Una semana más, el Alavés permanece estancado, pero
en una situación que amenaza ya con convertirse en natural
durante esta temporada. Entre múltiples lagunas futbolísticas
y reacciones sin gol, como la de ayer tras el descanso, transcurre
el día a día de un equipo que transmite desazón
e impotencia a partes iguales. Tras cinco jornadas sin ganar y otra
salida al césped de Mendizorroza sin el más mínimo
orden ni tensión. A cambio y durante casi 45 minutos recibió
un repaso por parte de un Sporting rebosante de entusiasmo y entrega
y donde el trabajo táctico alumbra la presión metódica
y asfixiante de un verdadero bloque. El mejor que ha pasado por
Mendizorroza, más allá de que su escasa pegada aliviara
el desconcierto local.
La enésima recontrucción
desde el banquillo alavesista tampoco cuajó. La baja de
última hora de Jandro -con fiebre- llevó a Cos y
Piterman a decantarse por Thiago Gentil. El brasileño comenzó
por la derecha, De Lucas por la izquierda y Ogbeche y Aloisi como
pareja ofensiva. Quizás, el único relevo que funcionó
fue el debutante Porato. Salvó un remate muy claro de Pedro
en el inicio de la segunda mitad y, más allá de
eso, ofreció siempre sensación de seguridad.
Claro que los problemas
alavesistas en el primer tercio de competición -ayer se
cumplió- son más estructurales que nominales. Aunque
los técnicos le den más y más vueltas a la
alineación inicial en el fondo aparecen las deficiencias
de casi siempre. Adversarios mejor colocados, más sacrificados
y que, sin demasiados problemas, reducen a la nada los intentos
de desbordar al rival a través de sus individualidades.
Abrumado en el inicio
Ayer, el Sporting,
algo más que un adversario al uso en la categoría,
abrumó de salida. Se metió directamente en el campo
vitoriano y presionó al límite en busca de recuperar
el balón en posiciones de peligro. Y el Alavés cayó
una y otra vez en la trampa, sin capacidad para circular la pelota
con velocidad ni realizar cambios de orientación largos
que desestabilizaran a un rival muy cómodo. En estas circunstancias,
apenas la pelea aportada por Astudillo y Lacen, así como
la solvencia de los centrales sostenían al equipo, desamparado
y sin norte.
Y el Alavés
encaró el túnel de vestuarios pidiendo la hora.
Ni un solo disparo a puerta en 45 minutos -el primero llegó
en el 77 por parte de De Lucas- y todo el ataque albiazul escaso
de balones e impreciso hasta el límite.
De
nuevo al final
Como la tradición
de convertir la primera mitad en una invitación al adversario
se repite cada quince días -la anterior frente al Albacete-,
parece que también toma forma la obligada reacción.
Entre la lógica bajada de tensión del Sporting después
de una primera mitad frenética, y la vergüenza torera
de un equipo que necesitaba los puntos, se fraguó al menos
otro partido.
Astudillo y Lacen volvieron
a multiplicarse para tratar de hacer frente al Sporting y la entrada
de Gabri por un desafortunado Thiago Gentil dio al equipo un perfil
más físico, una de las necesidades para medirse
a un rival sobrado de empuje. Claro que las imprecisiones en la
parcela ofensiva -Ogbeche y De Lucas volvieron a errar en exceso-
coartan también a este Alavés. Tan fácil
era para el equipo dos temporadas atrás llegar al área
rival y hacer gol como complicado lo es en esta.
El Sporting, más
perfilado para el contragolpe, amagaba en ocasiones. El conjunto
albiazul trataba de llegar por cualquier método. Al menos
evitó la penosa imagen de impotencia y el duelo cambió
hacia un intercambio de golpes en acciones aisladas. Porato se
lució ante Pedro primero y después el Alavés
tampoco acertó. De Lucas en una volea y Gabri en un gran
disparo final toparon con las intervenciones del guardameta Roberto.
Fue más bien
el sueño de un triunfo lo que sobrevoló Mendizorroza,
después de un partido donde las certezas llegaron por parte
sportinguista. Punto y seguido a la indefinición albiazul,
a la falta de resultados y a la sensación de que cada vez
está más lejos la posibilidad de remontar.