Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 24-1-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Músicos de ahora y de mañana

Por Víctor Pliego de Andrés

Cuatro piezas para orquesta, de Cristóbal Halffter. El Mar de las Calmas, Antón Gracía Abril, El Mandarín Maravilloso, de Béla Bartók. Joven Orquesta Nacional de España. Director: Miguel Romea. Auditorio Nacional de Música. Madrid, 19 de enero de 2009.

 

La Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) vive un momento excelente. Tiene un sonido espectacular y un gran equilibrio  entre todas las secciones. Se nota que el nivel de los jóvenes instrumentistas no deja de subir. En los últimos lustros, la formación orquestal, que antes era casi inexistente, ha recibido un gran impulso en los conservatorios y los resultados están a la vista. Además, las jóvenes orquestas están de moda: justifican la función social y educativa de la música clásica, salen más baratas que las orquestas profesionales y, en muchos casos, ofrecen resultados mejores. Cuentan con una mano de obra cualificada, barata y entusiasta. La cosa cambia mucho cuando pasan a ser profesionales y plantean sus lógicas exigencias profesionales. El paso de ser becario a ser asalariado puede ser muy duro. La JONDE se presentó con músicas del siglo XX adecuadamente escogidas para lucir un sonido poderoso y para quitar el miedo que muchos músicos puedan tener al repertorio más moderno. Es necesario acostumbrar a los músicos y al público a familiarizarse con una época que ya es historia y que ofrece músicas tan diversas como valiosas. Las que conformaron este programa eran piezas excelentes, efectistas y fáciles de escuchar. Se tocaron obras de dos maestros españoles consagrados. Las Cuatro piezas para orquesta de Cristóbal Halffter son el resultado de un reciente encargo del Palau de la Música de Valencia. Son cuatro movimientos espectaculares en los cuales Halffter confirma una vez más su dominio de las grandes masas sonoras y de los contrastes orquestales. Antón García Abril compuso El Mar de las Calmas para el Festival Internacional de Música de Canarias, y en esta obra hace un claro homenaje a la cultura de las islas, entrelazado sutilmente melodías tradicionales en un evocador tapiz sinfónico. El programa se completó con El Mandarín Maravilloso, de Béla Bartók, una pieza de 1919 que conserva toda su frescura y brillantez. La orquesta pudo desplegar sus efectivos de forma ordenada. El repertorio ayudó a los músicos a tocar con todo el brío que las piezas requerían, rompiendo con la timidez que a veces pueden mostrar los jóvenes instrumentistas. El maestro Miguel Romea desarrolló un excelente trabajo artístico y pedagógico, dirigiendo la orquesta con precisión, confianza y claridad, pero también con mucha expresividad. Es un gran músico y “además” un magnífico maestro. El concierto se remató con dos propinas lucidas: las Danzas de Galanta de Zoltan Kodály y una inesperada versión de Suspiros de España. Fue un concierto espectacular, con un programa atractivo y unos intérpretes excelentes, pero el Auditorio Nacional solo se llenó a medias. ¿Tienen que venir las jóvenes orquesta de Latinoamérica para que llenar el auditorio? Tal vez en este país no valoramos lo que tenemos, o no lo sabemos “vender”.

http://jonde.mcu.es/

 

http://www.auditorionacional.mcu.es/