¿Nos quitan la Gran
Vía?
Por Víctor Pliego de Andrés
La Gran
Vía… esquina
a Chueca. Revista madrileña, cómico-lírica, fantástico-callejera en dos
actos. Música de Federico Chueca y Joaquín Valverde. Intensa
recreación del texto original de Felipe Pérez y González a cargo de Paco Mir. Intérpretes: Loles León,
Enrique Ruiz del Portal, Milagros Martín, Karmele
Aramburu, Carlos Heredia, Pepín Tre,
Sabina Puértolas / María Rey-Joly,
Marco Moncloa, Toni González,
Noelia Pérez. Fotografía: Juan Martín. Coreografía: Teresa Nieto. Dirección
del Coro: Antonio Fauró. Figurines: Jesús Ruiz.
Escenografía: Joan Berrondo. Dirección de escena y
recreación del texto: Paco Mir. Dirección Musical:
Miguel Roa / Luis Remartínez.
Orquesta de la Comunidad
de Madrid y Coro del Teatro de la Zarzuela.
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Teatro
de la Zarzuela,
Madrid, 31 de enero a 8 de marzo de 2009.

Fotografía: Jesús Alcántara
Paco
Mir ha es un director de escena con singular
talento para las zarzuelas y con grandes éxitos en su haber. Su Gran Vía… esquina a Chueca ha sido
esperada con ilusión por el público madrileño. El resultado es brillante y
divertido, aunque no tanto como en otras ocasiones. Es difícil para los más grandes
poder superarse siempre. En este caso, Mir se ha
metido a revisar en profundidad el texto y en este empeño no ha tenido a las musas
de su lado. En cualquier caso, la historia del libro de esta popularísima
zarzuela es bien compleja, como deja patente el interesante y documentado
estudio de Ignacio Jassa Haro que se ha incluido en
el programa de mano. La “intensa recreación del texto original” que firma Mir resulta un poco fatigosa en algunas reiteraciones
algo excesivas: como la insistencia en tratar de aficionar al concejal a la
zarzuela, o la recurrencia de los rumores sobre la supresión de la Gran Vía. Al ritmo escénico
no le sientan bien tantas repeticiones. En la versión original, las antiguas
calles de Madrid recurren al ayuntamiento amenazadas por la construcción de la Gran Vía, que fue una
obra muy larga y compleja. En este caso, se manifiestan preocupadas porque la
fiebre especuladora pueda hacer desaparecer a esta artería que ya forma parte
del inconfundible paisaje madrileño. La idea no es mala, que no acaba de
cuajar. Los chistes políticos, dada la situación de crispación que hoy se
vive, no acaban de hacer mucha gracia al respetable, algo que nunca antes había
advertido. Bien es cierto que se hacen con un tono amable, poco convincente y
nada corrosivo. Aunque conviene arriesgar y hacer de vez en cuando
modernizaciones, cosa que es sana y legítima, pienso que en este caso hubiera
sido mejor dejar la versión habitual. Pero eso solo se puede decir una vez
vistos los resultados. La mezcla de un vestuario de fantasía, de época y moderna
confunde un poco en cuanto al tiempo de la acción: al final se concluye que estamos
en el momento actual, pero tarda en apreciarse. Se mezclan modernas niñeras
con rateros chulapos y con organilleros ¡sin organillo! El concepto escénico
no resulta claro. Además hay mucha aglomeración en el escenario y solo la
coreografía de Teresa Nieto pone algún orden. Aún así, el espectáculo gusta y
entretiene, sin despertar grandes ovaciones. La escenografía, construida con
vistosos periactos que presentan distintas
perspectivas fotográficas de Madrid, resulta espectacular, la iluminación es limpia
y los artistas hacen un papel estupendo. Solo se nos queda corta la
cinematográfica y exuberante Loles León, a la que
los veteranos zarzueleros enseguida eclipsan sobre las tablas, tanto en voz,
como en presencia o registros. Es un gancho innecesario, pues el teatro y el
título se bastan para convocar a todos los aficionados. Estamos ante un
espectáculo interesante, vistoso y entretenido.