A
las cinco de la tarde los encargados de los tornos abrieron
las puertas del estadio. Desde entonces comenzó un
goteo lento de seguidores ataviados con sus camisetas del
Deportivo Alavés. Algunos de ellos se situaron en el
acceso a la puerta cero, donde esperaban toparse con Dmitry
Piterman, Pepe Nereo o Chuchi Cos a la llegada de éstos
al campo. Inspeccionaban cada vehículo que circulaba
por las inmediaciones en busca de su objetivo, se hicieron
con las ya habituales octavillas de Piterman kanpora , pero
no hubo suerte. Los máximos dirigentes del club nunca
aparecieron. "Son unos cobardes, te lo digo yo",
aseguraba un aficionado.
La
espera se hizo larga. La afición alavesista sabía
que el máximo accionista no se había atrevido
a aparecer por el estadio, ni siquiera en el último
partido de la temporada, el que suponía su despedida
como máximo dirigente del club. A pesar de ello, quiso
lanzar un último grito para hacerle ver que nunca ha
sido bien recibido en Vitoria y que ya ha llegado la hora
de pasar hoja y abandonar la entidad de Cervantes.
El
reloj marcaba las seis de la tarde. El colegiado se dispuso
a señalar el comienzo del partido. Pero la masa albiazul
no ocupaba aún sus asientos. Los aficionados alavesistas
quisieron secundar la iniciativa de las peñas y entrar
quince minutos más tarde. La enésima protesta
en contra el ucraniano y, en principio, la última.
En pocos días sus acciones cambiarán de manos,
pero los seguidores no quieren un contratiempo de última
hora.
Algunos
hinchas ni siquiera accedieron al estadio y se quedaron a
las puertas. Otros, la mayor parte de ellos, permanecieron
en los vomitorios para no perderse ni un minuto del encuentro.
Sólo entraron al campo para colgar tres pancartas solicitando
la marcha definitiva del mandamás.
Fue
un cuarto de hora en el que el equipo no se sintió
arropado. Los aficionados más pequeños preguntaban
a sus padres por qué no accedían a sus asientos
y obedecían pacientemente la decisión de hacerlo
al mismo tiempo que las peñas.
En
el minuto catorce, comenzó el desfile. Poco a poco
cada seguidor fue tomando asiento bajo los aplausos de los
escasos seguidores que no habían secundado la iniciativa
y de los hinchas de la Ponferradina, que les apoyaban cantando
al unísono Dmitry, escoria, fuera de Vitoria .
El
lado amargo Una vez restaurada la normalidad en el campo los
hinchas no dejaron de animar a sus jugadores. Aunque también
se acordaron del centro principal de sus iras. Ahora más
que nunca Dmitry muérete o Dmitry, puto cobarde , fueron
algunas de las lindezas que le dedicaron.
La
afición de Vitoria quería despedirse con una
victoria que dejara cierto buen sabor de boca tras una terrorífica
temporada. Sin embargo, dos grandes errores de Ardouin y Mateo
propiciaron la derrota albiazul. Los seguidores no podían
entender estos fallos y respondieron con pitos. Incluso aplaudieron
el segundo tanto leonés, llegaron a pedir un tercero
y respondieron con gritos de fuera, fuera .
La
diana de Wellington desató de nuevo la euforia, pero
no fue más que un espejismo. El juego decayó
y los hinchas no dudaron en pitar a Arthuro cuando fue sustituido
por Aloisi en el minuto 72.
Al
final, cierto enfado que se mezclaba con la alegría
lógica ante el cambio de gestores. Además, los
seguidores albiazules recibieron el apoyo de los de El Toralín,
que, en medio de su particular celebración, gritaban
Alavés, Alavés . |