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05
/ 3 / 06 |
Villareal
- Alavés "Desesperante
regalo"
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| El
Alavés desperdicia dos ventajas y cae víctima
de los errores a balón parado y el conservadurismo
final |
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Desesperante
resultó el regalo del Alavés ayer en El
Madrigal cuando las concesiones se empiezan a pagar a
un precio exagerado. Se le escapó el partido primero
y después hasta el punto que hubiera al menos compensado
su esfuerzo.
Entre un obsequio de Costanzo, la flagrante debilidad
a balón parado del equipo y un exceso de conservadurismo
final se filtró la esperanza de asomar la cabeza
en la Liga. Dos ventajas adquiridas a golpe de claridad
ofensiva se dejaron marchar por la peor de las vías,
la de un equipo carente de solidez y otra sustitución,
nuevamente la de Blago por Bodipo, que desorientó
más que ayudó al cambiar de sistema. Nueva
derrota, un punto de nueve en tres partidos y la condena
a una situación que comienza a ser crítica
a falta de doce encuentros.
El Alavés post-Oliva se ha quedado en poca cosa.
Ni siquiera el mejor ataque de los cuadros que luchan
por la permanencia puede soportar errores de tal calibre
como los cometidos ayer ante el Villarreal. Ha perdido
el equipo vitoriano la fiabilidad necesaria para sostenerse
en el alambre. Se puede considerar normal caer en el Santiago
Bernabéu y El Madrigal, dos de los campos más
complicados de la categoría, pero bastante menos
comprensible una vez vistos el desarrollo de los duelos.
En Madrid, la escuadra albiazul se diluyó en diez
minutos y ayer desperdició su trabajo por falta
de concentración en acciones puntuales y un tramo
final de miedo, falta de contundencia y desorden táctico.
Gran parte del partido se jugó en cuarenta metros.
Con reducción de espacios, dos defensas adelantadas
y los delanteros en el filo del fuera de juego. Mientras
existió el cara a cara el Alavés martilleó
sin piedad la meta de Viera. Con pocas llegadas al área,
pero demoledoras. Astudillo y Juanito controlaban sin
apenas grietas la zona ancha, territorio natural de Riquelme,
y provocaban el atasco amarillo. A partir de ahí,
la movilidad de De Lucas y la pelea y calidad de Bodipo
y Aloisi rompían a un adversario sorprendido. Los
dos delanteros fabricaron el primer tanto y Juanito y
De Lucas, el segundo con una eficacia espectacular.
Un partido alocado
Entre uno y otro gol, eso sí, aparecieron los primeros
problemas. Cerró Riquelme el córner, Edu
Alonso se agachó en el primer palo ante lo que
pareció un grito del portero y Costanzo se tragó
la pelota. Resultó en cualquier caso la consecuencia
de los problemas alavesistas a balón parado. Ante
un adversario incapaz de atravesar las bandas albiazules,
salvo en un par de cambios de orientación medidos
hacia Forlán, las faltas y córners en un
campo muy estrecho se convertían en un suplicio.
Un manojo de nervios el otras veces seguro Costanzo; un
sistema defensivo demasiado poroso.
Alocado y sin control, el primer periodo se cerró
con el 1-3 en las botas de De Lucas, que esta vez se adornó
sin motivo sin resultado. Y la constatación de
la inexplicable ausencia de Nene, que perdía balones
a un ritmo de récord. Tan evidente era su tarde
de Carnaval atrasada que los técnicos optaron en
el descanso por dar el disfraz de interior zurdo a Lacen.
Fue el primer y único movimiento sensato del dúo
Piterman-Luna.
El Alavés se reforzó en la parcela defensiva
y sometió a un Villarreal que no había dejado
nada en el banquillo: Riquelme, Senna, Forlán y
toda la artillería de Pellegrini sobre el césped.
Con una posesión de balón abrumadora -cerca
del 70%-, pero sin profundidad ante una zaga sólida,
donde Gaspar no desentonó pese a sus tres meses
de ausencia en el once inicial. De nuevo aferrado a los
córners, donde volvió a naufragar el Alavés.
Toque de Franco en el área ante tres albiazules
y remate final de Riquelme sin oposición.
Cambio de Bodipo
Empató el argentino un minuto después de
que Bodipo dejase el terreno de juego con malos modos
por una sustitución repetida ante el Racing y que
volvió a desestabilizar al equipo. Más allá
del tanto de Riquelme, sólo atribuible a otra falta
de concentración colectiva, el Alavés volvió
a penar cuando Pellegrini cambió las fichas y situó
a Franco y Font sobre el campo. La respuesta fue el 4-2-3-1
alavesista, con De Lucas de media punta y Blago por la
derecha.
Los problemas llegaron por la izquierda. Font se asoció
con Javi Venta para explotar el filón de la banda.
Coromina, sin apenas ayuda, se vio en inferioridad. Y
por ahí llegaron las internadas y finalmente el
centro del gol, con Franco otra vez libre de marca. Un
cúmulo de regalos, que la posterior entrada a deshora
de Jandro no pudo remediar. Otra vez en el diván,
el Alavés necesita un buen psicoanalista. A poco
más de dos meses para el final se siente otra vez
superado por las circunstancias. En una situación
límite. |
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