Alavés
y Mallorca sellan el empate sin goles en un partido pésimo
y de nulo acierto en el remate y mantienen su pugna por
la permanencia.
Ante la sensación generalizada en
la zona caliente de que perder ante un rival directo es
una irremisible condena al descenso, Alavés y Mallorca
hicieron ayer lo justo para empatar. En el aspecto futbolístico,
el punto fue más bien de justicia ordinaria, de llevar
a los dos equipos ante los fiscales deportivos que deberían
velar por el espectáculo. En el ámbito clasificatorio,
un dejarlo todo para el final, una especie de desafío
entre ambos: a los dos nos vale, quedan cinco jornadas,
parecían decir técnicos y jugadores, empeñados
en reducir riesgos.
El Alavés,
atenazado por la responsabilidad, ha perdido frescura
y quizás ése sea ahora su problema lejos
de Mendizorroza. Se presentó en Son Moix como un
equipo de perfil bajo, sin más ambición
que retener el empate inicial y buscar un contragolpe
afortunado. Cerca de una hora permaneció -los primeros
veinte minutos y los cuarenta siguientes al descanso-
sin hilvanar acciones siquiera de peligro. Sostenido por
un sistema defensivo austero, pero con graves problemas
para presentarse en el área contraria. Sin juego,
en realidad, más allá de un par de acciones
de lucidez de De Lucas y Mena en los tramos finales de
cada parte. Claro que el Mallorca, despedido en medio
de una gran pitada, tampoco está para dispendios.
Escasas ocasiones
Pocas veces
un partido con dos delanteros natos por equipo -Pisculichi
y Arango; Bodipo y Aloisi- ha dado para tan poco en las
áreas. Todos ellos abandonados a su suerte, sin
más apoyo que su pelea y habilidad. Prácticamente
tapiadas las bandas por ambas partes, era cuestión
de buscar el espacio entre los ladrillos. Difícil
tarea.
El Alavés
se había plantado sobre el césped sin sorpresas.
Con Gaspar de nuevo formando dúo de centrales con
Sarriegi y Juanito finalmente en el doble pivote con Carpintero
en el banquillo. Realmente, el equipo vitoriano compareció
en Son Moix después de 25 minutos. Hasta ese momento
cedió la iniciativa al Mallorca sin ser capaz siquiera
de superar el centro del campo con la pelota controlada.
El plantel de Manzano sujetaba a Nene y De Lucas y cerraba
todas las vías de ataque. Astudilllo y Juanito
apenas intervenían en la construcción.
Irritado ya
Son Moix con un conjunto bermellón que descorchó
el partido con ímpetu y se diluyó después,
el Alavés gozó por fin de cierto manejo
del balón. Y en la única pelota que Bodipo
recibió en condiciones, aunque forzado, Prats tapó
su remate. Dejó el cuadro vitoriano, no obstante,
la sensación de que una mínima lucidez le
abrió las puertas del triunfo.
Cambios para
amarrar
Resultó
un espejismo. Piterman, que comenzó la Liga acumulando
delanteros en el once, se ha convertido ya, por pura obligación,
a la fe defensiva. Retiró pronto a De Lucas para
dar entrada a Carpintero y formó una especie de
trivote, con Astudillo prácticamente por la banda
derecha para taponar a un Mallorca que, en la misma línea,
tiraba sin disimulo del contragolpe como única
arma eficaz para alterar el guión.
Claro que el
caso albiazul, una vez más, fue digno de estudio.
A la mayúscula sorpresa -más bien ilógica
deportiva- de dejar a Jandro fuera de la convocatoria
se unió después el castigo a Rubén
Navarro. Tras cuajar ante Osasuna una media hora final
notable, calentó durante casi toda la segunda parte
sin saltar al césped. Vamos, lo que se dice aprovechar
el momento de los jugadores.
A cambio dio
entrada a Mena, olvidado durante meses y que pese a ello
en apenas quince minutos demostró que su ostracismo
para dar minutos a Blago en los últimos partidos
es otra incoherencia. El toledano estuvo cerca de liquidar
el partido en los cinco minutos finales tras un gran envió
desaprovechado por Elton -el Alavés acabó
con cuatro medios centros- y una llegada donde no atinó
con la portería.
Fue en un final
de máxima tensión que no hizo desaparecer,
en cualquier caso, la sensación de que el Alavés,
por sus méritos, se llevó un punto y no
perdió dos. Y es que en diez minutos de letargo
dejó al Mallorca hasta tres claras opciones para
sentenciar. Entre Tuni, Pereyra, que topó con el
larguero, y Okubo absolvieron a los albiazules.
A cinco encuentros
para la conclusión del campeonato, el Alavés
se mantiene en equilibrio sobre la cuerda floja. Tan cerca
de un final venturoso como de una brutal caída
al precipicio.