Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 28-2-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Fiesta de exorcismo

Por Víctor Pliego de Andrés

Una noche en el Canal. Guión y dirección: Albert Boadella. Ayudante de dirección: Marina Bollaín. Coreógrafo: Chevi Muraday. Director musical: Manuel Coves. Director del coro: Jordi Casas. Intérpretes: Yllana, Impromadrid, Teatro Meriodional, Losdeade, Coro de la Comunidad de Madrid, Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid. Teatros del Canal, Madrid, 20, 21 y 22 de febrero de 2009.

                                                                                                                                                        

Los Teatros del Canal se han inaugurado dos veces. El primer evento fue un polémico musical de Nacho Cano, presentando en función única y de altísimo presupuesto solo para las autoridades y sus selectos invitados, cuando la instalación aún no estaba terminada. Esa iniciativa provocó una encendida polémica que ha desgastado la imagen de la inocente instalación antes de que empezará a funcionar de verdad. El director de los teatros, Albert Boadella, ha diseñado otro espectáculo más inteligente, barato y popular, para tratar de borrar la mala imagen inicial. Una noche en el Canal es una visita dramatizada por los espacios del nuevo edificio. El público asiste finalmente a los ensayos previos y a una función del Il Trovatore que se verá boicoteada por los Hermanos Marx. La idea es excelente y ha convocado a muchos curiosos, deseosos de conocer el teatro por dentro. Mucha gente se ha quedado sin poder ver este montaje que, sin duda, hubiera necesitado más funciones. Al principio se genera una cola, pero todo se resuelve rápidamente y los grupos de visitantes son ágilmente conducidos por unos esperpénticos cicerones a través de los distintos pasillos y espacios. El montaje moviliza a un enorme equipo artístico que incluye actores, músicos, cantantes, orquesta, coro, mimos, tres grupos de bailarines y mucho personal técnico. Al objeto de abaratar costes, intervienen muchos estudiantes de música y de danza, que actúan gratis sustituyendo a los profesionales que deberían haber asumido esta responsabilidad. Aunque la experiencia sea formativa para los educandos, el abaratamiento de costes pesa más que los objetivos pedagógicos. Las prácticas deberían estar reguladas por unos principios éticos y laborales que aún no hemos asumido en este país. La presencia de tantos estudiantes da a toda la producción, contradiciendo su cuidadoso diseño, un tono de fiesta escolar. La función es muy divertida a la par que interesante. El mensaje que Boadella transmite es que no se quiere hacer un teatro para minorías intelectuales y artísticas, sino un teatro popular. Para defender esta idea, se presenta una sátira de la ópera “post-casposa” que agrada a quienes, por ignorancia, la temen y les parece aburrida. Pero no deja de ser un chiste fácil, que recurre a tópicos un tanto rancios, y que resultan algo injustos con la realidad actual de la ópera, que está haciendo grandes esfuerzos por llegar cada vez a más públicos. Hoy es día ya no existe esa ópera “post-casposa”, que solo aparece en el imaginario de las viejas películas. En cualquier caso, el género se presta bien a la sátira y da pie a gags ingeniosos y ciertamente efectistas. Los músicos, estudiantes y artistas entran en el juego, no muy convencidos. En medio del guirigay aparecen las voces excelentes de Adriana Mastrángelo y Carlos Moreno, convertidas en caricaturas de si mismas. Por lo pronto, Albert Boadella está consiguiendo librar poco a poco a sus teatros de la mala fama que les cayó encima con su primera fiesta de inauguración. Las actividades ya se han iniciado con normalidad, incorporando estas salas al circuito teatral madrileño. Los medios técnicos que disponen y el edificio de Moneo son magníficos. Esperemos que con este exorcismo vaya desapareciendo toda huella de mala sombra.

http://teatrodelazarzuela.mcu.es/