.
 
 

 

26/5/ 07
Un batacazo mayúsculo
 
Dos graves errores defensivos permiten a el Las Palmas remontar en otro mal partido y dejan al Alavés en puestos de descenso

Después de otro partido plano se antojaba un punto y seguido, el del empate, y llegaron los dos puntos de más. Para Las Palmas. Otro crujido albiazul a balón parado que, en el minuto 89, trasladó a Mendizorroza el eco de la zozobra, del miedo, del pavor. Mayúsculo batacazo en un partido determinante. Semana de llamamiento generalizado al alavesismo que malgastó el Alavés. De tanto rodar y rodar el cuadro vitoriano se precipita al abismo. A seis jornadas para el final se abrasa ya en los puestos de descenso. Y lo que es peor en este sprint por la supervivencia, ni física, ni futbolísticamente apunta a la recuperación. Cuando se requieren todas las fuerzas para el sprint, apenas le da la equipo albiazul para mantener con voluntad un mínimo orden, que ayer se filtró por las determinantes humedades defensivas. Son ya diez jornadas consecutivas sin conocer el triunfo.

Ni con 1-0

Ni en las mejores condiciones es capaz de sostenerse el Alavés. Es la conclusión después de que el tanto de De Lucas en la primera aproximación albiazul pareciese redimir al equipo. Para cualquiera de los equipos implicados en la batalla por la permanencia, un gol es un tesoro de valor incalculable. Para el cuadro vitoriano, atenazado por la situación, un motivo de nerviosismo. Sesenta segundos después del 1-0, Las Palmas rozó el empate.

De inicio, el partido se presentaba espeso. Bajo un aguacero y la frialdad de las gradas albiazules. Con Aloisi fuera de combate por una lesión y Toni Moral en el banquillo, el 4-1-4-1 de Quique Yagüe era prácticamente una réplica de las alineaciones utilizadas a domicilio. Con Jandro sin presencia entre líneas, al Alavés apenas le quedaron De Lucas y Ángel, ambos un punto por encima del resto, para intentar crear fútbol. Con el 1-0 ni siquiera parecía necesario esmerarse. Bastaba con ofrecer cierta consistencia ante un adversario que tocaba con solvencia pero apenas aparecía por el área.

Pero todo se quebró de pronto. En una acción para olvidar. Pablo Casar, con molestias físicas durante toda la semana y que ayer perpetró la peor primera parte de su etapa albiazul, cedió ante el Pichichi de la categoría. Marcos Márquez se anticipó en una pelota aérea, la bajó en el área y marcó con una pasmosa suficiencia. La efectividad albiazul, hizo un gol en su única ocasión de una pésima primera parte, quedó contrarrestada. Sudor frío.

Mejora sin profundidad

El paso por el vestuario provocó al menos una mejora colectiva en el cuadro vitoriano. Y no precisamente por la entrada de Wellington, perdido por completo en la banda derecha. El Alavés apretó sus líneas, recuperó más cerca de la portería contraria y volvió a encomendarse a la sociedad entre De Lucas y Ángel. El catalán, incisivo y después sustituido sin explicación, puso el balón del partido. Sobre la cabeza de Arthuro, que con toda la portería para él remató fuera.

Ahí se acabó la profundidad albiazul ante un Las Palmas que gozó de otra ocasión clara en las botas de Márquez, ya con Ardouin en el césped por la lesión de Porato, y después de dedicó a guardar el empate sin demasiadas pretensiones. El Alavés ganaba terreno y poco más. Tampoco ayudó Yagüe con la sustitución de De Lucas, el más entonado, que fue silbada desde la grada. Entró Toni Moral el último cuarto de hora, pero el cuadro vitoriano apenas inquietaba.

Era ya un empate claro. Otro de esos puntos que, dadas las circunstancias, tampoco desagradaba a los contendientes. Y en dos minutos marcó el Real Madrid B en Valdebebas y Las Palmas en Mendizorroza. Este último gol después de una falta mal defendida. Ni la zaga ni Ardouin sacaron un balón cerrado por Castillo que Trashorras aprovechó.

Punto final al coqueteo con los puestos de descenso para dar inicio a una peligrosísima relación formal. Difícil era, como se ha demostrado pese a la pésima temporada, caer entre los cuatro últimos clasificados. Pero ahora, el Alavés es la referencia para todos su rivales y el que se ve obligado a sacar puntos para asomar la cabeza. Una carga anímica que añadir a sus graves problemas