Dos graves errores defensivos permiten a el Las Palmas remontar
en otro mal partido y dejan al Alavés en puestos de descenso
Después de otro partido plano se antojaba un punto y seguido,
el del empate, y llegaron los dos puntos de más. Para Las
Palmas. Otro crujido albiazul a balón parado que, en el minuto
89, trasladó a Mendizorroza el eco de la zozobra, del miedo,
del pavor. Mayúsculo batacazo en un partido determinante.
Semana de llamamiento generalizado al alavesismo que malgastó
el Alavés. De tanto rodar y rodar el cuadro vitoriano se
precipita al abismo. A seis jornadas para el final se abrasa ya
en los puestos de descenso. Y lo que es peor en este sprint por
la supervivencia, ni física, ni futbolísticamente
apunta a la recuperación. Cuando se requieren todas las fuerzas
para el sprint, apenas le da la equipo albiazul para mantener con
voluntad un mínimo orden, que ayer se filtró por las
determinantes humedades defensivas. Son ya diez jornadas consecutivas
sin conocer el triunfo.
Ni
con 1-0
Ni en las
mejores condiciones es capaz de sostenerse el Alavés. Es
la conclusión después de que el tanto de De Lucas
en la primera aproximación albiazul pareciese redimir al
equipo. Para cualquiera de los equipos implicados en la batalla
por la permanencia, un gol es un tesoro de valor incalculable.
Para el cuadro vitoriano, atenazado por la situación, un
motivo de nerviosismo. Sesenta segundos después del 1-0,
Las Palmas rozó el empate.
De inicio,
el partido se presentaba espeso. Bajo un aguacero y la frialdad
de las gradas albiazules. Con Aloisi fuera de combate por una
lesión y Toni Moral en el banquillo, el 4-1-4-1 de Quique
Yagüe era prácticamente una réplica de las
alineaciones utilizadas a domicilio. Con Jandro sin presencia
entre líneas, al Alavés apenas le quedaron De Lucas
y Ángel, ambos un punto por encima del resto, para intentar
crear fútbol. Con el 1-0 ni siquiera parecía necesario
esmerarse. Bastaba con ofrecer cierta consistencia ante un adversario
que tocaba con solvencia pero apenas aparecía por el área.
Pero todo
se quebró de pronto. En una acción para olvidar.
Pablo Casar, con molestias físicas durante toda la semana
y que ayer perpetró la peor primera parte de su etapa albiazul,
cedió ante el Pichichi de la categoría. Marcos Márquez
se anticipó en una pelota aérea, la bajó
en el área y marcó con una pasmosa suficiencia.
La efectividad albiazul, hizo un gol en su única ocasión
de una pésima primera parte, quedó contrarrestada.
Sudor frío.
Mejora
sin profundidad
El paso por
el vestuario provocó al menos una mejora colectiva en el
cuadro vitoriano. Y no precisamente por la entrada de Wellington,
perdido por completo en la banda derecha. El Alavés apretó
sus líneas, recuperó más cerca de la portería
contraria y volvió a encomendarse a la sociedad entre De
Lucas y Ángel. El catalán, incisivo y después
sustituido sin explicación, puso el balón del partido.
Sobre la cabeza de Arthuro, que con toda la portería para
él remató fuera.
Ahí
se acabó la profundidad albiazul ante un Las Palmas que
gozó de otra ocasión clara en las botas de Márquez,
ya con Ardouin en el césped por la lesión de Porato,
y después de dedicó a guardar el empate sin demasiadas
pretensiones. El Alavés ganaba terreno y poco más.
Tampoco ayudó Yagüe con la sustitución de De
Lucas, el más entonado, que fue silbada desde la grada.
Entró Toni Moral el último cuarto de hora, pero
el cuadro vitoriano apenas inquietaba.
Era ya un
empate claro. Otro de esos puntos que, dadas las circunstancias,
tampoco desagradaba a los contendientes. Y en dos minutos marcó
el Real Madrid B en Valdebebas y Las Palmas en Mendizorroza. Este
último gol después de una falta mal defendida. Ni
la zaga ni Ardouin sacaron un balón cerrado por Castillo
que Trashorras aprovechó.
Punto final
al coqueteo con los puestos de descenso para dar inicio a una
peligrosísima relación formal. Difícil era,
como se ha demostrado pese a la pésima temporada, caer
entre los cuatro últimos clasificados. Pero ahora, el Alavés
es la referencia para todos su rivales y el que se ve obligado
a sacar puntos para asomar la cabeza. Una carga anímica
que añadir a sus graves problemas