Los dos presidentes
más carismáticos en la historia del Alavés,
Gonzalo Antón y el fallecido Juan Arregui -éste
a través de sus herederos- se alinearon ayer del lado de
los pequeños accionistas para, de alguna manera, mostrar
su rechazo conjunto a la gestión impopular de Dmitry Piterman.
El gesto de Antón y la familia de Arregui al participar
con sus títulos -3.562- en la asamblea general extraordinaria
sirvió para que por primera vez Piterman recogiera el sentir
de la otra mitad del accionariado, que le reclama un cambio de
rumbo en su errática manera de dirigir la casa albiazul
o, si no, su salida inmediata de ella.
Elocuente
fue su sorpresa y la de los miembros que le acompañaban
al frente de la junta -el vicepresidente José Nereo Ruiz,
el abogado Enrique Pérez y el notario Enrique Arana- cuando
recibió los datos de accionistas representados en la sala
y comprobó que había muchos más de los que
contaba -13.587 acciones, un 75,71% del total-. El letrado vitoriano
José Rojo llevó los títulos de los dos ex
presidentes y, aunque no tomó la palabra en ningún
momento de la cita, sí expresó con su voto la posición
de sus representados en contra de Piterman. Significativo.
Una vez más,
la mayoría absoluta del ucraniano, propietario del 51%
del capital social del Alavés, le facultó para rechazar
la ampliación del número de consejeros, la aprobación
de una auditoría externa y la creación de un consejo
consultivo, puntos del orden del día de una junta forzada
hace dos meses por Sentimiento Albiazul al obtener la agrupación
del 7% del accionariado de la sociedad anónima deportiva.
Aunque Piterman salió relativamente airoso de la cita,
desde anoche conoce que los demás accionistas le reprochan
y tiene la prueba de que la oposición se organiza contra
él para en el futuro buscarle las cosquillas y forzarle
a contar con ella y no a despreciarla, como ha hecho hasta la
fecha. Ayer, el mandatario salvó el cónclave con
sus votos -el 67%- y la discrepancia del resto -33%-, unos márgenes
que se estrechan.
Por momentos,
Piterman estuvo calmado, en otros sonrió y en algunos más
se mostró indiferente a lo que le llegaba desde el auditorio.
Pero como siempre, el mandamás albiazul respondió
mayoritariamente con evasivas a las preguntas que le trasladaron
los accionistas, en especial Jesús María Díaz
de Cerio, Julián Lana y Javier Martínez. El presidente
rechazó ampliar el consejo de administración a siete
miembros -el actual es de tres-. También se negó
a encargar una auditoría ajena a la del Alavés y
ni siquiera aclaró cuál es su postura en torno a
la gestación de un consejo consultivo formado por accionistas,
socios, peñas y otros sectores albiazules.
Silencio
económico
Y ante la
insistencia de los asistentes a que desvelara en qué estado
económico se encuentra la entidad, Piterman sólo
acertó a decir que cuando compró el Alavés
hace dos años, éste arrastraba una deuda de «seis
millones y medio de euros». Ahora que se le acumulan las
denuncias y los impagos prefirió dar la callada por respuesta.
Una vez más, al pequeño propietario le quedó
la sensación de que la asamblea se redujo a una reunión
de vecinos. Pero queda otra lectura, muy relevante. Ayer, casi
el 25% del accionariado se agrupó contra Piterman, un primer
paso de actuaciones venideras de la corriente contraria a él.