FILOMÚSICA

Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 31-10-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Altas las barbillas

Por Víctor Pliego de Andrés

Espartaco. Ballet en tres actos. Música de Aram Kachaturian. Ballet del Teatro Bolshoi de Rusia. Coreografía y libreto de Yuri Grigorovich. Director musical y coproductor original: Gennadi Rosdesvenski. Director musical: Pavel Sorokin. Escenógrafo y figurinista: Simon Visaladze. Bailarines principales: María Alexandrova, Anna Antoniecheva, Alexander Volchkov. Solistas principales: Nina Kaptsova, Andrei Merkuriev, Ekaterina Shipulina. Primeros solistas: Andrei Bolotin, Ekaternina Krysanova, Anna Leonora, Ruslan Pronin. Coro de la Comunidad de Madrid. Director: Jordi Casa Bayer. Orquesta Titular del Teatro Real. Producción del Bolshoi de 1968. Teatro Real de Madrid, 5 a 10 de septiembre de 2009.

 

 

                                                                       

La presencia del Bolshoi siempre es un gran acontecimiento. Su arte seduce por igual a los entendidos y a los profanos. A su potencia y calidad técnica, suma una arrebatadora expresividad y una vertiginosa fluidez.  Espartaco es una producción de 1968, que, si echamos cuantas, ya ha cumplido los cuarenta años de existencia y forma parte de la historia viva del ballet. Poder ver una producción así suma a los otros atractivos un grandísimo interés documental con los telones originales y un concepto de la iluminación de aquellos tiempos. Es curioso el piso de tela, acogedor, que produce un efecto silbante, y la separación de cuadros por medio del telón negro. El teatro, el ballet, la danza, la tecnología teatral, han evolucionado enormemente en estos últimos años, llegando a unos vanguardismos que eran impensables, y conquistando un dramatismo que antaño era difícil de conciliar con la técnica del ballet académico. Este espectáculo es un viaje al pasado, donde la danza aún se articulaba en torno a la narración lineal e ingenua. La coreografía resulta por eso clara para cualquier tipo de público, como ocurre con los cuentos infantiles. Los bailarines son impresionantes y funden el trabajo colectivo e individual en una disciplina férrea. Todos los gestos y actitudes están perfectamente integrados, con las barbillas siempre bien altas y las miradas desafiantes de quienes se saben dioses de la escena, superhombres y supermujeres, hechos con el polvo de las estrellas. Los brazos y las piernas trazan líneas infinitas, maravillosas y fluidas bajo ese dominio y triunfo de la voluntad. No hay desperdicio en el movimiento, que tiene fuerza y sentido desde la primera entrada hasta la última salida. El atrezzo está muy bien llevado, y baila como uno más, especialmente en las luchas. La orquesta despliega todo su poderío en la partitura de Kachaturian, que es moderna y cinematográfica. Madrid pudo entusiasmarse al abrir temporada con un espectáculo tan grandioso y arrebatador con este. El paso de los años no ha mermado en nada su fuerza.

www.teatro-real.com