Una momia
Por Víctor Pliego de Andrés
La Corte del Faraón. Un
espectáculo musical de Xavier Albertí y Lluïsa Cunillé basado
libremente en la zarzuela de Vicente Lleó, con
libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacio.
Compañía La Reina
de la Nit.
Intérpretes: Xavier Albertí,
Lourdes Barba, Jordi Collet,
Montse Esteve, Roberto G.
Alonso, Oriol Genís, Lina Lambert,
Xavier Pujolràs.
Teatro de la Abadía. Madrid,
26 de marzo al 5 de abril de 2009.

Tras su Dúo de la Africana, Xavier Albertí y Lluïsa Cunillé repiten plaza, está vez en el Teatro de la Abadía y con La Corte del Faraón. Su propuesta vuelve a ser
conceptualmente interesante: trata de actualizar la zarzuela, de fundirla con
la vanguardia y de darle una dignidad intelectual. El guión es ingenioso y
mezcla hábilmente textos y música de distintas procedencias. Es un
espectáculo de teatro dentro del teatro, que mezcla los géneros en un curioso
cóctel. La actuación de los ocho intérpretes, que cantan, bailan y hablan
multiplicándose en distintos personajes, es entusiasta pero insuficiente. No
cantan nada bien y la actuación trata de sobrellevar sus carencias echando
mano de la simpatía y del buen humor. Hay en la realización un cierto aire de
fiesta escolar, un tono de compañía de aficionados, porque falta la técnica
no solo en las interpretaciones, también lo musical, en las voces, y en la
puesta en escena. Pero, aunque quieran convertir sus carencias en una opción
estética, la pieza no deja de ser una zarzuela, o al menos un musical con
pretensiones, y no un “Happening”. Hacen reír con
algunas de sus ocurrencias, hacen pensar con ciertos juegos poéticos, pero
también hacen llorar por su falta de técnica. Los cánticos y el
acompañamiento al piano son deplorables. Los zarzueleros saldrán desengañados
con el título puesto y que lleva a confusión, pues la zarzuela de Lleó, Perrín y Palacio apenas
es un pretexto para dar cierta unidad a este simpático disparate teatral. El
Teatro de la Abadía
siempre ha presentado una programación de una calidad que este espectáculo
está lejos de satisfacer.
(Fotografía:
David Ruano)