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FILOMÚSICA Revista
musical de publicación en Internet |
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Altas las barbillas Espartaco. Ballet en tres actos. Música de Aram Kachaturian. Ballet del
Teatro Bolshoi de Rusia. Coreografía y libreto de Yuri Grigorovich. Director
musical y coproductor original: Gennadi Rosdesvenski. Director musical: Pavel Sorokin.
Escenógrafo y figurinista: Simon Visaladze. Bailarines principales: María Alexandrova, Anna Antoniecheva, Alexander Volchkov.
Solistas principales: Nina Kaptsova, Andrei Merkuriev, Ekaterina Shipulina. Primeros solistas:
Andrei Bolotin, Ekaternina
Krysanova, Anna Leonora, Ruslan
Pronin. Coro de
La presencia del Bolshoi siempre
es un gran acontecimiento. Su arte seduce por igual a los entendidos y a los
profanos. A su potencia y calidad técnica, suma una arrebatadora expresividad
y una vertiginosa fluidez. Espartaco es una producción de 1968, que, si
echamos cuantas, ya ha cumplido los cuarenta años de existencia y forma parte
de la historia viva del ballet. Poder ver una producción así suma a los otros
atractivos un grandísimo interés documental con los telones originales y un
concepto de la iluminación de aquellos tiempos. Es curioso el piso de tela,
acogedor, que produce un efecto silbante, y la separación de cuadros por
medio del telón negro. El teatro, el ballet, la danza, la tecnología teatral,
han evolucionado enormemente en estos últimos años, llegando a unos
vanguardismos que eran impensables, y conquistando un dramatismo que antaño
era difícil de conciliar con la técnica del ballet académico. Este
espectáculo es un viaje al pasado, donde la danza aún se articulaba en torno
a la narración lineal e ingenua. La coreografía resulta por eso clara para cualquier
tipo de público, como ocurre con los cuentos infantiles. Los bailarines son
impresionantes y funden el trabajo colectivo e individual en una disciplina
férrea. Todos los gestos y actitudes están perfectamente integrados, con las
barbillas siempre bien altas y las miradas desafiantes de quienes se saben
dioses de la escena, superhombres y supermujeres,
hechos con el polvo de las estrellas. Los brazos y las piernas trazan líneas
infinitas, maravillosas y fluidas bajo ese dominio y triunfo de la voluntad.
No hay desperdicio en el movimiento, que tiene fuerza y sentido desde la
primera entrada hasta la última salida. El atrezzo está muy bien llevado, y
baila como uno más, especialmente en las luchas. La orquesta despliega todo
su poderío en la partitura de Kachaturian, que es
moderna y cinematográfica. Madrid pudo entusiasmarse al abrir temporada con
un espectáculo tan grandioso y arrebatador con este. El paso de los años no
ha mermado en nada su fuerza. |
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