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FILOMÚSICA Revista
musical de publicación en Internet |
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Rossini con ojos de niño L’italiana in Algeri. Música de
Gioacchino Rossini. Libreto de Angelo Anelli, basado en la obra homónima de Luigi
Mosca. Reparto: Michele Pertusi
/ Nicola Ulivieri, Vesselina Kasarova / Silvia Tro Santafé, Maxim Mironov / David Alegret, Carlos Chausson /
Paolo Bordogna, Borja Quiza,
Lavinia Rodríguez / Eugenia Enguita, Angélica
Mansilla / Marifé Nogales. Director musical; Jesús
López Cobos. Director de escena: Joan Font (Comediants). Escenógrafo y figurinista: Joan Guillén. Iluminador:
Albert Faura. Coreógrafo: Xevi
Dorca. Director del coro: Jordi Casas Bayer. Coro de
En L’italiana en Algeri nos
ha sorprendido la vena luminosa y mediterránea de López Cobos, que a pesar de
su origen zamorano tiene alma teutona. La burbujeante música de Rossini le ha inspirado una interpretación muy suelta y
fresca. Seguramente también ha influido la personalidad juguetona de Joan Font (Comediants), que ha
derrochado ideas en su puesta en escena, con un espíritu entusiasta a la par
ingenuo, con una mirada de niño. Su personalidad arrolladora se deja sentir
en la función, a pesar de que muchas de sus genialidades no desembocan en
buen puerto y algunos movimientos de escena resulten superfluos. La italiana
recala en un país de las maravillas lleno de ocurrencias inesperadas y magia
visual. La plástica de Joan Guillén es colorista e ingeniosa, pero le falta unidad
y recurre a demasiados tópicos. Es un montaje vistoso, agradecido y resultón,
pero que da sensación de haberse quedado en el camino. Gustan mucho las
coreografías de gestos y el león que acompaña al Bey.
El reparto es magnífico: Vesselina Kasarova (Isabella) y Carlos Chausson (Taddeo) son los
mejores del primer reparto por su poder vocal, calidez, presencia escénica y
veteranía. Entran, como los otros
cantantes, en el juego escénico propuesto con entrega y gracia. Sorprendió Maxim Mironov, que acudió por
primera a este teatro, por su voz singular, brillante y ágil, en el papel de Lindoro. El coro supera las dificultades derivadas de una
colocación casi siempre abierta e incómoda desde el punto de vista acústico.
Tras la provocación de abrir temporada con la arriesgada y truculenta
producción de Lulú, el Teatro Real
recupera con Rossini la línea que más gusta a los
aficionados tradicionales. La función es una fiesta. (Fotografía: Javier del Real) |
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