Música y músicos de lujo
Por Víctor Pliego de Andrés
Lidón y Doyagüe:
compositores en la Guerra
de la
Independencia. La Grande Chapelle. Director: Albert Recasens. XIX Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid.
En coproducción con la
Fundación Dos de Mayo. Real Parroquia de San Ginés, Madrid,
25 de marzo de 2009.

La música callada de los archivos suena cada día con más
fuerza. La Real
Parroquia de San Ginés, espectacularmente restaurada, ha sido
el marco monumental idóneo para escuchar las músicas de dos maestros
salmantinos madrileñizados: Lidón
y Doyagüe. José Lidón
(1748-1827) fue maestro de la Real Capilla
y rector del Real Colegio de Niños Cantores, aunque antes fue compositor y
maestro de clave de la
Duquesa de Osuna. Autor de música escénica, villancicos,
música de cámara, música para tecla y música religiosa, también publicó
varios tratados sobre música. En este recital hemos podido escuchar dos
himnos, una secuencia y dos lamentaciones. Son música de excelente factura y
tono entre clásico y rococó, que se han recuperado y reestrenado tras dos
siglos de olvido. Es una música muy alejada de Bethoveen,
que muere el mismo año que Lidón, pero llena de
gracia, de encanto y de buen hacer. Las versiones ofrecidas por La Grande Chapelle
bajo la sabia dirección de Albert Recasens son impecables. El protagonismo recae sobre unas
voces que saben cantar como solistas o en coro con igual perfección. La orquesta breve y
delicada se ciñe con perspicacia al tono vocal de estas músicas, generando
una perfecta combinación. Los vientos (oboes, trompas y fagot)
sonaron bellos y discretos; las cuerdas con la necesaria mordedura. Solo hay
que lamentar la acostumbrada servidumbre a las necesidades de afinar el
positivo, que antes de comenzar el concierto dejó pitando los oídos del
respetable, que llenó los bancos del templo.
El programa se completó con un maravilloso Himno de Acción de Gracias, Te Deum, a 8, para orquesta y órgano
obligado, compuesto en 1812 por Manuel José Doyagüe
(1755-1845), ilustre maestro cuya música corrobora su merecida fama. Maestro
de capilla de la Catedral
de Salamanca y profesor honorario del Real Conservatorio de Madrid, fue
elogiado por Rossini. Su Te Deum fue compuesto en 1812 para celebrar el fin de la
invasión napoleónica y tuvo un enorme éxito. Es una música concertante
emparentada con el rigor de Haydn, muy admirado en
los círculos musicales hispanos, aunque añade la gracia y la luminosidad
propia de la cultura latina. Es una obra monumental, que ha sido interpretada
con anterioridad en la
Catedral de Salamanca, pero la versión escuchada en esta
ocasión es fruto de una revisión de Josefa Montero García. El concierto fue
de la máxima calidad artística y del máximo interés histórico. Tuvo lugar en
una fecha histórica: el centenario de la muerte de Ruperto Chapí (1851-1909), que falleció enfrente de San Ginés.
Algunos creyeron percibir entre los muros de esta real iglesia las almas
satisfechas de ambos maestros salmantinos, charlando con el genial
zarzuelista valenciano. La tradición musical hispana no es tan pobre como
algunos tópicos han dado a entender.