Piterman
rompe con Fabri horas antes del partido por la alineación
de Arthuro, el técnico se sienta en el banquillo pero no
entra en el vestuario y finalmente escenifican un acuerdo para
continuar.
Volvió Dmitry Piterman al banquillo de Mendizorroza y quiso
hacerlo como entrenador. El oficial, Fabri González, se
había quedado unas horas antes sin cargo. O al menos ese
fue el mensaje que recibió el técnico gallego cuando
la expedición alavesista se concentró en un hotel
a la espera del partido ante el Vecindario. Las discrepancias
sobre la alineación de Arthuro, impuesto en el once inicial
por el presidente, como ya adelantó este periódico
el viernes, explotaron en plena jornada dominical, cuando nada
debe descentrar a un colectivo de futbolistas. Enésimo
esperpento del máximo accionista, parcheado tras el duelo
con explicaciones inexplicables por ambas partes.
En el fondo
de la cuestión anidan, una vez más, las diferencias
de criterio entre un entrenador y un 'alineador'. A pesar de asumir
tras su llegada al club la «filosofía» del
presidente albiazul y declararse como un simple «empleado»,
a Fabri le ha tocado esta semana lidiar con el verdadero Piterman.
No el que le ha concedido autonomía durante los primeros
partidos, donde ha podido repetir prácticamente las alineaciones,
y sí el que cree conocer todas las respuestas deportivas
y empresariales. También el que puede resultar verbalmente
tan pesado en privado como en sus comparecencias públicas.
Hasta llegar al conocido consenso o forzar una ruptura.
Así
sucedió ayer. Piterman se empeñó en su decisión
de alinear a Arthuro, que engloba también una promoción
general de los futbolistas brasileños de la plantilla,
incluidos Elton y Wellington Paulista. Esa cuestión deportivo-económica
que, vista la trayectoria albiazul hacia la nada clasificatoria,
parece ser ahora una de las prioridades del presidente. Fabri,
más receptivo a la presencia en el equipo de Rubén
Navarro e incluso Aloisi, se encontraba en otra onda. Más
aún cuando durante la semana el presidente alavesista sólo
se presentó en un entrenamiento y ni siquiera siguió
la evolución de los futbolistas en las sesiones preparatorias.
Comunicación
verbal
Después
de hablar ayer de este y otros temas, Piterman anunció
al técnico que no iba a continuar como entrenador. Aún
restaban varias horas para el partido ante el Vecindario. Se plantearon
en ese momento varias dudas. Sin embargo, el máximo accionista
trató de zanjarlas con rapidez. La primera, sugiriendo
a Fabri que si no acudía a su puesto en el banquillo podría
tener problemas para cobrar su contrato.
Una hora antes
del encuentro, el propio técnico confirmaba que existían
problemas internos y se sentía «apartado» de
la disciplina del club. Que se encontraba en Mendizorroza debido
a que aún no había recibido ninguna comunicación
escrita de su destitución y que su ausencia podría
conllevar una sanción disciplinaria por parte del club.
Sus actos
en el Paseo de Cervantes corroboraban esta caótica situación.
El técnico gallego ni siquiera entró en el vestuario
alavesista, al menos antes del partido. Tampoco apareció
por el césped para seguir el calentamiento del conjunto
vitoriano. Mientras Piterman se dejaba ver sonriente, Fabri aguardaba
en el túnel de vestuarios. Simplemente, se creía
fuera del Alavés y obligado a cumplir con el 'papelón'
por una cuestión puramente económica. El caso se
remataba dentro de la caseta con una charla técnica ofrecida
por el presidente albiazul ante una plantilla estupefacta. El
máximo accionista apelaba de nuevo a aquello de esperar
atrás para sacar el contragolpe. Es decir, el soniquete
de siempre, tampoco alterado ante la visita del colista a Mendizorroza.
Cambio
de opinión
La actitud
resignada de Fabri se extendió durante todo el duelo. Se
situó en el banquillo lo más lejos posible de Piterman.
Es decir, con Edu Carrera, Alberto Garmendia y Tasio -el resto
del cuerpo técnico- como separación. Apenas mostró
sus sentimientos con los goles y, al contrario que en el resto
de los partidos, en ningún instante dejó su asiento
para arengar a los futbolistas.
Al finalizar
el encuentro llegaron nuevas sorpresas. Primero, con una larga
espera por parte de los periodistas para conocer quién
era el encargado de comparecer en la sala de prensa de Mendizorroza
por parte alavesista. Después, cuando primero Piterman
y más tarde Fabri comenzaron a articular todo tipo de explicaciones
para parchear en lo posible la situación. Al presidente
albiazul, todo un especialista ya en este tipo de acontecimientos,
apenas le costó trabajo volver al discurso habitual.
Es decir,
a recordar de forma clara que sólo a él le corresponde
tomar decisiones en el capítulo deportivo si lo cree conveniente.
A su juicio, los tres últimos resultados negativos -un
punto de nueve- le obligaban en esta ocasión a tomar las
riendas. Una situación que a principio de temporada provocó
la salida del técnico Julio Bañuelos tras una escenificación
de acuerdo mutuo y que, en esta oportunidad, se saldó con
la aún más difícil de digerir continuidad
de Fabri.
El técnico
gallego apeló ante los medios de comunicación a
todo tipo de giros lingüísticos para evitar una explicación
clara de lo sucedido. La realidad es que su autoridad, antes escasa,
parece ahora nula ante la plantilla.