Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 28-2-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Del disco al concierto

Por Víctor Pliego de Andrés

Tolomeo, re d’Egitto. Dramma per musica en tres actos. Música: Georg Friedrich Haendel. Libreto de Nicola Francesco Haim, basado en la obra homónima de Carlo Sigismondo Capece. Reparto: Sonia Prina (Tolomeo), Karina Gauvin (Seleuce), Klara Ek (Elisa), Andrew Foster-Williams (Araspe), Romina Basso (Alessandro). Il Complesso Barrocco. Director: Alan Curtis. Ópera en concierto. Teatro Real, Madrid, 14 de febrero de 2009.

 

Dentro de sus actividades en torno a Haendel, el Teatro Real ha ofrecido en versión concierto la ópera de sajón titulada Tolomeo re d’Egitto.  La versión ha estado a cargo del grupo Complesso Barocco que dirige el veterano Alan Curtis, responsable de una reciente e interesante grabación discográfica. Esta simbiosis entre concierto y disco-promoción es cada vez cosa más corriente, pues de ese modo la música grabada y en directo se respaldan eficazmente. Por otro lado, las obras previamente grabadas suelen estar, como en este caso, muy rodadas y dominadas. El maestro Curtis supo imprimir unos tempi vibrantes, adecuados a la música tanto como a la seca acústica de la sala. Pero ese ritmo es también fruto de los años que lleva esta obra su repertorio. Casi no dejaba ni un respiro entre unos números y otros, consiguiendo de todos los intérpretes una concentración y continuidad que es muy de agradecer. La versión fue brillante, sobre todo en lo orquestal. Los instrumentos antiguos fueron tocados con tal poderío que apenas podían advertirse desventajas respecto a los modernos: solo afinaron en la primera parte, después de una hora de actuación.  En cualquier caso, la orquesta del Complesso Barrocco no tiene nada que envidiar a las mejores orquestas de instrumentos modernos. Una vez más podemos confirmar el dulce momento que viven los grupos especializados tras varias décadas de trabajo continuado. Ahora, por fin, podemos escuchar la música barroca, olvidando casi por completo si la hacen instrumentos históricos o no. Y con ello no quiero decir que la cuestión sea irrelevante, sino todo lo contrario. La versión de Curtis es refrescante y novedosa, en su concepto y no por el empleo de unos medios u otros, aunque estos hayan sido fuente de inspiración. El maestro (que procede del clave) dirigió con un garbo y una precisión que encontró en sus músicos unos inigualables intérpretes. Pero además, y esto es un detalle personal de buen gusto, se mostró sencillo y humilde en el escenario, dejando bien a las claras la sensación de que todo estaba perfectamente controlado sin hacer alarde de ello. Los silencios fueron tan limpios como sobrecogedores, al igual que los finales, tajantes, marcando una articulación nítida; el continuo sonó precioso; los vientos estuvieron contenidos y muy bien integrados. Las voces, estupendas y muy seguras, no muy grandes, quedaron eclipsadas por la extraordinaria calidad de la orquesta. Romina Basso destacó en el papel de Alessandro, por la naturalidad de su timbre y de su registro grave. Andrew Foster-Williams, como Araspe, fue quien más voz y brillo desplegó. Sonia Prina, que hacía de Tolomeo, y Karina Gauvin, como Seleuce, mostraron un estilo perfecto y cantaron muy bien avenidas sus dúos. El reparto se completó como Klara Ek, como Elisa, que destacó con sus difíciles agilidades vocales. El público llenó y aplaudió con calidez pero sin entusiasmo. La ópera barroca avanza posiciones en el corazón de los más líricos, pero aún no lo ha conquistado.

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