Revista musical de publicación en Internet
(crítica publicada el día 24-1-2009)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Ruiseñor que canta en ruso

Por Víctor Pliego de Andrés

Oedipus Rex, ópera-oratorio de Igor Stravisnky con libreto de Jean Cocteau. Le rossignol, cuento lírico en tres actos de Igos Stravinsky basado en la obra original de Hans Christian Andersen. Reparto: Alexander Timchenko, Zlata Bluycheva, Olga Savova, Evgeny Nikitin, Alexei Tanovitski, Andrei Popov, Evgeny Nikitin, Alexei Emlyanov, Olga Trifonova, Marina Shaguch, Eduard Tsanga. Coro y Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Director musical: Valery Gergiev. Director del coro: Andrei Petrenko. Teatro Real, Madrid, 20 y 21 de enero de 2009.

Fotografía: Javier del Real

Coincidiendo con las funciones de La carrera del libertino, el Teatro Real ha organizado dos sesiones paralelas en las que la Orquesta y Coro del Teatro Mariinsky de San Petersburgo ha ofrecido en versión concierto y en programa doble dos pequeñas óperas de Stravinsky. Tal vez llamarlas óperas sea excesivo, pues su dramaturgia presenta ciertas limitaciones, pero son dos pequeñas joyas de música escénica. Es frecuente presentarlas tanto en concierto como en escena. Oedipus Rex tiene un aire de cantata latina, puesto que además utiliza el latín, aunque hay un narrador que va explicando lo que ocurre. La versión original es en francés, pero en esta producción venida de San Petersburgo el narrador se explicó en ruso. El actor Alexei Emelyanov demostró tener una voz magnífica, un gran sentido del espacio acústico y un estupendo oído musical. Poco importa en la ópera que se utilice una u otra lengua, pues los sobretítulos facilitan la comprensión de todas. ¡Ya demás las partes cantadas están en latín! Le rossignol fue cantando íntegramente en ruso, y no en el francés original. Tuvimos música rusa, interpretada por rusos, que pusieron de relieve la pujanza de su tradición musical y cultural. Tal vez sea esa la explicación de que el nombre del compositor apareciera en la documentación del Teatro Real terminado en “i” latina, empleando una inusual fomar, en vez de la habitual terminada en “y” griega; tal vez para recuperar a un artista y a un apellido de su occidentalización en el exilio.

Las ópera en concierto pueden resultar, sin su parte escénica, algo pesadas, pero no fue este el caso. La música de Stravinsky es fantástica y está llena de vida;  ambas obras son distintas en su estilo y ofrecen un díptico variado y contrastado; y los intérpretes no pudieron ser mejores. Destacó la bella línea del tenor Alexander Timchenko frente al previsible poderío de los bajos, y el coro también hizo un papel excelente. También pudo lucirse con sus coloraturas Orla Trifonova en el papel del Ruiseñor. Nada que objetar a los cantantes salvo cierta falta de dramatismo. El protagonismo absoluto recayó en la orquesta del Teatro Mariinsky, dirigida por Gergiev, más atento a los instrumentos que a las voces. Todas las orquestas de ópera ganan muchísimo cuando salen del foso: las condiciones acústicas son más favorables en la superficie, pero también se nota como sube su autoestima y sus ganas de resplandecer. El conjunto de San Petersburgo tiene un sonido incisivo y contunde, a la par que satinado, noble y cálido en todas sus secciones. El maestro es un tanto impulsivo e histriónico; lo que pierde en sutilezas lo gana en fuerza expresiva. Tiene mucha autoridad y suficiencia, aunque dirigió sin podio para tener movimientos más libres. El sonido estuvo muy cuidado; no tanto ciertos detalles contrapuntísticos. El protagonismo orquestal se confirmó con unas amplias y generosas propinas, algo que es totalmente desacostumbrado en sesión de ópera, aunque sea en concierto. La orquesta se arrancó con una espectacular versión de los tres primeros números de la suite de 1911 de El pájaro de fuego, que dejó a todos sin respiración, y se remató con el poema sinfónico Baba yaga (La bruja) de Anatoli Liadov, maestro de Stranvinsky en San Petersburgo. El público, que recibió con cierta frialdad ambas óperas, se animó un poco más con estos inesperados postres. El efectismo consiguió triunfar con unas versiones de primera calidad.

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