Pelotas
de tenis y un nuevo éxodo restan protagonismo al fútbol
ante el Barcelona
El acoso de la afición albiazul sobre la figura de Dmitry
Piterman sigue adelante y Mendizorroza vivió ayer un nuevo
episodio del asedio al ucraniano, esta vez en el palco, recrudecido
por momentos. Un nuevo traslado de grada y muchos gritos y cánticos
volvieron a dejar patente el creciente hartazgo de la parroquia
alavesista, una muestra empañada por algunos incidentes.
El más grave, el del extintor.
Este
altercado llevó la tensión y el desconcierto a la
grada. Entre las consecuencias más negativas, las que sufre
la propia afición; muchos niños tuvieron que ser evacuados
por sus padres en previsión de incidentes mayores que, afortunadamente,
no se produjeron. Pero este nuevo incidente, procedente de un solo
individuo, volvió a empañar una protesta cada vez
más masiva.
Voces
de todas las edades se unieron una vez más en contra de Piterman.
La primera parte había sido salpicada de los habituales cánticos
en su contra, pero dentro de la tranquilidad, y la segunda transcurría
por los mismos derroteros hasta el minuto 17. Varias pelotas de
tenis cayeron al terreno de juego -fueron desalojadas por el portero
blaugrana, Jorquera- y supusieron el pistoletazo de salida a una
nueva movilización de la afición albiazul.
Fabri
«marioneta»
Esta
vez, a la inversa. La presencia de guardias de seguridad y dotaciones
de la Ertzaintza motivaron el camino por Preferencia y Cervantes
en lugar de coger el trayecto directo habitual. El último
escollo desembocó en el incidente del extintor, pero para
entonces, con los policías 'distraídos', el salto
desde Polideportivo se repitió una vez más para desembocar
en una concentración masiva delante del palco, con el partido
en segundo plano, para decirle las cosas a la cara a Dmitry Piterman.
Los
gritos de «cobarde» fueron los más
audibles mientras el dirigente albiazul aguantaba estoicamente con
gesto serio hasta el minuto 90. Protegían el palco ocho ertzainas,
pero no hubo que recurrir a la fuerza, ya que en ese escenario nadie
se saltó el guión de la protesta, secundada por jóvenes
y mayores, por la mayoría de aficionados albiazules y por
los que llevaban bufanda del Barcelona.
No
se salvaron Fabri, nueva «marioneta» en voz de la afición,
Pepe Nereo ni Gonzalo Antón, al que se le volvió a
tachar de «pesetero». Y llegó a planear por la
grada el fantasma de la invasión de campo, pero no llegó
a producirse. Se volvió al camino civilizado.
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Alrededor
de unos 50 aficionados intentaron despistar a la PoliciaVasca, primero
se asentaron pasando desde Fondo Polideportivo hacia la Tribuna
Preferente del coliseo albiazul, todo daba a entender que los aficionados
se iban a quedar ahí, pero prosiguieron por Fondo de Seguridad,
Cervantes y los incidentes llegaron cuando la valla estaba cerrada
con candado, la cual separa Cervantes y la antigua "General",
e intentaron abrirla y se encontraron con la Ertzaintza. Uno de
los aficionados cogió un extintor del campo y roció
toda esa zona del campo levantando una nube de humo blanco y obligando
a los espectadores de esa zona a cambirse de sitio, la valla se
abrió cuando se lanzó el extintor al aire y pudieron
pasar esos 50 aficionados mientras los alavesista presentes en Fondo
Polideportivo pasaban directamente a la "General".
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