Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 28-4-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Estreno de ópera antigua

Por Víctor Pliego de Andrés

Il ritorno d’Ulisse in patria (El regreso de Ulises a su patria). Música: Claudio Monteveri. Libreto: Giacomo Badoaro. Reparto: Kobie van Rensburg, Christine Rice, Cyril Auvity, Joseph Cornwell, Umberto Chiummo, Juan Rancho, Xavier Sabata, Ed Lyon, Hanna Bayodi-Hirt, Robert Burt, Marina Rodríguez-Cusí, Terry Wey, Claire Debono, Luigi De Donato, Sonya Yoncheva, Umberto Chiummo, Xabier Sabata, Juan Sancho. Orquesta: Les Arts Florissants. Director musical: William Christie. Director de escena, escenógrafo y figurinista: Pier Luigi Pizzi. Iluminador: Sergio Rossi. Coreógrafo: Roberto María Pizzuto. Nueva producción del Teatro Real y de La Fenice de Venecia. Teatro Real de Madrid, 7 al 30 de abril de 2009.

 

 

Estrenada en 1640, El regreso de Ulises a su patria aún no se había escuchado en España. El Teatro Real ha incluido este “estreno” dentro de su amplio programa que conmemora los orígenes de la ópera. Firma esta producción el mismo equipo artístico del reciente Orfeo, liderado por los maestros William Christie y Pier Luigi Pizzi. El resultado ha sido igualmente magnífico y ha supuesto una perfecta continuación respecto a la producción anterior, superándola en vario puntos. Ha vuelto a sobresalir la maravillosa orquesta de Les Arts Florissants, formada por un escogido ramillete de excelentes músicos, tan solistas como solidarios. El maestro dirige desde el teclado con sus ideas y conceptos, delegando confiadamente en sus colaboradores, y no solo en los recitativos, sino también en momentos de riesgo. Los profesores se escuchan y se compenetran a la perfección, salvando las monumentales proporciones del teatro y las distancias entre unos y otros. Tales distancias son completamente infrecuentes en este estilo y repertorio, pero la orquesta se enfrenta a ellas con dominio y tranquilidad, familiarizada con un teatro en el que ya ha cosechado muchos aplausos. Teclados e instrumentos de pulso estuvieron brillantes; segurísimos y rectos los bajos; ágiles los arcos; ajustados los vientos. Gracias al buen hacer, y a una delicada amplificación de los claves, los músicos se apropiaron del espacio acústico.

 

El reparto vocal estuvo compuesto por voces bonitas y equilibradas. Se apreció un excelente criterio en la elección de los cantantes, tanto por su estilo como por sus timbres. Kobie van Rensburg hizo una brillante interpretación de Ulises, y Cyril Auvity estuvo impecable como Telémaco. Claire de Bono gustó por su agilidad y virtuosismo en su doble intervención como Minerva y Amor. Christine Rice, en el papel de Penélope, se mostró algo contenida, reservando lo mejor para la sorprendente y conmovedora escena final con la que deja a los espectadores sobrecogidos. La bellísima y expresiva música de Monterverdi no podría haber encontrado mejores intérpretes. La integración de lo musical y lo textual, en ritmos y melodías sutiles, estuvo perfectamente presentada, sobre todo en unos recitativos enjundiosos, flexibles, expresivos y muy variados.

 

La puesta en escena de Pizzi es contenida y sobria, hasta parecer estática por momentos. Se aleja de la opulencia veneciana que cabría esperar y que ha desplegado en otras ocasiones. Tal vez sea un giro en su estilo, pero sin duda que habrá resultado conveniente en estos tiempos de crisis y austeridad. El trazo es limpio y exquisito, de forma que la modernidad no enturbia en ningún momento (¡qué alivio!) la claridad narrativa. La acción teatral resulta legible y está puesta al servicio del drama y de la música, sin ninguna muestra de banalidad (como aquella danza alocada e innecesaria con la que cerraba el Orfeo). El minimalismo mostrado está muy a la moda, con recurrencia a espacios vacíos, espejos, blanco y negro, andamios; de la mano del maestro Pizzi resulta coherente y seguro.  La iluminación de Sergio Rossi es perfecta y crea una atmósfera muy expresiva, aunque abuse algo del estrobo (relámpagos, para entendernos). Es inexplicable la pobreza de la indumentaria, como el negro atuendo de Ulises, tan carente de prestancia. Pero tales detalles apenas empañan un trabajo artístico excelente y muy oportuno, que tendrá su esperada continuidad en la Coronación de Poppea.

 

(Fotografía de Javier del Real)

http://www.teatro-real.com/