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Ruiseñor que canta en ruso Oedipus Rex, ópera-oratorio
de Igor Stravisnky con
libreto de Jean Cocteau. Le rossignol, cuento
lírico en tres actos de Igos Stravinsky
basado en la obra original de Hans Christian Andersen. Reparto:
Alexander Timchenko, Zlata
Bluycheva, Olga Savova, Evgeny Nikitin, Alexei Tanovitski, Andrei Popov, Evgeny Nikitin, Alexei Emlyanov, Olga Trifonova, Marina Shaguch, Eduard Tsanga. Coro y Orquesta
del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Director
musical: Valery Gergiev. Director del coro: Andrei Petrenko. Teatro Real,
Madrid, 20 y 21 de enero de 2009.
Fotografía: Javier del Real Coincidiendo
con las funciones de La carrera del
libertino, el Teatro Real ha organizado dos sesiones paralelas en las que
Las
ópera en concierto pueden resultar, sin su parte escénica, algo pesadas, pero
no fue este el caso. La música de Stravinsky es
fantástica y está llena de vida; ambas
obras son distintas en su estilo y ofrecen un díptico variado y contrastado;
y los intérpretes no pudieron ser mejores. Destacó la bella línea del tenor
Alexander Timchenko frente al previsible poderío de
los bajos, y el coro también hizo un papel excelente. También pudo lucirse
con sus coloraturas Orla Trifonova en el papel del
Ruiseñor. Nada que objetar a los cantantes salvo cierta falta de dramatismo. El
protagonismo absoluto recayó en la orquesta del Teatro Mariinsky,
dirigida por Gergiev, más atento a los instrumentos
que a las voces. Todas las orquestas de ópera ganan muchísimo cuando salen
del foso: las condiciones acústicas son más favorables en la superficie, pero
también se nota como sube su autoestima y sus ganas de resplandecer. El
conjunto de San Petersburgo tiene un sonido incisivo y contunde, a la par que
satinado, noble y cálido en todas sus secciones. El maestro es un tanto
impulsivo e histriónico; lo que pierde en sutilezas lo gana en fuerza
expresiva. Tiene mucha autoridad y suficiencia, aunque dirigió sin podio para
tener movimientos más libres. El sonido estuvo muy cuidado; no tanto ciertos detalles
contrapuntísticos. El protagonismo orquestal se
confirmó con unas amplias y generosas propinas, algo que es totalmente
desacostumbrado en sesión de ópera, aunque sea en concierto. La orquesta se
arrancó con una espectacular versión de los tres primeros números de la suite
de 1911 de El pájaro de fuego, que dejó a todos sin respiración, y se remató
con el poema sinfónico Baba yaga (La
bruja) de
Anatoli Liadov, maestro
de Stranvinsky en San Petersburgo. El público, que recibió
con cierta frialdad ambas óperas, se animó un poco más con estos inesperados
postres. El efectismo consiguió triunfar con unas versiones de primera
calidad. |