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Viva Madrid. Una antología
de la zarzuela. Intérpretes:
Azucena López, María Maciá, Milagros Martín, Cristina Faus,
Amparo Navarro, Marcelo Puente, Antonio Gandía, Javier
Franco, Federico Gallar, Juan Carlos Barona. Orquesta
y Coro de la Comunidad
de Madrid. Ballet. Rondalla. Figuración. Dirección musical: Miguel Roa. Dirección
de escena: Jaime Martorell. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: Pedro
Moreno y Alejandro Andujar. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo. Coreografía: Nuria
Castejón. Dirección técnica: José Luis Tamayo. Teatros del Canal, Madrid, 17 al 28 de junio
de 2009.
Para hacer honor a su ciudad, los Teatros
del Canal han presentado la antología titulada Viva Madrid, que ofrece un recorrido zarzuelístico
por la villa desde el ambiente goyesco hasta el más castizo. La función es lo
que se llama un festival de zarzuela, basado una larga sucesión de números brillantes
y muy conocidos, tomados de títulos como La
verbena de la Paloma,
La chulapona, La Gran Vía,
Las Leandras, Luisa Fernanda, El último romántico, Don Manolito, La calesera,
El tambor de granaderos, El barberillo de Lavapiés,
Los claveles, El año pasado por agua, María Manuela,
La del manojo de rosas, Doña Mariquita de mi
corazón o Doña Francisquita. Son todos tan espectaculares que saturan un
poco y se eclipsan algo, aunque se alternen algunos coros y bailes. Faltan
momentos de menor intensidad, que permitan descansar un poco al oyente y
conseguir algún tipo de ritmo dramático. Los intérpretes se dejan llevar por la euforia
y sobrecargan la dinámica. Los cantantes solistas, con doble reparto, tienden
a gritar en sus intervenciones, procurando el favor del público, mientras que
el coro se mostró delicado. El maestro Roa, atento a la escena, sincroniza todo
muy bien, aunque la acústica de la caja escénica presenta algunas
desigualdades: es magnífica en el primer término, pero no así cuando los
cantantes se colocan atrás. Al fondo se advierte incluso una cierta
reverberación metálica. La acústica de la sala es brillante, favorece a la
orquesta aunque oscurece un poco la inteligibilidad de los textos cantados,
que desafortunadamente no fueron sobretitulados. La
puesta en escena aprovecha muy bien el espacio y los movimientos, con
inteligencia y eficacia. El vestuario es colorista, la iluminación perfecta, el
espacio diáfano, con elementos arquitectónicos austeros, movidos con precisión,
y una gran pantalla con oportunas proyecciones. Aunque hay un toque de
modernidad en los diseños, el concepto es completamente tradicional y no
arriesga nada. Las funciones se llenaron y fueron un gran éxito de público. Todo
el equipo artístico y los cantantes fueron calurosamente ovacionados.
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