“El celibato opcional como disidencia eclesial”
Esto es un foro de opinión y debate. Eso me tranquiliza para decir lo que diga sólo como una opinión, la opinión de una persona con una experiencia que la reflexiona y la comparte. Hablo en singular, como persona particular que expresa su pensamiento; pero también en plural, porque formo parte de un colectivo, Moceop (Movimiento pro celibato opcional), que ha ido elaborando una teología de caminantes: de experiencia reflexionada desde la fe. Y ya que hablamos de disidencia, espero que aquí la haya también y no estéis de acuerdo con todo lo que digo.
Celibato, sí; pero opcional.
Ante todo quiero hacer la precisión de que no hablo contra el celibato , y menos aún contra personas. El celibato es un estado de vida, que en muchos casos es optado por motivaciones evangélicas no sólo respetables sino también admirables. Yo conozco y aprecio a muchas personas célibes que son para mí un testimonio de vida evangélica, cristiana, entregada a los demás, y de personas que las veo felices en su opción de vida….Así que, ante todo, mis respetos a las personas célibes aquí presentes, y a las ausentes. Espero que nadie se moleste por mis comentarios.
El celibato, como la pobreza evangélica, puede ser un valor sublime. Pero una sublimación exagerada del celibato y de la virginidad ha causado en sectores de la Iglesia un menosprecio del matrimonio, que el fundador del Opus consideraba que era para “la clase de tropa”. En cambio, un amigo mío, para equiparar decía: “total, si el celibato es renunciar a todas las mujeres, y el matrimonio, a todas menos a una, no hay tanta diferencia” (para subsanar el toque machista, aplíquese la misma fórmula respecto al celibato femenino o al matrimonio, también el gai). Evidentemente, ni el celibato ni el matrimonio se pueden definir por lo que tienen de renuncia.
En
la moral católica más tradicional ha estado implícito también un menosprecio de
la sexualidad, vista obsesivamente como peligro de pecado, hasta el punto de
que se decía que en esa materia no había “parvedad de materia” : hasta el más
leve pensamiento impuro era pecado grave. Recuperar una visión positiva
de la sexualidad, en sus múltiples facetas, es un reto liberador, especialmente
dentro de
Lo que desde Moceop cuestionamos no es el celibato en sí, sino la norma eclesiástica de exigirlo como condición necesaria para el ministerio sacerdotal.
Celibato y ministerio ¿dos en uno?
Aunque se da por sentado que celibato y ministerio han ido unidos, esto no ha sido así siempre. Empezando por el grupo de discípulos de Jesús, y por los Doce Apóstoles, que pueden parecer el origen de la estructura clerical, tampoco eran célibes. Pedro, el primer Papa, era casado (en el evangelio se habla de la suegra de Pedro). (Mt 8,14)
En
En la historia de
En
toda
Hablamos sólo de
Pero, bueno. Esto no quiere demostrar nada, sino sólo ser una referencia de que
la ley del celibato ministerial es sólo una norma disciplinar; y que lo mismo
que se puso, se puede quitar, y no tambalearía para nada la fe, ni la verdad ni
el evangelio. Sólo un poco la estructura clerical de
Estos días estamos oyendo, con motivo del Sínodo de los Obispos, por un lado el clamor de abordar el tema del celibato opcional; y por otro, la resistencia y cerrazón a querer tratarlo. El mismo Papa Juan Pablo II llegó a decir que es una disciplina que algún día cambiaría, pero que no sería en su Pontificado.
La opcionalidad del celibato, una reivindicación
Cuando hablamos de celibato opcional, como reivindicación, nos referimos
en primer lugar a que los curas se puedan casar (si quieren, y “si se
quieren”), pero también a que puedan ser ordenados sacerdotes personas casadas
(hasta ahora está la posibilidad para diáconos; y recientemente la excepción
muy excepcional del padre Evans, convertido de
Y
también a que puedan ser ordenadas sacerdotes (o sacerdotisas) mujeres, célibes
o casadas: que no sean excluidas por el hecho de ser mujer. Recientemente han
sido ordenadas varias, en Canadá y en otros sitios, como una clara transgresión simbólica, con el claro planteamiento de que
una forma de cambiar una ley injusta es transgrediéndola. Es evidente que la
discriminación de la mujer en
Y también a que puedan ser ordenadas sacerdotes personas homosexuales, a las que hasta ahora se les excluye simplemente por serlo, o si se manifiestan o son descubiertos como tales, incluso aunque se comprometan a guardar el celibato como los heterosexuales. Pero el hecho es que los hay , aunque lo nieguen o procuren que no trascienda a la opinión pública.¿Por qué no reconocerlos y “ordenarlos”?
Moceop lo que no buscamos es una salida falsa, ni de mantener relaciones ocultas, ni de buscar subterfugios jurídicos, como sería pasarse a otro rito que lo permita. Creemos que es cuestión de derechos humanos de las personas , de vivir su afectividad con normalidad; y de sentido común del pueblo cristiano que acepta con naturalidad y no se escandaliza de que su presbítero sea homo o hétero, o se pueda enamorar y casar. Lo que no aceptan es la hipocresía, la mentira o el cinismo.
Una reivindicación “relativa”
Esta reivindicación creemos que es un derecho de personas y una necesidad de
comunidades: recordar cuántas comunidades cristianas, por ej. en Latinoamérica se ven privadas de
La prioridad no es el derecho de unas personas a ser ordenadas, sino el de una comunidad a tener personas que le sirvan; es prioritario el derecho de una comunidad cristiana a celebrar la eucaristía, y muy secundario quién la presida. La cuestión de quién preside la eucaristía no puede ser el árbol que nos tapa el bosque.
Moceop tiene muy claro, en sus objetivos, que lo primero es el Reino de Dios, posibilitado desde nuestro compromiso evangelizador; en un segundo nivel está nuestro compromiso por la renovación eclesial, junto con otros grupos; y específicamente por la desclericalización de los ministerios, reivindicando la no vinculación obligatoria de ningún ministerio a un sexo o estado de vida. Esta prioridad se concreta en que muchos miembros de MOCEOP ( y comunidades…) están más comprometidos en causas sociales que eclesiásticas.
Y en sus presupuestos, lo primero que afirma y defiende rotundamente es la dignidad de ser personas, por encima, por tanto de normas, leyes, tradiciones, dogmas, estructuras o prejuicios. Esto se aplica a lo religioso, a la orientación sexual, o a cualquier ideología.
Por qué precisamente el celibato.
Moceop mantenemos el nombre y la reivindicación no
porque sea lo que principalmente queremos conseguir, sino porque creemos que
cuestionando la norma del celibato obligatorio atinamos a incidir en el puntal
que, suprimido, o al menos cuestionado, tambalearía el sistema eclesiástico
clerical. En la norma del celibato obligatorio se sustenta la división
clasista en
Cuestionar el clericalismo, del que el celibato obligatorio es un puntal,
conlleva también cuestionar el patriarcalismo y el
machismo que hay detrás: en
Otro tanto podemos decir de la patológica homofobia eclesiástica, con el “inri” de la hipocresía y el cinismo. Hablan de respeto a las personas homosexuales, pero nos resuenan las palabras de Jesús: “Lían fardos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo” (Mt 23,4) ¿Por qué se excluye de la ordenación ministerial a las personas que se manifiestan como homosexuales? ¿Hay alguna razón?
Más que una reivindicación.
Moceop surgió hace ya más de25 años, como un
movimiento reivindicativo y de apoyo a compañeros que en un determinado momento
de su vida se cuestionaron el celibato, pero no se cuestionaban su
disponibilidad para el ministerio presbiteral. La dispensa del celibato (pedida
en unos casos; en otros, no; concedida en unos casos, en otros, no) conllevaba
canónicamente la “reducción al estado laical”. Esa fue una primera paradoja:
¿es “menos” ser laico que ser clero?. Pues dejamos de
ser clero. Somos laicos, (somos ”Pueblo de Dios”),
volvemos a ser lo que nunca debíamos haber dejado de ser. Ese fue un primer
filón de reflexión teológica que nos fue llevando a cuestionar la eclesiología de clero y laicos para ir planteando una eclesiología de comunidad y ministerios, donde no haya la
división clasista de que unos son más que otros, sino todos iguales en dignidad
(el sacerdocio común de los fieles), y diversos en carismas y ministerios. Es
la comunidad cristiana quien estructura los ministerios que necesita y las
personas que los pueden ejercer. Por eso Moceop
apuesta por la pequeña comunidad cristiana como ámbito más adecuado para un
nuevo ministerio desclericalizado. Desde la
experiencia de comunidad entendemos
En esa perspectiva, se abre el horizonte de que
Desclericalización.
Uno de los aspectos que configura el clericalismo es la profesionalización del
ministerio: ejercer el ministerio como una profesión convierte al sacerdote en
funcionario de
Ese clericalismo no depende sólo de la actitud de las personas: no es cuestión
de que el cura sea más o menos mandón o abierto. Es la estructura misma
de
En esto, los curas obreros han sido pioneros en vivir el ministerio como un
servicio gratuito, desprofesionalizado, encarnándose
en un mundo obrero secularizado, con un trabajo profesional civil con el que
ganarse la vida y además vivir la fe y un ministerio de encarnación y
evangelización. Ser “uno de tantos” es la condición previa para anunciar el
evangelio no desde el púlpito sino desde la vida compartida. Con metáfora
evangélica, no es en
Curas
obreros y curas casados somos en este sentido “primos hermanos”; de hecho,
coincidimos en el colectivo de curas obreros un significativo número de curas
casados; y en Moceop participan también curas obreros
célibes y casados. Ambos colectivos compartimos planteamientos muy similares en
muchos temas, y experiencias vitales muy próximas. ¿Por qué a
En muchos de nosotros, al dejar el celibato o alcanzar la secularización, empezó un proceso de conversión personal para superar la formación, los prejuicios, los condicionamientos de ser “clero” y para descubrir un nuevo ministerio no clerical.
Cuando hablamos de desclericalización no nos referimos sólo a los curas secularizados. Hay mucho clericalismo también en muchos laicos y laicas que aceptan pasivamente esa división entre clase docente y clase discente, los que dirigen y los que son dirigidos, los pastores y la grey…, aceptando una sumisión, una dependencia y una minoría de edad, que creemos impropias de una comunidad de personas creyentes adultas, de iguales y corresponsables.
El Obispo , poeta y profeta, Pere Casaldáliga tiene un breve poema que dice:
“Dios nos libre
de seglares
con sotana en el espíritu.
Dios nos libre
de curas
sin Espíritu Santo.
Dios nos libre
de espíritus
sin la carne de la vida”.
Las mujeres, protagonistas de primera.
En Moceop han tenido un papel muy importante las
mujeres. No sólo las mujeres de curas para “desclericalizar”
a sus compañeros, sino las mujeres como personas comprometidas con una
causa, como protagonistas. Unas son compañeras de curas, otras no. Moceop ha dejado de ser un movimiento de curas casados,
para ser un movimiento de renovación eclesial, en el que participan
sacerdotes célibes y casados, mujeres compañeras o no de sacerdotes, y personas
miembros de comunidades de base. Ha sido ámbito para la participación
igualitaria, para la libertad, para la imaginación y la creatividad…Por eso Moceop ha estado íntimamente vinculado con los movimientos
de mujeres, dentro y fuera de
Teresa Cortés al recibir el premio Alandar en nombre de Moceop, el mes de junio, decía: “Nos ha costado mucho desclericalizar a nuestros maridos y ahí hemos estado las mujeres para que tomaran conciencia de que estaban en el mundo y de que el mundo no era el púlpito ni ese ámbito de aislamiento donde meten a muchos curas. Yo quiero agradecer mucho a todas las mujeres que han trabajado en el MOCEOP porque considero que éste es uno de los movimientos más libres que conozco, se atreve a decir lo que piensa, lo que siente, y, sobre todo, se atreve a vivirlo. Se atreve a vivir la igualdad entre hombres y mujeres, se atreve a que una mujer presida la eucaristía, se atreve a que una mujer desarrolle su carisma en el culto.”
La disidencia
Si Moceop se hubiera conformado con la reivindicación
puntual del celibato opcional, no habría sido tan incómodo en
Pero esto , no a la ligera, sino “con fundamento”
-En primer lugar tenemos la referencia a Jesús de Nazaret que fue un disidente con la religión y con el poder establecido: cuestionó una religión sin corazón, sin humanidad; puso por delante a las personas, especialmente a las más marginadas, desobedeciendo si era preciso leyes y normas; denunció la hipocresía de los dirigentes legalistas y se acercó a las personas excluidas y malditas; rompió moldes machistas aceptando a las mujeres en su grupo y haciéndolas las primeras testigas del mundo nuevo inaugurado con su resurrección…
-En el nuevo testamento vemos disidencias entre Pedro y Pablo, entre las comunidades del ambiente judío y las del mundo helénico, entre los carismas y las teologías de Juan, de Santiago o de Pablo.
-Los antiguos Santos Padres ya decían “conviene que haya herejes”, y hubo sus
discusiones teológicas entre diferentes concepciones. Toda la historia de
Nuestra fe no depende del Vaticano.
-Hoy día, el Papa advierte desde el inicio de su pontificado de la “dictadura del relativismo”. Si lo contrario de relativismo es absolutismo, y lo contrario de dictadura es democracia o libertad, ¿qué propugna el Papa: la libertad del absolutismo, la democracia del absolutismo? ¿cómo se come eso?
-Creemos que en la estructura actual de
Aún
está reciente la estampa de los funerales del Juan Pablo II y la toma de
posesión del nuevo Papa. Ver
-Más en concreto, en
Disidencia y coherencia .
Entendemos la disidencia no como un simple ir en contra de lo establecido, sino revisarlo críticamente, y, a la luz del Evangelio, buscar lo que sea más coherente. La disidencia es pues una cuestión de coherencia personal y grupal, y una cuestión de fidelidad a lo más profundo de la tradición recibida. Y es también, por qué no decirlo, una forma de amor a la propia Iglesia: porque la queremos nos duelen sus defectos y la queremos mejor de lo que la vemos, y estamos dispuestos a transformarla. Si no, sería más cómodo aceptarla resignadamente como está, o darla por imposible y abandonarla.
La
fe no es simplemente una doctrina a seguir fielmente, sino una fidelidad al
camino indicado por Jesús. El cristianismo no es una religión con unos dogmas
absolutos, unas creencias incuestionables, unas leyes inevitables, una
institución divinizada.
El Concilio Vaticano II , una referencia importante.
El Concilio Vaticano II supuso para
Desgraciadamente, pronto empezaron las reticencias, que luego se convirtieron en freno y luego en marcha atrás. En los años de la transición, el famoso cardenal Tarancón decía que algunos obispos españoles tenían tortícolis de tanto mirar a Roma. Hoy , en algunos, esa tortícolis ha derivado en hemiplejía, pues parece que sólo mueven la parte derecha. Creemos que el pontificado de Juan Pablo II y los antecedentes y los indicios del actual han marcado una involución enorme. Así que nuestra esperanza de que de Roma venga ninguna renovación es mínima, aunque creamos en el Espíritu Santo y en los milagros.
Renovación eclesial, un proceso abierto.
Hoy
parece paradójico que se formule como progresista reivindicar algo de hace 40
años, con lo que ha cambiado el mundo en este tiempo. Juan XXIII hablaba
de “aggiornamento”: puesta al día. Yo creo que la
fidelidad al propio espíritu conciliar estaría hoy no tanto en
“cumplirlo” ni “recuperarlo”, cuanto en “superarlo”. El día de hoy tiene retos
y necesidades diferentes a hace 40 años. Es por eso que ya va surgiendo
en ámbitos eclesiales de base la propuesta no tanto de un nuevo concilio (que
en estos momentos sería de reafirmación de la restauración dominante), sino de
un proceso conciliar, de abrir cauces de reflexión, de opinión, de debate, de
participación de todos los sectores eclesiales… que podrían culminar, con
tiempo, en un nuevo concilio que se planteara y buscara respuesta a los
nuevos signos de los tiempos que hoy interpelan a
Disidencia constructiva.
Al mirar hacia atrás y repasar los disparates que se han hecho en la historia, no lo hacemos con ira, sino más bien con un toque de humor y de relativismo. La historia avanza despacio y a trompicones. Antes quemaban a los herejes; luego, sólo quemaban sus libros. Ahora hay otras formas de represión, a veces más sutiles, pero también crueles. Aún así creemos que la libertad avanza con el empuje de muchos (“pero habrá que forzarla para que pueda ser”).
Al futuro preferimos mirar con esperanza no en las probabilidades (que a veces son pocas o pesimistas), sino en el factor sorpresa de que el Espíritu sopla donde quiere, y que Dios a veces escribe recto con renglones torcidos.
Y al mirar el presente, la realidad eclesial general, lo hacemos con un realismo crítico; aceptamos que la realidad es la que es, pero no la aceptamos como definitiva, sino como punto de partida para cambiarla.
Para eso preferimos una postura positiva y constructiva, de hacer lo que creemos y podemos, de encontrar sentido a lo que estamos haciendo más que a los resultados. A veces toca sembrar, no cosechar., y hacer camino al andar.
Eclesialmente, estamos convencidos de que somos Iglesia y hacemos Iglesia: ni
nos excluimos ni nos dejamos excluir. Tampoco excluimos ni condenamos, aunque
protestemos, critiquemos y denunciemos. No pretendemos imponer nuestro modo de
ver, pero tampoco renunciamos a ser lo que somos, y a caber en
El margen, lugar privilegiado.
Algunos grupos críticos nos sentimos realmente marginados. Hablo de CCP, Moceop, grupos homosexuales cristianos, Somos Iglesia,
incluso curas obreros ( y nombro sólo aquellos en los
que yo estoy más o menos implicado). Por parte de la jerarquía nos sentimos
ninguneados, cuando no excluidos y condenados. No somos clandestinos, no nos
ocultamos, ni huimos ni nos salimos. Pero es
Sintiéndonos
tan al margen eclesial, ahí hemos ido encontrando nuestro sitio en
Frente
a la resistencia de
Otra Iglesia es posible y otro mundo es posible.
Creemos que
¿Qué signos?
-El
primero, el más grave, el insoslayable, es el creciente abismo entre ricos y
pobres, entre personas, países, continentes… ricos y pobres. Pero hoy con la
conciencia más clara que la riqueza de unos es a costa de la pobreza de otros.
Y que el hambre y la muerte prematura y violenta de millones de personas, el
desplazamiento y emigración de millones de personas,… es responsabilidad de
todos. También de
- Otro signo; la globalización, que en su faceta más neoliberal es dejar manos libres a las multinacionales económicas, por encima incluso de los estados, para hacer y deshacer a su antojo, incluso a costa del expolio de la naturaleza, del empobrecimiento de países enteros, del incumplimiento de los compromisos internacionales (ONU, KYOTO, objetivos del milenio…).Pero puede haber una globalización de la solidaridad: Hacer una familia humana más humana es puro evangelio.
-Otros muchos signos, tal vez menores en tamaño, y esta vez en positivo: el ansia de paz, la mayor sensibilidad ecológica de mucha población, la creciente conciencia solidaria universal, la exigencia de respeto a los derechos humanos; la creciente conciencia de igualdad de las mujeres; la necesidad de la democracia como participación responsable de los pueblos en sus destinos, el respeto a las minorías, el necesario diálogo interreligioso…
Una utopía en el horizonte
Hemos empezado hablando del celibato, y acabamos cuestionando el nuevo orden mundial.
El celibato opcional resulta una pequeña utopía, no por inalcanzable, sino porque abre el horizonte para mucho más. Al final resulta, que lo del celibato opcional casi es lo de menos, pero nos ha servido de motivo para soñar una Iglesia diferente y un mundo más humano. Otro mundo es posible. Otra Iglesia es posible, y necesaria. La prueba de que es posible es que la estamos haciendo ya: muchas personas y comunidades, con muchos defectos, estamos siendo iglesia de otra manera.
Pero el horizonte es mucho más amplio aún. Porque
Al final te das cuenta de que la utopía no está ni siquiera en conseguir lo que quieres, sino que está en el camino mismo. Pero para caminar, hay que soñar con llegar. Como Ulises en su azaroso viaje a Ítaca.
“Ítaca t’ha donat el bell viatge,
sense ella no hauries sortit.
I si la trobes pobra, no és que Ítaca
t’hagi enganyat.
Savi, com bé t’has fet,
sabràs el que volen dir les Ítaques”.
O en palabras de Eduardo Galeano:
“
Ella está allí, en el horizonte.
Doy dos pasos,
y ella retrocede dos pasos.
Avanzo diez pasos,
y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Por mucho que yo avance,
nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve
entonces la utopía?
Para eso sirve…
Para caminar. “
Deme Orte, Valencia 18 octubre 2005 .
(texto de la charla pronunciada por Deme
Orte en el Aula Magna de