arroja tal grado de
incongruencia que no es extraño que los propios obispos hayan asumido ya que
tienen un serio problema con su cadena de radio.
Los denominados «objetivos»
de la radio episcopal son la difusión de «la doctrina y
actividades de la Iglesia Católica», la orientación «a la opinión pública con
criterio cristiano» y la colaboración «en la promoción humana, social y
cultural de la sociedad en general». Esos objetivos se corresponden en el
ideario de la COPE con unos «compromisos profesionales y éticos» entre los que
se encuentran -desarrollados con gran profusión de conceptos- «el rigor y la
calidad profesional», además de «el servicio a la verdad con espíritu de
convivencia y criterio independiente» y la promoción «de los valores del
humanismo cristiano».
Sin embargo, episodios tan graves como la suplantación del
presidente del Gobierno en una supuesta e irresponsable conversación telefónica
con el jefe del Estado de Bolivia o la infiltración de encuestadores pagados
para desacreditar de modo inadmisible, y seguramente ilegal, el Estudio General
de Medios, demuestran que algunos de
los profesionales al servicio de
Desde la COPE no sólo se ha puesto en solfa la proyección exterior
de España y se ha tratado de reventar el sistema de medición de audiencias de
radios y diarios -que, siendo sin duda mejorable, debe
intentarse desde la lealtad y los procedimientos más profesionales y transparentes-,
sino que, además, se produce un constate ataque -desmedido e injurioso- a las
instituciones del Estado, incluida la Monarquía, sin que de esta lluvia de improperios se libre el
líder de la oposición. Tales ataques se perpetran, a mayor abundamiento, en
unos términos abusivos y ad hominen, sin el más mínimo reparo para la
intimidad, el honor y la imagen pública de los que resultan habitualmente
vilipendiados de manera constante en no pocos programas de esta red de
emisoras.
Esta situación ha creado, como no podía ser de otra manera,
gravísimas contradicciones entre los obispos, pero, especialmente, entre los
propios católicos, que no pueden reconocer en un medio eclesial los valores que
su religión propugna y que Su
La Iglesia, como editora de la COPE y responsable, por lo tanto,
de sus contenidos, deberá abordar la desafección manifiesta de determinados comunicadores
al ideario del medio y que a esa incoherencia añaden la infracción habitual de las más elementales normas de
la deontología de la profesión periodística; tendrá, también,
que responder de sus comportamientos probablemente ilegales y afrontar el hecho
incontrovertible de que su radio se haya convertido en una auténtica piedra de escándalo, tanto en
términos éticos y cívicos como en los que acotan una razonable convivencia
democrática.