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Del disco al concierto Tolomeo, re d’Egitto. Dramma per musica en
tres actos. Música: Georg Friedrich Haendel. Libreto de Nicola Francesco
Haim, basado en la obra homónima de Carlo Sigismondo Capece. Reparto: Sonia Prina (Tolomeo), Karina Gauvin
(Seleuce), Klara Ek (Elisa), Andrew Foster-Williams (Araspe), Romina Basso
(Alessandro). Il Complesso Barrocco. Director: Alan Curtis.
Ópera en concierto. Teatro Real, Madrid, 14 de febrero de 2009.
Dentro
de sus actividades en torno a Haendel, el Teatro Real ha ofrecido en versión
concierto la ópera de sajón titulada Tolomeo
re d’Egitto. La versión ha estado a
cargo del grupo Complesso Barocco que dirige el veterano Alan Curtis, responsable de una reciente e
interesante grabación discográfica. Esta simbiosis entre concierto y
disco-promoción es cada vez cosa más corriente, pues de ese modo la música
grabada y en directo se respaldan eficazmente. Por otro lado, las obras
previamente grabadas suelen estar, como en este caso, muy rodadas y dominadas.
El maestro Curtis supo imprimir unos tempi
vibrantes, adecuados a la música tanto como a la seca acústica de la sala. Pero
ese ritmo es también fruto de los años que lleva esta obra su repertorio. Casi
no
dejaba ni un respiro entre unos números y otros, consiguiendo de todos
los intérpretes una concentración y continuidad que es muy de agradecer. La versión fue brillante, sobre todo en lo orquestal. Los
instrumentos antiguos fueron tocados con tal poderío que apenas podían
advertirse desventajas respecto a los modernos: solo afinaron en la primera
parte, después de una hora de actuación. En cualquier caso, la orquesta del Complesso Barrocco no
tiene nada que envidiar a las mejores orquestas de instrumentos modernos. Una
vez más podemos confirmar el dulce momento que viven los grupos
especializados tras varias décadas de trabajo continuado. Ahora, por fin,
podemos escuchar la música barroca, olvidando casi por completo si la hacen instrumentos
históricos o no. Y con ello no quiero decir que la cuestión sea irrelevante,
sino todo lo contrario. La versión de Curtis es refrescante y novedosa, en su
concepto y no por el empleo de unos medios u otros, aunque estos hayan sido fuente
de inspiración. El maestro (que procede del clave) dirigió con un garbo y una
precisión que encontró en sus músicos unos inigualables intérpretes. Pero
además, y esto es un detalle personal de buen gusto, se mostró sencillo y
humilde en el escenario, dejando bien a las claras la sensación de que todo
estaba perfectamente controlado sin hacer alarde de ello. Los silencios fueron tan limpios
como sobrecogedores, al igual que los finales, tajantes, marcando una
articulación nítida; el continuo sonó precioso; los vientos estuvieron contenidos y muy bien
integrados. Las voces, estupendas y muy
seguras, no muy grandes, quedaron eclipsadas por la extraordinaria calidad de
la orquesta. Romina Basso destacó en el papel de Alessandro, por la
naturalidad de su timbre y de su registro grave. Andrew Foster-Williams, como
Araspe, fue quien más voz y brillo desplegó. Sonia Prina, que hacía de
Tolomeo, y Karina Gauvin, como Seleuce, mostraron un estilo perfecto y cantaron
muy bien avenidas sus dúos. El reparto se completó como Klara Ek,
como Elisa, que destacó con sus difíciles agilidades vocales. El público llenó
y aplaudió con calidez pero sin entusiasmo. La ópera barroca avanza
posiciones en el corazón de los más líricos, pero aún no lo ha conquistado. |