Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 28-4-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Zarzuela entre tinieblas

Por Víctor Pliego de Andrés

¡Una noche de Zarzuela…! Antología lírica. Ensueño lírico en dos actos. Música de F. Alonso, E. Arrieta, F. Asenjo Barbieri, T. Bretón, R. Chapí, F. Chueca, M. Fernández Caballero, G. Giménez, J. Guerrero, P. Luna, V. Lleó, P. M. Marqués, F. Moreno Torroba, M. Nieto, M. Penella, P. Sorozábal y A. Vives. Libro de Luis Olmos y Bernardo Sánchez. Reparto: Carlos Bergasa, Susana Cordón, Francisco Corujo, Manuel de Diego, Vicente Díez, J. Luis Esteban, Eduardo Fernández, Ismael Fritschi, Ana Ibarra, Yolanda Marín, Julio Morales, Juan Jesús Rodríguez, Esperanza Roy, Carmen Serrano, José Luis Sola, Juan Carlos Talavera y Alex Vicens, entre otros. Dirección Musical: Enrique Diemecke / Cristóbal Soler. Dirección de Escena: Luis Olmos. Escenografía: Gabriel Carrascal. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo. Vestuario: María Luisa Ángel. Coreografía: Florencio Campo. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Madrid, 24 de abril a 24 de mayo de 2009.

 

 

¡Una noche en la zarzuela…! se anuncia como una antología, género siempre agradecido y bien recibido. El título parafrasea la conocida película los Hermanos Marx, también recordados hace poco en los Teatros del Canal por el maestro Boadella. Lo cierto es que esta pretendida antología es mucho más que una simple selección de célebres romanzas. Si bien la música responde a un colorido florilegio, la dramaturgia eleva esta creación, convirtiéndola en una obra con personalidad propia. El libro de Luis Olmos y Bernardo Sánchez es una joya por su acierto, por su sensibilidad, por su conocimiento del género y por su capacidad para hilvanar los célebres números musicales con una lógica narrativa y teatral. El espectáculo tiene coherencia y unidad dramática; incluso más que el que podemos encontrar en muchas zarzuelas “originales”. Todo está realizado con buen gusto, con inteligencia y con golpes de efecto. El ardid consiste en presentar una compañía en crisis, que está ensayando en un teatro destartalado y a punto de ser embargado en el Madrid de la posguerra. Esta situación sirve para hacer un sentido homenaje sentimental al género, a través del teatro dentro del teatro, mostrando las penurias de los artistas y la grandeza del arte.

 

La estética de esta función, como la que ha dado Olmos a sus anteriores producciones, no sigue las modas al uso, ni busca una modernidad impuesta, sino que mira con melancolía el pasado del género. La ubicación de este ensueño en un teatro destartalado y en 1941, permite crear una atmósfera decadente, oscura y polvorienta, en la que la magia del teatro salta con la aparición de algunos trajes de escena, de algunos viejos trastos o de simples telones pintados. Son excelentes las intervenciones de magnífico Coro del Teatro de la Zarzuela, y de los bailarines dirigidos en esta ocasión por Florencio Campo, que hacen alarde de su versatilidad.

 

La función parece trasladarnos a la posguerra, cuyo opresivo ambiente, discretamente recordado, crea un tenso trasfondo. Parte del público también parece sacado de aquella triste posguerra. Alguno hubo que protestó, con un rugir de indignada intolerancia, ante una emotiva coreografía que recuerda el hambre que pasaron entonces nuestros abuelos. Será que le molestó está pequeño ejercicio de “memoria histórica”, pues otra explicación no encuentro. Al salir también escuché este comentario de un exaltado: “¡Menuda mierda de titiriteros, que mezclan política y teatro!” Es muy preocupante la creciente crispación social que se puede advertir donde menos se espera. Son casos aislados, pero significativos.

 

La calidad artística de esta original producción es notable y se ve ensalzada por el entusiasmo con el que los cantantes y profesores atacan los conocidos números seleccionados. Todos se sienten muy a gusto y dan lo mejor de sí, desplegando más potencia de lo que suele ser necesario, sin que el maestro ponga coto. Los participantes en el extenso reparto hacen una interpretación musical y actoral notable. Destacan, por su magnífica voz y buen hacer, el barítono Juan Jesús Rodríguez y el tenor Alex Vicens. Esperanza Roy encabeza el cartel como Apolonia Carabias, la viuda entusiasta que trata de sacar a flote la compañía. Se la escucha a veces un poco mal, y está regularmente amplificada, pero el papel le va como anillo al dedo y su sensible interpretación resulta conmovedora. Está antología una propuesta teatral insólita, pero efectiva y de éxito.

 

(Fotografía de Jesús Alcántara)

http://teatrodelazarzuela.mcu.es/