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18 / 7/ 06
Antón y los herederos de Arregui se alinean con pequeños accionistas contra Piterman
 
El presidente del Alavés también salvó la asamblea extraordinaria,
pero por primera vez se topó con la oposición de la otra mitad del accionariado

Los dos presidentes más carismáticos en la historia del Alavés, Gonzalo Antón y el fallecido Juan Arregui -éste a través de sus herederos- se alinearon ayer del lado de los pequeños accionistas para, de alguna manera, mostrar su rechazo conjunto a la gestión impopular de Dmitry Piterman. El gesto de Antón y la familia de Arregui al participar con sus títulos -3.562- en la asamblea general extraordinaria sirvió para que por primera vez Piterman recogiera el sentir de la otra mitad del accionariado, que le reclama un cambio de rumbo en su errática manera de dirigir la casa albiazul o, si no, su salida inmediata de ella.

Elocuente fue su sorpresa y la de los miembros que le acompañaban al frente de la junta -el vicepresidente José Nereo Ruiz, el abogado Enrique Pérez y el notario Enrique Arana- cuando recibió los datos de accionistas representados en la sala y comprobó que había muchos más de los que contaba -13.587 acciones, un 75,71% del total-. El letrado vitoriano José Rojo llevó los títulos de los dos ex presidentes y, aunque no tomó la palabra en ningún momento de la cita, sí expresó con su voto la posición de sus representados en contra de Piterman. Significativo.

Una vez más, la mayoría absoluta del ucraniano, propietario del 51% del capital social del Alavés, le facultó para rechazar la ampliación del número de consejeros, la aprobación de una auditoría externa y la creación de un consejo consultivo, puntos del orden del día de una junta forzada hace dos meses por Sentimiento Albiazul al obtener la agrupación del 7% del accionariado de la sociedad anónima deportiva. Aunque Piterman salió relativamente airoso de la cita, desde anoche conoce que los demás accionistas le reprochan y tiene la prueba de que la oposición se organiza contra él para en el futuro buscarle las cosquillas y forzarle a contar con ella y no a despreciarla, como ha hecho hasta la fecha. Ayer, el mandatario salvó el cónclave con sus votos -el 67%- y la discrepancia del resto -33%-, unos márgenes que se estrechan.

Por momentos, Piterman estuvo calmado, en otros sonrió y en algunos más se mostró indiferente a lo que le llegaba desde el auditorio. Pero como siempre, el mandamás albiazul respondió mayoritariamente con evasivas a las preguntas que le trasladaron los accionistas, en especial Jesús María Díaz de Cerio, Julián Lana y Javier Martínez. El presidente rechazó ampliar el consejo de administración a siete miembros -el actual es de tres-. También se negó a encargar una auditoría ajena a la del Alavés y ni siquiera aclaró cuál es su postura en torno a la gestación de un consejo consultivo formado por accionistas, socios, peñas y otros sectores albiazules.

Silencio económico

Y ante la insistencia de los asistentes a que desvelara en qué estado económico se encuentra la entidad, Piterman sólo acertó a decir que cuando compró el Alavés hace dos años, éste arrastraba una deuda de «seis millones y medio de euros». Ahora que se le acumulan las denuncias y los impagos prefirió dar la callada por respuesta. Una vez más, al pequeño propietario le quedó la sensación de que la asamblea se redujo a una reunión de vecinos. Pero queda otra lectura, muy relevante. Ayer, casi el 25% del accionariado se agrupó contra Piterman, un primer paso de actuaciones venideras de la corriente contraria a él.

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