Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 3-6-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Gran escenario sonoro

Por Víctor Pliego de Andrés

 

Aura. Música de José María Sánchez-Verdú. Libreto del compositor a partir de la novela homónima de Carlos Fuentes. Neue Vocalsolisten Stuttgart. Intérpretes: Sarah María Sun, Truike van der Piel, Andreas Fischer, Martín Nagy, Guillermo Anzorena. Kammerensemble Neue Musik. Dúo de acordeones: Iñaki Alberdi e Íñigo Aizpolea. Auraphon: Joachim Haas. Dirección musical: José María Sánchez-Verdú. Dirección de escena: Susanne Ølgænd. Escenografía y vestuario: Mascha Mazur. Iluminación: Andreas Fuchs. Vídeo: Jan Speckenbach. Poruducción de la red ENTREPARTS (operadhoy, Musik Jahrhunderte Stuttgart y La Biennale di Venecia), con la colaboración del Experimental Studio für akustische Kunst e.v. Friburg. Con el apoyo de la Unión Europea y de la Kunststiftung des Bundes de Alemania. Teatro de la Zarzuela, 20 y 31 de mayo de 2009.

 

 

José María Sánchez-Verdú ha escrito para esta ópera una partitura de timbres sorprendentes, sutiles, inescrutables. Su fantasía nos demuestra que aún hoy en día hay mucho que inventar con el juego de los sonidos. Las vanguardias del siglo pasado no agotaron las posibilidades, aunque llevaran muchas de ellas hasta el límite de sus posibilidades. La plantilla utilizada se basa en un quinteto de cuerda, al que se añaden dos acordeones en lados opuestos, flautas y tuba baja. Con estos mimbres, el compositor teje un gran tapiz sonoro, de una profundidad sinfónica. También aparece aquí por primera vez un nuevo instrumento que han inventado el compositor y Joachim Haas en el Experimental Studio de la SWR de Freiburg y que han bautizado como Auraphon en honor a la ópera estrenada. Esta novedad consiste en cinco gongs de distintos tamaños, distribuidos por el escenario y conectados con los cantantes y con varios instrumentos mediante un sistema de micrófonos y altavoces. Vibran y producen resonancias controladas desde la mesa de mezclas, creando un ambiente misterio, un “aura” sonora muy sutil. Las voces tienen un tratamiento esencialmente instrumental, y la fusión de todos los elementos sonoros es perfecta, aunque el texto se pierde en este gran espacio sonoro. Aparecen tres personajes-cantantes acompañados de un mini-coro de solamente dos voces masculinas.

 

La partitura crea su propio espacio sonoro, su propio paisaje sonoro, y alza un decorado auditivo mucho más poderoso que la escenografía. La acción escénica es intensa pero incomprensible, lo cual le resta eficacia teatral, pues produce cierto estatismo escénico. Es la música la que construye la narración. Hay un clima de misterio que desemboca en escenas de terror, dentro de una tensión constante, de un dramatismo sin clara narración lineal. Creo que para entender la trama no queda más remedio que estudiar previamente la novela de Carlos Fuentes sobre el joven historiador contratado por una viuda para ordenar el archivo del general Llorente. Sánchez-Verdú yuxtapone su creación a la pieza literaria, buscando claramente la autonomía entre la música y la palabra. El libreto, aliñado por el propio compositor, es extremadamente conciso y se convierte apenas en un pretexto para sostener el poderoso e intenso discurso musical, que adquiere el máximo protagonismo. A todo ello se superpone un tercer discurso configurado por la proyección casi constante del vídeo creado Jan Speckenbach, que añade a la producción una grandilocuencia verdaderamente operística. El trabajo videográfico es magnífico y su realización técnica impecable, con un ajuste milimétrico sobre la estructura de andamios y paños blancos que conforman el espacio escénico concebido por Mascha Mazur. En las notas del programa de mano, Tomás Marco reivindica la naturaleza operística de este tipo de creaciones que trascienden al teatro musical o a un concierto dramatizado. En este caso, aún estando ausente una clara línea dramática, no cabe duda de que la pieza tiene unas proporciones dignas del gran teatro lírico. Sánchez-Verdú ha construido una pieza monumental con medios aparentemente austeros, pero muy bien explotados.

 

Fotografía: Claudio de Casas

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