Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 30-7-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Triunfo de la plástica

Por Víctor Pliego de Andrés

Rigoletto. Melodrama en tres actos. Música de Giuseppe Verdi. Libreto de Francesco Maria Piave, basado en Victor Hugo. Primer reparto: José Bros, Roberto Frontali, Patricia Ciofi, Marco Spotti, Nino Surguladeze. Director musical: Roberto Abbado. Directora de escena: Monique Wagemakers. Escenógrafo: Michael Levine. Figurinista: Sandy Powell. Iluminador: Reinier Tweebeeke. Director del coro: Peter Burian. Coro Intermezzo. Orquesta Titular del Teatro Real. Producción del Teatro Real y del Liceo de Barcelona basada en el montaje original de la ópera Holandesa de Ámsterdam. Teatro Real de Madrid, 3 a 23 de junio de 2009.

 

 

Dieciocho funciones, casi todas seguidas, ha sido la fastuosa oferta para este curioso Rigoletto. Han hecho falta tres repartos y del cartel original se cayó Juan Diego Flórez. Aún así, el título basta por si solo para atraer al público y llenar. El esfuerzo ha sido importante (sobre todo para la orquesta y los técnicos) y esperamos que también lo haya sido la rentabilidad.  El Real, en alianza con el Liceo, ha rescatado una producción de Ámsterdam. Nos explican que el minimalismo de la escenografía pretende centrar la atención y el protagonismo en los personajes, pero a mi buen entender ocurre todo lo contrario. La exquisita realización plástica del montaje acapara toda la atención, restando nervio y fuerza al melodrama de Piave. La iluminación de Reinier Tweebeeke es impecable y crea diversas atmósferas, aunque algo frías. El escenario está definido por una gran plataforma cuadrada que oscila y que flota en el aire y se mueve una con pasmosa  ligereza, portando a los intérpretes. Todo es muy austero, aparentemente, pero detrás de estas bellísimas imágenes, algunas de las cuales tienen toda la fuerza de un cuadro viviente, hay un alarde de ocultas y muy avanzadas máquinas. Pero todo ese esteticismo parece ajeno a la trama. No se advierte apenas ninguna relación con la acción teatral, ninguna aclaración, ninguna ayuda que refuerce la historia. Más bien, al contrario, la estética visual distrae. El montaje da la sensación de ser una amalgama de discursos superpuestos, ajenos entre si. El teatro y la música quedan convertidos en pura anécdota, en un fondo sonoro que acompaña a estos fastuosos cuadros de luz. La dirección de escena marca movimiento generales, conduce al coro hacía unas coreografías mecánicas algo autistas, y descuida los detalles actorales de los cantantes. El primer reparto fue excelente. El espacio vacío no favorecía mucho la proyección de las voces, pero todas se oyeron con claridad. Roberto Frontali acometió magistralmente el papel de Rigoletto, con sobrada fuerza y adecuado dramatismo, algo perdido entre ese gélido ambiente. Gilda fue interpretada por Patricia Ciofi que se reservó sus mejores facultades y las dosificó. Fue ganando presencia en el transcurso de la representación, sobre todo en algunos momentos del segundo acto, que gustaron mucho y fueron premiados con calurosas ovaciones. Supo administrar astutamente sus éxitos, aunque no se implicó demasiado en este montaje y eso fue muy evidente. José Bros no estuvo mal como Duque de Mantua. Desplegó su pirotecnia vocal apretando un poco los agudos y eso el público no lo perdonó. La cantante Nino Surguladze puso en juego todo su talento en su breve pero intervención como Maddalena y a mí me gustó especialmente. Roberto Abbado (sobrino de Claudio Abbado) dirigió con dificultad una orquesta que atendía con brusquedad a sus indicaciones dinámicas. Tras sus recientes protestas, el coro habitual en estas funciones fue reemplazado por otra empresa. Pudimos disfrutar de un gran espectáculo, muy interesante, con muy buenas voces, pero inadecuado para un título tan melodramático y romántico como es Rigoletto.

 

(Fotografía: Javier del Real)

www.teatro-real.com