Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día
30-7-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Festival sin riesgo

Por Víctor Pliego de Andrés

Viva Madrid. Una antología de la zarzuela. Intérpretes: Azucena López, María Maciá, Milagros Martín, Cristina Faus, Amparo Navarro, Marcelo Puente, Antonio Gandía, Javier Franco, Federico Gallar, Juan Carlos Barona. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Ballet. Rondalla. Figuración. Dirección musical: Miguel Roa. Dirección de escena: Jaime Martorell. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: Pedro Moreno y Alejandro Andujar. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo. Coreografía: Nuria Castejón. Dirección técnica: José Luis Tamayo. Teatros del Canal, Madrid, 17 al 28 de junio de 2009.

 

 

 

 

Para hacer honor a su ciudad, los Teatros del Canal han presentado la antología titulada Viva Madrid, que ofrece un recorrido zarzuelístico por la villa desde el ambiente goyesco hasta el más castizo. La función es lo que se llama un festival de zarzuela, basado una larga sucesión de números brillantes y muy conocidos, tomados de títulos como La verbena de la Paloma, La chulapona, La Gran Vía, Las Leandras, Luisa Fernanda, El último romántico, Don Manolito, La calesera, El tambor de granaderos, El barberillo de Lavapiés, Los claveles, El año pasado por agua, María Manuela, La del manojo de rosas, Doña Mariquita de mi corazón o Doña Francisquita. Son todos tan espectaculares que saturan un poco y se eclipsan algo, aunque se alternen algunos coros y bailes. Faltan momentos de menor intensidad, que permitan descansar un poco al oyente y conseguir algún tipo de ritmo dramático.  Los intérpretes se dejan llevar por la euforia y sobrecargan la dinámica. Los cantantes solistas, con doble reparto, tienden a gritar en sus intervenciones, procurando el favor del público, mientras que el coro se mostró delicado. El maestro Roa, atento a la escena, sincroniza todo muy bien, aunque la acústica de la caja escénica presenta algunas desigualdades: es magnífica en el primer término, pero no así cuando los cantantes se colocan atrás. Al fondo se advierte incluso una cierta reverberación metálica. La acústica de la sala es brillante, favorece a la orquesta aunque oscurece un poco la inteligibilidad de los textos cantados, que desafortunadamente no fueron sobretitulados. La puesta en escena aprovecha muy bien el espacio y los movimientos, con inteligencia y eficacia. El vestuario es colorista, la iluminación perfecta, el espacio diáfano, con elementos arquitectónicos austeros, movidos con precisión, y una gran pantalla con oportunas proyecciones. Aunque hay un toque de modernidad en los diseños, el concepto es completamente tradicional y no arriesga nada. Las funciones se llenaron y fueron un gran éxito de público. Todo el equipo artístico y los cantantes fueron calurosamente ovacionados.

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