Leída por una mujer cristiana que cree que el Evangelio
de Jesús de Nazaret incita a defender la igualdad de la dignidad, libertad y
derechos de todos los seres humanos, sin excepción.
Primera parte.
La lectura de esta 1ª parte me ha inspirado varias
preguntas:
La primera: ¿Cómo es posible que un varón célibe y
supuestamente casto sepa tantas cosas sobre erotismo?
Respuesta: Mas de siete páginas
dedicadas al tema demuestran un amplio estudio de todo tipo de filosofías,
teorías y teologías que se han ido produciendo a lo largo de
La segunda: ¿Cómo es que con los problemas tan acuciantes
que tiene
Respuesta: Precisamente por eso. Es evidente que quienes
sospechan que en realidad de lo que se trata es de cambiar el “paradigma” sobre
la incompatibilidad entre sacerdocio y matrimonio, tienen razón. Parece ser que
se está preparando un cambio en la norma del celibato para convertirlo en
opcional y eliminar así la barrera que impide que los jóvenes se interesen por
ingresar en el clericato. Está comprobado que no es falta de generosidad (ahí
están las numerosas oenegés), lo que les
retrae, sino la imposibilidad de mantenerse célibes (sinceramente y
honestamente) durante toda su vida.
Tercera pregunta: ¿Cómo quedaríamos las mujeres después
de ese cambio de “paradigma”?
Respuesta: Habremos ganado algo en cuanto a la opinión
que sobre nosotras ha mantenido la tradición eclesiástica, a través de los
siglos. Es decir, habremos pasado de ser “la puerta del infierno”, según San
Ambrosio, S. II, a ser “la ayuda que Adán precisa”, según Benedicto XVI,
basándome en Gén. 2, 23 y después de haber analizado diversas teorías, entre
ellas, la de la “complementariedad” o “media naranja” de Platón, la cual,
datando del siglo cuarto antes de Cristo, resulta ser mucho mas igualitaria que
la del Papa Ratzinger.
Mensajes subliminales:
a)
Si hasta Juan Pablo II era pecado
“mirar con deseo a la propia esposa”, a partir de ahora, si el “eros” se
convierta en “ágape” (nº 6), ya no lo es.
b)
El hombre es sujeto de su
propio destino. La mujer (por designio
divino) es objeto útil en el destino del varón. (nº 11)
Segunda Parte.
El otro mensaje subliminal que se desprende de la lectura
de esta segunda parte de la encíclica, es el de que “la justicia social no es
cosa de
(nº 26) “Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción
contra la actividad caritativa de
Como es bien sabido, la lucha por la justicia social
incomoda y pone nervioso al sistema socio-económico-neoliberal-globalizado. El
enfrentamiento con él puede llegar a ser mortal. Por el contrario, la
beneficencia (o “caridad cristiana”, como le llama Benedicto XVI) puede
convivir pacíficamente con el neoliberalismo capitalista e incluso en armonía
con él hasta el punto de apoyarse mutuamente y colaborar juntos. Debe ser por
eso que el Papa alerta, una y otra vez, sobre el peligro que encierra el
“pretender cambiar el mundo” (nº 33, 36 y 37). Y justifica su
punto de vista con abundantes, seductores, documentados, razonados,
piadosos y misericordiosos argumentos. Palabras sabias y bellas, pero carentes
de credibilidad (a los ojos del mundo cada día más empobrecido y miserable),
cuando son emitidas por quien gusta de vestirse de oro de los pies a la cabeza,
se deja hacer reverencias y vive rodeado
de tesoros, lujos y parafernalia.
Pero lo más grave, en mi opinión, es la manipulación que
hace de la devoción de los fieles hacia María,
Tampoco hace mención alguna sobre Jesús fuera coherente
con el Dios de su Madre, lo que le costó ser juzgado y condenado a muerte por
incitar a la subversión contra el poder establecido de entonces en una sociedad
que, como la de ahora, estaba compuesta por opresores y oprimidos. La justicia
social, eso que parece asustar tanto a Benedicto XVI, fue cosa de Jesús de
Nazaret el cual tuvo la “presunción de querer mejorar el mundo” (nº 35).
CONCLUSIÓN
Al final de la lectura de esta encíclica, me he quedado
con la impresión de que Benedicto XVI, cuando la redactaba, no estaba
especialmente preocupado por anunciar el Evangelio a los pobres (cuya inmensa
mayoría son mujeres y niñas) sino por recuperar el esplendor de una Iglesia
decadente, que él desea que siga siendo poderosa, rica, machista y
aparentemente santa.
¿Es consciente Benedicto XVI de que está conduciendo a
Roser Puig
(Miembro de “Creients i Feministes”)