Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 30-7-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

El grito escenificado

Por Víctor Pliego de Andrés

Massacre. Música de Wolfgang Mitterer. Libreto del compositor y de Stefan Müller a partir del drama de Christopher Marlowe. Reparto: Elizabeth Calleo, Valérie Philippin, Nora Petročenko, Jean-Paul Bonnevalle, Lionel Peintre, Stéfany Ganachaud (bailarina). Remix Ensemble de Oporto. Escenografía: Sébastien Michaud. Vestuario: Fanny Brouste. Dirección musical: Peter Rundel. Dirección de escena: Ludovic Lagarde. Producción deT&M París en coproducción con Casa da Música de Oporto, Festival Música de Estrasburgo y Schauspielfrankfurt, con el soporte del Réseau Varèse y el Programa Cultura 2000 de la Unión Europea. Operadhoy, Teatro del Canal, Madrid, 12 y 13 de junio de 2009.

                                           

 

 

 

La masacre de París es el motivo empleado por el compositor Wolfgang Mitterer (Lienz, 1958) en este espectáculo. El libreto ha sido convenientemente reducido a partir del drama de Marlowe, sin que se pierda su sentido. El tema de fondo es el poder que instiga el fanatismo y que justifica de ese modo la violencia. Los cinco cantantes solistas hacen un trabajo espléndido y desgarrador, entre aullidos, gritos, alaridos y algún susurro. La pieza es un ensayo sobre el grito en sus distintas variantes.  La tecnología aporta una amplificación bien ajustada que ayuda, sin estorbar ni restar calidad a las voces, aunque estas no huyen de tonos que son a veces desagradables. Las líneas vocales se entremezclan con un tapiz sonoro vivísimo, lleno de citas, de sonidos fugaces, sugerentes, a veces identificables y otras veces no. El breve conjunto instrumental añade interesantes efectos en directo, sumando una especial y original calidad acústica. El director desempeña una tarea de coordinador más que de director en el sentido convencional del término. La puesta en escena es sobria e impecable. Los personajes hacen su aparición en calles de luz, dentro de una sobria caja negra, hieráticos y fantasmales. Una bailarina introduce el movimiento con varios desnudos que terminan por resultar redundantes. Pantallas con letras e imágenes conforman todo el decorado. Una cámara aporta primeros e inquietantes planos en directo. El espectáculo tiene una magnífica factura, pero escasa estructura. El tenso ambiente de violencia sorprende inicialmente para desembocar en cierta confusión. Las estupendas ocurrencias sonoras y visuales se agotan en los primeros minutos y en las sucesivas escenas aparecen escasas novedades. Hubo media entrada de incondicionales seguidores que apreciaron con sus aplausos la calidad del espectáculo.

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