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Fiesta de exorcismo Una noche en el Canal. Guión y dirección: Albert Boadella.
Ayudante de dirección: Marina Bollaín. Coreógrafo: Chevi Muraday. Director
musical: Manuel Coves. Director del coro: Jordi Casas. Intérpretes: Yllana,
Impromadrid, Teatro Meriodional,
Losdeade, Coro de
Los Teatros del Canal se han inaugurado dos veces. El
primer evento fue un polémico musical de Nacho Cano,
presentando en función única y de altísimo presupuesto solo para las
autoridades y sus selectos invitados, cuando la instalación aún no estaba terminada. Esa iniciativa provocó
una encendida polémica que ha desgastado la imagen de la inocente instalación antes de
que empezará a funcionar de verdad. El director de los teatros, Albert Boadella, ha diseñado
otro espectáculo más inteligente, barato y popular, para tratar de borrar la
mala imagen inicial. Una noche en el
Canal es una visita dramatizada por los espacios del nuevo edificio. El
público asiste finalmente a los ensayos previos y a una función del Il Trovatore que se verá boicoteada por los
Hermanos Marx. La idea es excelente y ha convocado
a muchos curiosos, deseosos de conocer el teatro por dentro. Mucha gente se
ha quedado sin poder ver este montaje que, sin duda, hubiera necesitado
más funciones. Al principio se genera una cola, pero todo se resuelve
rápidamente y los grupos de visitantes son ágilmente conducidos por unos
esperpénticos cicerones a través de los distintos pasillos y
espacios. El montaje moviliza a un enorme equipo artístico que incluye
actores, músicos, cantantes, orquesta, coro, mimos, tres grupos de bailarines
y mucho personal técnico. Al objeto de abaratar costes, intervienen muchos estudiantes
de música y de danza, que actúan gratis sustituyendo a los profesionales que
deberían haber asumido esta responsabilidad. Aunque la experiencia sea formativa
para los educandos, el abaratamiento de costes pesa más que los objetivos
pedagógicos. Las prácticas deberían estar reguladas por unos
principios éticos y laborales que aún no hemos asumido en este país. La presencia de tantos estudiantes da a
toda la producción, contradiciendo su cuidadoso diseño, un
tono de fiesta escolar. La función es muy
divertida a la par que interesante. El
mensaje que Boadella transmite es que no se quiere hacer un teatro para minorías
intelectuales y artísticas, sino un teatro popular. Para defender esta idea, se
presenta una sátira de la ópera “post-casposa” que agrada a quienes, por ignorancia,
la temen y les parece aburrida. Pero no deja de ser un chiste fácil, que
recurre a tópicos un tanto rancios, y que resultan algo injustos con la
realidad actual de la ópera, que está haciendo grandes esfuerzos por llegar
cada vez a más públicos. Hoy es día ya no existe esa ópera “post-casposa”,
que solo aparece en el imaginario de las viejas películas. En cualquier caso, el género se
presta bien a la sátira y da pie a gags ingeniosos y ciertamente
efectistas. Los músicos, estudiantes y artistas entran en el juego, no muy
convencidos. En medio del guirigay
aparecen las voces excelentes de Adriana Mastrángelo
y Carlos Moreno, convertidas en caricaturas de si mismas. Por lo pronto, Albert Boadella está consiguiendo librar poco a poco a sus
teatros de la mala fama que les cayó encima con su primera fiesta de
inauguración. Las actividades ya se han iniciado con normalidad, incorporando
estas salas al circuito teatral madrileño. Los medios técnicos que disponen y el edificio de Moneo son magníficos. |