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21 / 9 / 06
El Alavés se gana otra ronda
 

El cuadro albiazul brilla en una notable primera parte y sufre hasta el final para asegurar la clasificación | Sólo dos titulares actuaron frente al Tenerife

El Alavés se ganó ayer otra ronda copera en el complicado Heliodoro Rodríguez López. Con oportunidad generalizada para los teóricos suplentes y una respuesta más que positiva. Momentos de solidez precedieron a otros de auténtica brillantez que en el último tramo tornaron en angustia. Hasta el límite absoluto cuando Pape Thiaw desperdició un penalti en el último minuto y el Tenerife soñó con la igualada.

Había nacido el partido como una auténtica aventura para los intereses alavesistas. Con sólo dos titulares -Casar y Carpintero- respecto al último duelo liguero en Vecindario y pleno en el campo de los cinco jugadores que hasta ayer no habían disputado un minuto: Ardouin, Ian Uranga, Carreras, Gabri y Pape Thiaw. En estas condiciones, sacrificada parte de la competitividad y con un nutrido grupo de futbolistas fuera de ritmo, calibrar a priori el rendimiento del Alavés era una auténtica quimera. El Tenerife, con cinco titulares y seis suplentes, parecía otorgar una mayor dosis de trascendencia al torneo copero. Tampoco excesiva, al menos esa era la lectura que ofrecía la alineación de Krauss.

Las intenciones resultaron claras desde el inicio. Dispuesto el Tenerife a llevar la iniciativa y al buen trato del balón; el Alavés en su habitual pose de depredador. A la espera de cazar el contragolpe y sin la más mínima prisa, con toque y más toque de balón entre centrocampistas y defensas, casi siempre en horizontal. Un sistema conservador, pero en el que apenas existían fisuras. Ardouin se estrenaba sin sobresaltos, más allá de un apurado despeje de puños.

Minutos de calidad

Pero el tedioso equilibrio de fuerzas se rompió por accidente. Thiaw no acertó con la portería en una clarísima oportunidad tras el primer acercamiento albiazul, pero en un córner cerrado al primer palo por Rubén Navarro, Culebras y Blanco fabricaron un autogol. Tras el golpe de fortuna, llegó el mazazo de autoridad. Un Alavés suelto y con facilidad para la combinación se adueñó del partido. Solvencia y buen gusto para unos minutos excelentes. Triangulaciones y llegada.

Así, pura seda, se fabricó el segundo tanto. Una acción trenzada que en el tramo final Rubén Navarro elevó a imaginación con un pase de 24 kilates que la determinación de Gabri convirtió en gol. Aplausos en el Heliodoro Rodríguez López. Para un Alavés que sostenían con eficacia Gaspar y Casar en el eje de la zaga, donde Lacen brillaba por su trabajo y recorrido, y también donde los jóvenes Gabri -gran partido- y Uranga se acoplaban sin dificultades a la exigencia.

Tras el descanso el Tenerife ganó en agresividad y se lanzó a un ataque sin miramientos. Con gran acumulación de futbolistas en campo contrario y múltiples huecos en defensa. Y el partido quedó en el alambre. Con sucesivas llegadas a las dos áreas y escaso control. Navarro y Gentil rozaron el 0-3, pero el conjunto isleño esta vez sí rompía el sistema defensivo albiazul . Hasta que en una de sus repetidas llegadas y al borde del fuera de juego, Raúl acertó con la portería alavesista.

Sin control

El partido, en contra de los intereses vitorianos, continuaba sin control. Tan factible era el 1-3, que pudo llegar en cualquier momento, como el 2-2 que Ardouin salvó en una gran intervención frente a Raúl. Y la angustia no cesó hasta el final. Ni la entrada de Astudillo, Wesley y Arthuro sirvió para evitar un ritmo frenético y permanentes acercamientos al área.

Tampoco llegó la tranquilidad en la mejor ocasión. Un penalti forzado que Pape Thiaw lanzó contra el cuerpo de Bernardo. Auténtica angustia para cerrar una clasificación, pese a todo, más que merecida.

f.r.esquide@diario-elcorreo.com