FILOMÚSICA

Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 31-10-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

A pesar de Amargo

Por Víctor Pliego de Andrés

La difícil sencillez. Dirección y coreografía: Rafael Amargo. Dirección de escena y dramaturgia: Rafael Amargo y Pilar Távora / Música y Dirección Musical: José Luis Montón y Juan Parrilla / Diseño de vestuario: Francis Montesinos / Diseño de Iluminación: Nicolás Fischtel (AAI) / Dirección y coreografía: Rafael Amargo / Bailaoras: Eli Ayala, Vanesa Gálvez (La lirio), Melisa Maciuk, Yolanda Rodríguez, Cristina Montalvo / Bailaores: Nacho Blanco, Rubén Puertas, Ricardo Serrano, y Rafael Amargo / Repetidora de la compañía: Vanesa galvez (la lirio) / Músicos: José Luis Montón (guitarra), Jesús Losada (guitarra), Eduardo Cortés (guitarra), Maite Maya (cantaora), Gabriel de la Tomasa (cantaor), Juan Parrilla (Flauta), Susana Rico (violonchelo), Antonio Jiménez (cajón), José Antonio Lage (viola) y la colaboración especial de María la Coneja, Curro Albaicín y Pilar Távora/ Artista invitado: Manuel Molina. Teatros del Canal, Madrid, 20 de agosto a 20 de septiembre de 2009.

 

Rafael Amargo ha inaugurado en agosto la temporada de los Teatros del Canal de Madrid con un bello espectáculo que se inspira en la conferencia “Juego y teoría del duende” de Federico García Lorca. La función es amena, variada y compleja, en cierta discrepancia con su título: “La difícil sencillez”. Hay baile, música, cante, proyecciones y textos que siguen distintos trazos inspirados por el texto de Lorca. La coreografía de Amargo no tiene interés y es una disculpa para sostener un espectáculo vistoso, concebido por Pilar Távora. Las imágenes y estampas, que evocan algunos cuadros de Julio Romero de Torres, tienen en general más fuerza que los bailes. Amargo acapara un protagonismo excesivo, como solista y coreógrafo. Arranca aplausos con su ampulosidad, pero no convence. Sin embargo, se rodea de artistas estupendos, que aportan los mejores momentos de la velada. Las intervenciones de Manuel Molina, al cante y al toque, evocando a los viejos ciegos copleros, son las más ovacionadas. Está sembrado. María la Coneja, que tiene una presencia cautivadora, nos regala con su arte lleno emoción. La música en directo, dirigida por Juan Parilla y José Luis Monelón, está arreglada con muy buen gusto, aportando a la representación una calidad constante. Los cantaores y tocaores muestran su buen hacer. Amargo retorna a García Lorca, tras realizar hace años un precioso montaje sobre “Poeta en Nueva York”. El propio García Lorca dice en su conferencia sobre el duende que “un muerto en España está más vivo que muerto que en ningún sitio del mundo”. Esta profecía se podría aplicar el poeta a si mismo, especialmente ahora que la exhumación de su cuerpo parece ser inminente (¿Será casualidad, oportunismo o devoción?). Lorca ve el duende en la necrofilia hispana, y así la muerte es un hilo fundamental del espectáculo que concluye, paradójicamente, siendo bastante festivo. “La difícil sencillez” recorre diversos tópicos patrios. “Parece pensado para guiris”, comentaban unas aficionadas a la salida. Así vemos una corrida malamente simulada que sirve para introducir el “Llanto Ignacio por Sánchez Mejías”, recitado por la directora de escena con escaso acierto y demasiados jadeos. Todos los cuadros están muy bien armados y medidos por Pilar Távora, aunque los encadena con precipitación, sin dejar tiempo para que el público aplauda a los artistas como gustaría. Los audiovisuales, la iluminación y el vestuario realzan todo adecuadamente, dando como resultado un bonito espectáculo que funciona bien en su conjunto y que gusta a los aficionados, pero sin levantar pasiones.

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