El 8 de maig "La Vanguardia" va
publicar un article d'en Gonzàlez Faus on
fa algunes interessants precisions sobre la darrera instrucció pastoral de la CEE que tracta el tema
de la disidència en l'interior
de l'Església i el paper dels teòlegs.
¿PATINAZO
PASTORAL?
La Conferencia Episcopal publicó el pasado
30 de marzo un documento Teología y secularización en España del
que la prensa habló como un texto "contra los teólogos y los medios de
comunicación que los jalean". Sin entrar ahora en su contenido, me parece
justo añadir que algunos obispos también sufrieron con ese texto. Y que algunos
datos de procedimiento merecen ser conocidos.
1. El texto se
presenta como instrucción pastoral, cuando es totalmente doctrinal. Un
prelado (cuyo nombre considero mejor no revelar) pidió presentarlo como documento
doctrinal, pero no fue escuchado. Y es que, si fuera doctrinal requeriría
una práctica unanimidad más la aprobación de Roma; mientras que un texto
pastoral no necesita eso.
2. 16 obispos no
aprobaron el texto (7 y 9 entre votos negativos y abstenciones).
3. Se quiso despachar
la aprobación del documento en una mañana y, para eso, se trató de quitar la
palabra a quienes proponían enmiendas. Hasta que intervino el presidente, Mons.
Blázquez, para pedir que "al menos escuchemos las enmiendas". Según
parece, el texto entonces ya estaba en la imprenta y, si aparecen versiones
distintas, será debido a que algunas enmiendas se incorporaron luego de impreso
el documento.
4. En aquella sesión
surgieron preguntas como éstas: en otros países de Europa ¿no hay problemas
parecidos a los nuestros? ¿No hay también teólogos allí? ¿Son considerados
culpables esos teólogos? ¿No deberíamos preguntarnos si algunas actuaciones
nuestras, como la defensa sin matices de la Cope o la presencia
selectiva en manifestaciones, alejan a la gente de la Iglesia, más que las voces
críticas de algunos teólogos?
Todos estos datos
afectan al procedimiento, sin abordar el contenido del texto. Sobre éste, me
pronosticó un amigo que, en el futuro, será visto como el documento menos
afortunado del episcopado español, al menos desde la famosa pastoral de 1936 a favor de la
insurrección franquista. Sin entrar aún en contenidos, añadiré tres
observaciones históricas de ayer, de anteayer y de hoy.
Primera observación.
Hace
unos veinte años, se intentó ya publicar un documento como éste. Entonces hubo
al menos un obispo (y ahora sí que puedo decir su nombre: Echarren,
hoy dimisionario de Las Palmas) que se opuso preguntando:
¿no
deberíamos comenzar por examinar qué culpa tenemos nosotros los pastores en que
tanta gente se aleje de la
Iglesia?
¿Hemos sido fieles
al evangelio?
¿Hemos dado un
auténtico testimonio cristiano?
Entonces, la
correlación de fuerzas en la asamblea episcopal hizo posible que el proyecto no
siguiera adelante. Eran tiempos más taranconianos
y menos recios, en los que incluso había diálogos entre obispos y
teólogos, que continuó don Gabino cuando fue presidente de la Conferencia Episcopal.
Ya sabemos que en esos diálogos no se unifican posiciones, pero al menos el
contacto personal permite decir aquello de no es tan mala persona. Luego
viene lo de dice algunas cosas que son verdad. Quizá más tarde se preguntan
algunos cómo encajar esas cosas en las propias verdades. Y sólo desde aquí
matizamos o modificamos posturas.
Segunda observación: en el siglo XVI
español tuvieron problemas con la Inquisición nombres como san Juan de Ávila, Luís
de Granada, Luís de León, el arzobispo Carranza (una de las figuras más grandes
de la Iglesia
de aquel siglo, que murió tras 17 años en la cárcel de la Inquisición),
Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola... Se puede proponer como modelo la
fidelidad de aquellos hombres a pesar de todo; y yo quisiera añadir con san
Ignacio que "no hay tantos grillos y cadenas en Salamanca, que no quiera
yo llevar más por amor de Cristo". Pero también sería bueno que la
autoridad eclesiástica recapacite un poco: porque aquello de tropezar dos veces
en la misma piedra parece ser un pecado muy humano pero, sobre todo, muy
eclesiástico.
Finalmente, el documento
critica el "disenso silencioso" que existe hoy en la Iglesia. No dice que,
cuando el disenso deja de ser silencioso, puede costarle a uno la cátedra, por
decisiones meramente administrativas, o presiones indirectas sobre las
autoridades académicas, y sin ninguna posibilidad de defensa. En cualquier
caso, mi disenso sobre los procedimientos no quiere ser silencioso: puedo
ampararme para ello en las olvidadas palabras de Pío XII sobre la opinión
pública en la Iglesia
(una Iglesia sin opinión pública será una Iglesia enferma), y en lo que dice el
Catecismo sobre la legitimidad de la crítica pública cuando la autoridad se
aparta del Evangelio. Añorar luz y taquígrafos es tan necesario en la Iglesia como en la
sociedad.
Si hubiese que
añadir algo sobre contenidos, me parece muy simplista el argumento que
oímos desde hace años: "la
Iglesia española ha perdido credibilidad y culpables de ello
son los teólogos (sobre todo los profesores de eclesiología)".
Lamento además que unas autoridades tan obsesionadas por la moral y la dignidad
del ser humano en lo que afecta a la ética sexual no tengan una voz que
levantar contra usos sociales quizá legales pero totalmente opuestos a la moral
católica, y que ofenden la dignidad de los hijos de Dios (acumulación de pisos
vacíos que ni Ruiz-Gallardón se atreve a expropiar,
especulación del suelo o el trato que muchos católicos dan a empleadas de hogar
inmigrantes, en cuanto a salario, seguridad social y demás).
Siento molestar con
estas cosas. Pero creo que tenía razón Ratzinger
cuando preguntaba hace años: el que no se oigan hoy las críticas del pasado,
¿significa que hay más amor, o que el amor a la Iglesia se ha vuelto romo
y prefiere no correr riesgos? Dios lo sabe. En cuanto a nosotros, sería mejor
que nos dijéramos aquello de san Pablo: "Reconozco que tienen celo
religioso, pero mal entendido. Pues olvidan la forma como Dios justifica a los
hombres y porfían por buscar esa justificación a su modo" (Romanos, 10
2-3).
LA VANGUARDIA, 8-5-2006 (Publicat al web Atrio)