Ballet neonato La Bayadera (La bailarina del templo). Ballet en tres actos. Coreografía de Natalia Makarova basada en la original de Marius Petipa. Música de Ludwig Minkus. Libreto de Petipa y Kuschelokov inspirado en Kalidesa. Corella Ballet - Castilla y León. Reparto: Iain Mackay, Natalia Tapia, Adiarys Almeida, Kirill Radev. Escenógrafo: Pier Luigi Samaritani. Figurinista: Theoni V. Aldredge. Iluminador: José Luis Fiorruccio. Director musical: Philipp Ellis. Orquesta Titular del Teatro Real. Producción del Teatro Colón de Buenos Aires. Teatro Real de Madrid, del 4 al 10 de septiembre de 2008. Crear una compañía de ballet clásico es una empresa ambiciosa y meritoria que llena un gran hueco en nuestro país. Tras diversas pruebas de selección, Corella ha reunido un joven elenco constituido por medio centenar de bailarines y bailarinas de todo el mundo. Ángel Corella quiere cumplir un sueño: lograr para que los bailarines de nuestro país no tengan que marcharse necesariamente a otros lugares para desarrollar plenamente su formación y su actividad profesional. A través de su fundación, Corella quiere promover el ballet clásico en España; también pretende crear una Residencia Escuela. Cuenta en sus proyectos con el apoyo del Gobierno de Castilla y León. El ballet clásico es un género con grandes exigencias técnicas y de producción. No abunda en España, aunque nuestro país ha dado figuras insignes de fama internacional, como el propio Corella o Tamara Rojo, y también ha acogido a estrellas míticas como Maya Plisetskaya. La compañía de Corella se ha presentado en el Teatro Real de Madrid con un gran título del repertorio: La bayadera. Es una pieza que requiere magníficos solistas y también un gran cuerpo de baile. Probablemente los aficionados expertos, los profesionales y los investigadores habrán disfrutado más que el público general. No es frecuente verlo completo, con sus tres horas de duración y sus 36 bailarinas del cuerpo de baile (24 en esta ocasión). La bayadera es una mezcla de danza y narración que contiene un poco de todo: tragedia, pantomima, magia, números virtuosísticos, y un “acto blanco” muy apreciado por los especialistas y que tiene gran importancia en la evolución histórica del ballet clásico. La versión de la Compañía de Corella es apreciable, pero también se nota que estamos ante una compañía incipiente que aún tiene camino que andar. Se advierte aspereza y tensión en los movimientos; el esfuerzo que hacen es un poco evidente y resta fluidez. Al cuerpo de baile femenino aún le falta mejorar el trabajo de conjunto, pero los solistas que han alternado en el reparto, encabezados por Corella, que ha protagonizado tres de las seis funciones, fueron estupendos. El día 9 pudimos ver a una expresiva Natalia Tapia, en el papel de Nikiya, la bayadera, a un poderoso Iain Mackay como Solor, y una enérgica Adiarys Almeida como Gamzatti. La producción, procedente del Teatro Colón de Buenos Aires, es antigua e historicista. Los telones pintados con perspectivas y rompimientos evocan los decorados del siglo XIX que aún no eran “escenográficos”. Es una opción económica y respetable que a mí, personalmente, me gusta mucho y me parece muy melancólica; perfectamente adecuada a un ballet clásico de museo como es La bayadera . Pienso que en el teatro pueden alternar perfectamente propuestas actuales con otras historicistas, de igual modo que en los auditorios podemos escuchar orquestas modernas o de instrumentos “antiguos”. La iluminación fue pobre y deslució tanto las actuaciones como el vestuario. Iluminación y caracterización son dos áreas que han progresado mucho y que no admiten los retrocesos “históricos” que si podemos asumir en otros aspectos plásticos. Destacó la música, tanto por la genial la partitura de Minkus, eficacísima y divertida, como por la interpretación viva de la orquesta dirigida con acierto por el maestro Ellis. Fotografía: Javier del Real |