.
 
 

17/6/ 07
La última protesta
 
Alrededor de 2.000 personas secundan la iniciativa de entrar tarde para exigir la marcha de Piterman, que no estuvo en el campo. El partido derivó en pitos y críticas hacia los jugadores.
 
El Deportivo Alavés salta al terreno de juego. Es el último partido de Liga, el día de la despedida, el adiós a una temporada desastrosa, casi cruel por momentos con el seguidor albiazul. La grada, una vez más, desangelada. Más de lo habitual. El club ya no se juega nada y no ha regalado entradas. No más de 1.500 personas reciben al equipo. Tibios aplausos. Y así arranca un partido en el que sólo los gritos de la hinchada rival -¿qué mérito el suyo!- impiden oír las voces de los jugadores sobre el césped. Fue la forma elegida por las peñas alavesistas para llevar a cabo su enésima protesta. La que confían que sea la última.

Alrededor de 2.000 personas secundaron la iniciativa de ocupar su localidad en el minuto 15 de partido para mostrar su desacuerdo con la gestión de Dmitry Piterman. Por si acaso el ucraniano, duro de mollera, no tenía claro aún que no es bienvenido en Vitoria. Ayer ni se presentó en Mendizorroza. Tampoco lo hicieron sus adláteres Chuchi Cos y Pepe Nereo. Sólo Ainara Knörr representó al Alavés en el palco, por donde también se dejó caer Fernando Ortiz de Zárate, una de las cabezas visibles del grupo inversor que comprará el paquete accionarial del ucraniano.

Hasta ese minuto 15, sólo el grupo de aficionados bercianos, alrededor de 200, se dejó notar en Mendizorroza. Con un guiño a la hinchada local en forma de un cántico habitual en el Paseo de Cervantes: 'Dmitry, escoria, fuera de Vitoria'. Muchos seguidores locales esperaban su momento en los vomitorios, en los bajos de las gradas, sentados en las hamacas de la tribuna anexa a la piscina, apurando un cigarro, siguiendo a su equipo por la radio. Todo para dejar claro que Piterman debe marcharse.

Y lo hicieron con una movilización civilizada, con la garganta como única arma. Fue segundos antes de cumplirse el cuarto de hora cuando las gradas, sobre todo en los fondos, empezaron a adquirir colorido y decibelios hasta llegar a los 3.876 espectadores. Al grito de 'Ahora más que nunca, Dmitry muérete', Mendizorroza volvió a dictar sentencia.

Cánticos hacia Arthuro

Fue lo más llamativo de un partido soso en lo deportivo. Ánimos al Alavés y muchos cánticos en contra del ucraniano dieron forma a un primer tiempo tedioso. Desde la megafonía se solicitaba no invadir el terreno de juego. Por si las multas. Desde la confianza en un inminente traspaso de poderes, la afición sólo bromeó cantando que iban «a saltar». No pasó de ahí. Su batalla está ganada.
No así el partido. Aunque sin nada en litigio, a nadie le gusta perder. Y una afición maltratada durante toda la temporada se merecía algo más en la despedida. Los cánticos, sin olvidar a Piterman, se volvieron contra los jugadores, que escucharon de nuevo eso de 'mercenarios' y 'esa camiseta no os la merecéis'. Hasta se pidió el tercero de la 'Ponfe'. Sin sentimentalismos. La peor parte se la llevó Arthuro, pitado durante todo el partido y despedido al grito de 'Qué malo eres'. Fue el punto final del calvario.

El Correo
17/6/ 07
Sentimientos enfrentados
 
Último partido de la temporada. La Ponferradina visitaba el estadio de Mendizorroza. Cerca de 300 seguidores de El Bierzo se desplazaron hasta la capital alavesa y ocuparon la grada de seguridad media hora antes del comienzo para animar sin cesar a su querido equipo. Sin embargo, la mayor parte de los asientos destinados a los hinchas albiazules estaban vacíos. El árbitro pitó el inicio del encuentro a las seis de la tarde. Pero los jugadores se encontraron solos, sin apenas apoyo. La de ayer era una jornada destinada a la protesta.

A las cinco de la tarde los encargados de los tornos abrieron las puertas del estadio. Desde entonces comenzó un goteo lento de seguidores ataviados con sus camisetas del Deportivo Alavés. Algunos de ellos se situaron en el acceso a la puerta cero, donde esperaban toparse con Dmitry Piterman, Pepe Nereo o Chuchi Cos a la llegada de éstos al campo. Inspeccionaban cada vehículo que circulaba por las inmediaciones en busca de su objetivo, se hicieron con las ya habituales octavillas de Piterman kanpora , pero no hubo suerte. Los máximos dirigentes del club nunca aparecieron. "Son unos cobardes, te lo digo yo", aseguraba un aficionado.

La espera se hizo larga. La afición alavesista sabía que el máximo accionista no se había atrevido a aparecer por el estadio, ni siquiera en el último partido de la temporada, el que suponía su despedida como máximo dirigente del club. A pesar de ello, quiso lanzar un último grito para hacerle ver que nunca ha sido bien recibido en Vitoria y que ya ha llegado la hora de pasar hoja y abandonar la entidad de Cervantes.

El reloj marcaba las seis de la tarde. El colegiado se dispuso a señalar el comienzo del partido. Pero la masa albiazul no ocupaba aún sus asientos. Los aficionados alavesistas quisieron secundar la iniciativa de las peñas y entrar quince minutos más tarde. La enésima protesta en contra el ucraniano y, en principio, la última. En pocos días sus acciones cambiarán de manos, pero los seguidores no quieren un contratiempo de última hora.

Algunos hinchas ni siquiera accedieron al estadio y se quedaron a las puertas. Otros, la mayor parte de ellos, permanecieron en los vomitorios para no perderse ni un minuto del encuentro. Sólo entraron al campo para colgar tres pancartas solicitando la marcha definitiva del mandamás.

Fue un cuarto de hora en el que el equipo no se sintió arropado. Los aficionados más pequeños preguntaban a sus padres por qué no accedían a sus asientos y obedecían pacientemente la decisión de hacerlo al mismo tiempo que las peñas.

En el minuto catorce, comenzó el desfile. Poco a poco cada seguidor fue tomando asiento bajo los aplausos de los escasos seguidores que no habían secundado la iniciativa y de los hinchas de la Ponferradina, que les apoyaban cantando al unísono Dmitry, escoria, fuera de Vitoria .

El lado amargo Una vez restaurada la normalidad en el campo los hinchas no dejaron de animar a sus jugadores. Aunque también se acordaron del centro principal de sus iras. Ahora más que nunca Dmitry muérete o Dmitry, puto cobarde , fueron algunas de las lindezas que le dedicaron.

La afición de Vitoria quería despedirse con una victoria que dejara cierto buen sabor de boca tras una terrorífica temporada. Sin embargo, dos grandes errores de Ardouin y Mateo propiciaron la derrota albiazul. Los seguidores no podían entender estos fallos y respondieron con pitos. Incluso aplaudieron el segundo tanto leonés, llegaron a pedir un tercero y respondieron con gritos de fuera, fuera .

La diana de Wellington desató de nuevo la euforia, pero no fue más que un espejismo. El juego decayó y los hinchas no dudaron en pitar a Arthuro cuando fue sustituido por Aloisi en el minuto 72.

Al final, cierto enfado que se mezclaba con la alegría lógica ante el cambio de gestores. Además, los seguidores albiazules recibieron el apoyo de los de El Toralín, que, en medio de su particular celebración, gritaban Alavés, Alavés .

Diario Noticias de Alava
17/6/ 07
Video
La última protesta
A dded: June 17, 2007

Alrededor de 2.000 personas secundan ... Alrededor de 2.000 personas secundan la iniciativa de entrar tarde para exigir la marcha de Piterman, que no estuvo en el campo. El partido derivó en pitos y críticas hacia los jugadores.