Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 28-3-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Cantar entre bromas y veras

Por Víctor Pliego de Andrés

Rossiniana "alta en calorías".  Espectáculo gastronómico-lírico para cinco cantantes, dos actores/bailarines y un piano (a ser posible afinado). Guión, dirección de escena, escenografía y figurines: Enrique Viana. Coreografía: Nuria Castejón. Intérpretes: Mercedes Arcuri (sorpano), Cristina Faus (mezzo), Mikeldi Atxalandabaso (tenor), Enrique Sánchez Ramos (barítono), Pedro Llarena (bajo) y Riccardo Bini (piano). Teatro Real de Madrid, 27 y 28 de febrero y 1 de marzo de 2009.

El tenor Enrique Viana ha ido ganándose un lugar entre la afición, no solo como cantante lírico de depurado estilo, sino también como creador de espectáculos que mezclan con acierto el virtuosismo y el humor. Hay un cierto público que disfruta mucho con estas propuestas. Es un público experto en ópera que reconoce el repertorio y todas las referencias al mundo de la lírica. Sin embargo, pienso que estos recitales cómico-líricos también serían de gran ayuda para captar nuevos públicos, alejados de la ópera, a quienes, por desconocimiento y falta de hábito, el género pudiera resultar un poco intimidatorio. En sus primeros espectáculos, protagonizados por el propio Viana, este encarnaba a un tenor verdaderamente hilarante, víctima de mil manías y obsesiones. En Rossiniana, Viana cuenta con un quinteto de jóvenes cantantes que no son malos actores, pero que no tienen ni de lejos la maravillosa vis cómica de Viana, que aquí se reserva las funciones de guionista, director,  figurinista, escenógrafo, etc. El homenaje gastronómico al compositor de Pesaro me recuerda a otros parecidos, como el que no hace mucho presentó Carles Santos en el Teatro de la Abadía de Madrid, utilizando igualmente grandes cacerolas. En esta broma concebida por Viana el año 2006, que ahora repone el Teatro Real, encontramos además un admirable virtuosismo vocal. Destacan, por la belleza de su timbre Mikeldi Atxandabalaso y Cristina Faus, aunque todos sus compañeros de reparto presentan magníficas aptitudes canoras. Las dimensiones del espectáculo, a pesar de ser reducidas, exceden a las modestas posibilidades de la Sala Gayarre del Teatro Real. Sería idóneo programarlo en una sala mayor y durante algo más que tres funciones, dentro de algún programa de divulgación de la ópera o de creación de nuevos públicos. Es un espectáculo apto para todas las edades y cargado no solo de arte, música y humor: también de unos firmes valores pedagógicos. Con el buen humor se aprende más que con las tristezas. A pesar de su ubicación semiclandestina en los altos del Real, las tres funciones se llenaron y supieron a poco.

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