|
Revista
musical de publicación en Internet |
|
Zarzuela entre tinieblas ¡Una noche de
Zarzuela…! Antología lírica. Ensueño lírico en dos actos. Música de F. Alonso, E. Arrieta,
F. Asenjo Barbieri, T. Bretón, R. Chapí, F. Chueca, M. Fernández Caballero, G. Giménez, J. Guerrero, P. Luna, V. Lleó,
P. M. Marqués, F. Moreno Torroba, M. Nieto, M. Penella, P. Sorozábal y A.
Vives. Libro de Luis Olmos y Bernardo Sánchez.
Reparto: Carlos Bergasa, Susana Cordón, Francisco Corujo, Manuel de Diego, Vicente Díez, J. Luis Esteban, Eduardo Fernández, Ismael Fritschi, Ana Ibarra, Yolanda Marín, Julio Morales, Juan
Jesús Rodríguez, Esperanza Roy, Carmen Serrano,
José Luis Sola, Juan Carlos Talavera y Alex Vicens, entre otros. Dirección Musical: Enrique Diemecke / Cristóbal Soler. Dirección de Escena: Luis Olmos. Escenografía: Gabriel Carrascal. Iluminación:
Juan Gómez-Cornejo. Vestuario: María Luisa Ángel. Coreografía: Florencio
Campo. Nueva producción del Teatro de
¡Una noche en la zarzuela…! se anuncia como una antología, género siempre agradecido y
bien recibido. El título parafrasea la conocida película los Hermanos Marx, también recordados hace poco en los Teatros del
Canal por el maestro Boadella. Lo cierto es que
esta pretendida antología es mucho más que una simple selección de célebres
romanzas. Si bien la música responde a un colorido florilegio, la dramaturgia
eleva esta creación, convirtiéndola en una obra con personalidad propia. El
libro de Luis Olmos y Bernardo Sánchez es una joya
por su acierto, por su sensibilidad, por su conocimiento del género y por su
capacidad para hilvanar los célebres números musicales con una lógica
narrativa y teatral. El espectáculo tiene coherencia y unidad dramática;
incluso más que el que podemos encontrar en muchas zarzuelas “originales”.
Todo está realizado con buen gusto, con inteligencia y con golpes de efecto.
El ardid consiste en presentar una compañía en crisis, que está ensayando en
un teatro destartalado y a punto de ser embargado en el Madrid de la
posguerra. Esta situación sirve para hacer un sentido homenaje sentimental al
género, a través del teatro dentro del teatro, mostrando las penurias de los
artistas y la grandeza del arte. La estética de esta función, como
la que ha dado Olmos a sus anteriores producciones, no sigue las modas al
uso, ni busca una modernidad impuesta, sino que mira con melancolía el pasado
del género. La ubicación de este ensueño en un teatro destartalado y en 1941,
permite crear una atmósfera decadente, oscura y polvorienta, en la que la
magia del teatro salta con la aparición de algunos trajes de escena, de
algunos viejos trastos o de simples telones pintados. Son excelentes las
intervenciones de magnífico Coro del Teatro de La función parece trasladarnos a
la posguerra, cuyo opresivo ambiente, discretamente recordado, crea un tenso
trasfondo. Parte del público también parece sacado de aquella triste
posguerra. Alguno hubo que protestó, con un rugir de indignada intolerancia,
ante una emotiva coreografía que recuerda el hambre que pasaron entonces
nuestros abuelos. Será que le molestó está pequeño ejercicio de “memoria
histórica”, pues otra explicación no encuentro. Al salir también escuché este
comentario de un exaltado: “¡Menuda mierda de titiriteros, que mezclan
política y teatro!” Es muy preocupante la creciente crispación social que se
puede advertir donde menos se espera. Son casos aislados, pero
significativos. La calidad artística de esta
original producción es notable y se ve ensalzada por el entusiasmo con el que
los cantantes y profesores atacan los conocidos números seleccionados. Todos
se sienten muy a gusto y dan lo mejor de sí, desplegando más potencia de lo
que suele ser necesario, sin que el maestro ponga coto. Los participantes en
el extenso reparto hacen una interpretación musical y actoral
notable. Destacan, por su magnífica voz y buen hacer, el barítono Juan Jesús
Rodríguez y el tenor Alex Vicens. Esperanza Roy encabeza el cartel como Apolonia
Carabias, la viuda entusiasta que trata de sacar a
flote la compañía. Se la escucha a veces un poco mal, y está regularmente
amplificada, pero el papel le va como anillo al dedo y su sensible
interpretación resulta conmovedora. Está antología una propuesta teatral insólita,
pero efectiva y de éxito. (Fotografía de Jesús Alcántara) |