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17/6/ 07
Adiós a la era Piterman con derrota
 
El Alavés pierde por su falta de puntería ante la Ponferradina, pero respira tras la salvación y con la inminente marcha del ucraniano
 
El Alavés dijo ayer adiós a la era Piterman con una derrota plena de tranquilidad. Sin el dirigente ucraniano ni sus más estrechos colaboradores en Mendizorroza y ante la inminente venta del club, el cuadro vitoriano despachó otra ración de bostezos a sus aficionados. Claro que la temporada real concluyó hace una semana en Lorca con la permanencia y la ilusionante nueva etapa de la entidad alavesista se abrirá en breve. En el lapso de tiempo entre estos dos acontecimientos albiazules se inmiscuyó el partido de ayer. Una especie de contratiempo del calendario que obligó a dos equipos sin pretensiones ni objetivos a pasar la tarde sobre el césped.

Y el Alavés se volvió a retratar en el Paseo de Cervantes. Ni ha podido en toda la campaña mantener una mínima regularidad -es casi milagroso que haya ganado tres de los últimos cinco partidos- ni la despedida le permitió ofrecer a la grada un guiño de complicidad. El cuadro vitoriano era un manojo de nervios e impotencia cuando existían puntos en juego y, sin la presión del resultado, apenas mejoró para cambiar el gesto de crispación por una sonrisa amable cuando llegaron los errores. De su catálogo de despropósitos volvió a surgir la falta de puntería y pegada -sólo uno de sus graves problemas esta campaña- y la Ponferradina lo aprovechó para dejar la Segunda División con una victoria. En el aspecto extradeportivo, el choque empezó con las gradas cuasi vacías, ante la iniciativa de peñas y aficionados de entrar un cuarto de hora después para exigir la marcha de Piterman. Pero ya ni siquiera esto es excepcional en un curtido Mendizorroza, si se tiene en cuenta, además, que fue una protesta sin incidente alguno.

El Alavés saltó al campo con un once extraño. Sobre todo por la presencia de Carpintero como improvisado central y Gaspar escorado en la banda derecha. La aparición de Gentil después de 24 partidos en blanco, era otra de las novedades. El resto del once, similar al de jornadas anteriores. El juego, también.

De derrochar oportunidades se hartó el Alavés hasta el descanso, con Arthuro en el punto de mira de la grada. El brasileño acabó desquiciado y entre pitos. Con la Ponferradina defendiendo sobre la línea del centro del campo, el cuadro vitoriano rompió en varias ocasiones la línea de fuera de juego, pero fue incapaz de marcar. Hasta en tres ocasiones topó con los palos la escuadra albiazul.

Para la Ponferradina todo resultó más sencillo. Entre la relajación generalizada, de donde salían gran número de oportunidades que poca relación tenían con el buen juego, aprovechó parte de las suyas. No acertó Risso con toda la portería a su disposición, pero sí tras el descanso Fran en un grave error de Ardouin. Poco después fue Ramírez el que hizo el 0-2 en otra concesión. Entre este desbarajuste, el alborozo de la meritoria hinchada rival y los gritos de la grada vitoriana, el Alavés se desperezó al menos para romper su mal fario y hacer un gol. En una escapada de Wellington bien resuelta por el brasileño.

Y la tarde continuó pese a todo apacible. Después de tanto sufrimiento y ante la costumbre albiazul en la segunda vuelta de perder en casa, el triunfo de la Ponferradina parecía uno más. Y el ritmo monótono apenas se alteró para dar la bienvenida a John Aloisi, recuperado tras mes y medio, y para cerrar la temporada entre pitos al equipo.

Es tiempo ya de olvidar esta campaña atroz y volcarse en la terapia veraniega para volver con fuerzas en agosto. Dentro del club, no obstante, llega la hora del anhelado cambio. Dmitry Piterman se convertirá en negra historia del club en pocos días y a partir de ahí comenzará la regeneración. Después de tres años, el Alavés lo merece.

 
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