«Si
no puedo trabajar no pinto nada aquí», justifica
el técnico gallego tras presentar su dimisión |
Afirma que no dejó antes el equipo «por prudencia»
Fabri
González descansó ayer después de diez días
de tortura psicológica.Se acabaron las intempestivas, reiteradas
y surrealistas llamadas del presidente al móvil, las imposiciones
en la alineación, el menosprecio a su labor en los entrenamientos,
su desencajada y solitaria imagen en el banquillo en los dos últimos
partidos... La renuncia era cuestión de horas, como adelantó
ayer EL CORREO, y el técnico gallego presentó su
dimisión poco después de las diez y media de la
mañana en Mendizorroza. No llegó siquiera a estar
presente en la sesión preparatoria, salvo para despedirse
de los jugadores. Ya por la tarde, manifestó su alivio.
«He estado jodido y mal en el aspecto personal y esto es
una liberación indiscutible. Ahora me siento feliz»,
subrayó.
Sin entrar
en detalles pero con sinceridad, Fabri aludió a los motivos
que han precipitado su marcha del Alavés. Se refirió
entonces al partido ante el Vecindario, que supuso su cese por
horas y posterior readmisión, como «punto de inflexión»
en su labor diaria. Hasta entonces, apuntó, pudo desarrollar
su trabajo «por los cauces normales». A partir de
ahí, todo lo contrario. «No tenía esa libertad
ni participación directa y si no puedo trabajar, no pinto
nada aquí», destacó. En realidad, el detonante
de su dimisión fue la imposición del brasileño
Arthuro en la alineación ante el equipo canario.
Sobre el margen
de diez días que ha transcurrido desde la primera desautorización
grave de Piterman hasta su renuncia al puesto, Fabri explicó
que se ha tratado de un periodo donde ha preferido apelar a la
«prudencia». En su opinión, continuar en el
cargo tras el partido con el Vecindario ha sido una medida «beneficiosa
para el equipo. Después ha llegado un momento en el que
no había más que hacer».
«Engañarte
un poco»
El técnico
gallego insistió, como ya dijo en su presentación
en Vitoria, que conocía la «filosofía»
del club. Es decir, las injerencias de Piterman en determinadas
ocasiones. Sin embargo, admitió que hasta vivir el día
a día desde dentro no ha sido «totalmente consciente»
de hasta dónde llega su mano en todos los aspectos. «Quizás
tu propia ilusión por coger un equipo como el Alavés
te hace engañarte un poco, aunque no me arrepiento de haber
venido», precisó. Eso sí, cuestionado sobre
el trato humano recibido por el presidente, afirmó que
en estos días ha sido «mecánico» hasta
«coartar» sus «sentimientos».
Fabri explicó
también que su permanencia en el club en las últimas
semanas «no ha respondido a una cuestión económica».
En este sentido, apuntó que sólo ha cobrado hasta
el mes de febrero que ayer concluyó, sin tratar de hacer
valer otros derechos. «Si me voy el día del Vecindario
podía haber exigido todo el contrato y a lo mejor incluso
ahora» -matizó- «tenía motivos para
hacer otro tipo de cosas, pero no he venido a prestar el carné».
El técnico admitió, incluso, que una continuidad
en el club en las condiciones de los últimos días
hubiera supuesto «pan para hoy y hambre para mañana».
Es decir, un deterioro de su caché profesional después
de veinte años en los banquillos.
Enfado
del presidente
La decisión
de Fabri de abandonar el banquillo alavesista provocó ayer
el enfado del presidente albiazul, según pudo confirmar
este periódico de fuente solventes. Piterman consideraba
que tras la llegada del técnico gallego y sus posteriores
discrepancias todo había quedado claro. Vamos, que podía
ningunear al entrenador sin efectos secundarios. Ahora se ve con
un nuevo problema para rellenar el banquillo con otro carné.
La marcha
de Fabri constituye la salida del sexto técnico en la era
del dirigente ucraniano. Cos, Monfort, Oliva, Mario Luna y Bañuelos
fueron sus predecesores en el cargo. Además, si Piterman
decide contratar a otro preparador igualará su récord
en una temporada. El de sentar a cuatro inquilinos en el banquillo
de su propiedad.