Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 24-1-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

El arte del ilusionismo

Por Víctor Pliego de Andrés

The Rake’s Progress (La carrera del libertino). Ópera de  Igor Stravinsky con libreto de Wystan Hugh Auden y Chester Kallman. Reparto: Darren Jeffery, María Bayo, Toby Spence, Johan Reuter, Julianne Young, Daniela Barcellona. Dirección musical: Christopher Hogwood. Dirección de escena: Robert Lepage. Escenografía: Carl Fillon. Figurinismo: François Barbeau. Iluminación: Etienne Boucher. Coreografía: Michael Keegan-Dolan. Vídeo: Boris Firquet. Director del coro: Peter Burian. Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Nueva producción del Teatro Real de Madrid, el Théâtre de La Monnaie de Bruselas, La Opéra de Lyon, la San Francisco Opera y la Royal Opera  House Covent Garden de Londres, en colaboración con Ex Machina. Teatro Real de Madrid, 11 al 28 de enero de 2009.

Fotografía: Javier del Real

Robert Lepage triunfó recientemente en el Festival de Otoño de Madrid, y ahora lo hace en el Teatro Real con La carrera del libertino. El montaje tiene el sello inconfundible de su estilo personal y de su compañía, Ex Machina, a pesar de estar producido en colaboración con cinco grandes teatros de ópera y sometido a los condicionamientos del género. El espectáculo es magnífico, a pesar de que la versión musical no esté a la altura. Christopher Hogwood, que tantos éxitos ha cosechado con sus músicas “antiguas”, no acierta con este estilo. Se advierte claramente que no está cómodo y que este género no es lo suyo. Lleva la poderosa partitura de Stranvinsky con un desaliento evidente, ¿tal vez  intencionado? Esta ópera es una mirada lanzada desde 1951 al siglo XVIII inglés, y el montaje riza aún más el tirabuzón mirando desde la actualidad al Hollywood de los años cincuenta. Estamos ante una música moderna pero clasicista, con arias y melodías que seducen al más recalcitrante adversario de los vanguardismos. Además, el genio de Stravinsky sabe tratar a las voces como se merecen, sin confundirlas con los instrumentos, comprendiendo, respetando y explotando perfectamente sus cualidades. Los cantantes reunidos en el cartel son muy distintos entre sí, en voz y en estilo, pero todos son buenos y solventes. Además parecen compenetrarse con una curiosa complicidad. Destaca la línea impecable y la interpretación convincente de Toby Spence, como Rakewell, que es el joven protagonista convertido en libertino y luego en loco. Johan Rueter, encarna al diabólico Shadow con corrección y empuje, pero con cierta falta de fuerza, contagiado tal vez por la lánguida batuta. María Bayo interpreta a la ingenua Anne con alguna inseguridad que no impide disfrutar de su bella voz y de su viva presencia. Daniela Barcellona se encarga de dar vida con mucha gracia a la esperpéntica Baba la Turca, procurando evitar los excesos. Lepage cambia la época y los lugares de la acción con acierto general. La campiña inglesa se convierte en un campo petrolífero de Tejas, el cementerio en un parque de atracciones, Londres es una caravana, y el prostíbulo aparece representado en un plató. Solo esta alusión cinematográfica me pareció falta de originalidad, porque ya está un poco vista, aunque bien es cierto que en Lepage la alusión al cine está justificada y es seña de identidad. La escena final se mantiene sin cambios en un manicomio y remata con gran lirismo toda la faena. El escenario, trazado por Carl Fillion, es engañosamente simple: lo conforma un panorama estrecho al fondo, con proyecciones perfectas, precedido de una rampa en suave inclinación, que está llena de trampas y sorpresas. La maquinaria tiene mucha magia y vida propia. Es un teatro ilusionista que funde perfectamente la tecnología teatral con las necesidades expresivas. Asombra, entretiene y se entiende bien; por eso gusta. Además todo el montaje está concebido con un exquisito sentido estético. Los muchos y grandes aciertos de la producción (que no es perfecta) y la fuerza de Stravinsky, se imponen por encima de cualquier otra consideración.

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