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Gran escenario sonoro Aura. Música de José María Sánchez-Verdú. Libreto del
compositor a partir de la novela homónima de Carlos Fuentes. Neue Vocalsolisten Stuttgart. Intérpretes: Sarah
María Sun, Truike van der
Piel, Andreas Fischer,
Martín Nagy, Guillermo Anzorena.
Kammerensemble
Neue Musik. Dúo de acordeones: Iñaki Alberdi e Íñigo Aizpolea. Auraphon: Joachim Haas. Dirección musical: José María Sánchez-Verdú. Dirección de escena: Susanne Ølgænd. Escenografía y vestuario: Mascha Mazur. Iluminación: Andreas Fuchs. Vídeo: Jan Speckenbach. Poruducción de la
red ENTREPARTS (operadhoy,
Musik Jahrhunderte Stuttgart y
José María Sánchez-Verdú ha escrito para esta ópera una
partitura de timbres sorprendentes, sutiles, inescrutables. Su fantasía nos
demuestra que aún hoy en día hay mucho que inventar con el juego de los
sonidos. Las vanguardias del siglo pasado no agotaron las posibilidades,
aunque llevaran muchas de ellas hasta el límite de sus posibilidades. La
plantilla utilizada se basa en un quinteto de cuerda, al que se añaden dos acordeones
en lados opuestos, flautas y tuba baja. Con estos mimbres, el compositor teje
un gran tapiz sonoro, de una profundidad sinfónica. También aparece aquí por
primera vez un nuevo instrumento que han inventado el compositor y Joachim Haas en el Experimental
Studio de La partitura crea su propio espacio sonoro, su propio
paisaje sonoro, y alza un decorado auditivo mucho más poderoso que la
escenografía. La acción escénica es intensa pero incomprensible, lo cual le
resta eficacia teatral, pues produce cierto estatismo escénico. Es la música
la que construye la narración. Hay un clima de misterio que desemboca en
escenas de terror, dentro de una tensión constante, de un dramatismo sin
clara narración lineal. Creo que para entender la trama no queda más remedio
que estudiar previamente la novela de Carlos Fuentes sobre el joven
historiador contratado por una viuda para ordenar el archivo del general
Llorente. Sánchez-Verdú yuxtapone su creación a la pieza literaria, buscando
claramente la autonomía entre la música y la palabra. El libreto, aliñado por
el propio compositor, es extremadamente conciso y se convierte apenas en un
pretexto para sostener el poderoso e intenso discurso musical, que adquiere
el máximo protagonismo. A todo ello se superpone un tercer discurso
configurado por la proyección casi constante del vídeo creado Jan Speckenbach, que añade a la
producción una grandilocuencia verdaderamente operística. El trabajo videográfico
es magnífico y su realización técnica impecable, con un ajuste milimétrico
sobre la estructura de andamios y paños blancos que conforman el espacio
escénico concebido por Mascha Mazur.
En las notas del programa de mano, Tomás Marco reivindica la naturaleza
operística de este tipo de creaciones que trascienden al teatro musical o a un
concierto dramatizado. En este caso, aún estando ausente una clara línea
dramática, no cabe duda de que la pieza tiene unas proporciones dignas del
gran teatro lírico. Sánchez-Verdú ha construido una pieza monumental con
medios aparentemente austeros, pero muy bien explotados. Fotografía:
Claudio de Casas |