Homenaje personal Brossalabrossotdebrosssat. Un desconcertante homenaje músico-poético-audiovisual de Carles Santos al poeta, pintor, dramaturgo, director y amigo Joan Brossa. Creación, guión, espacio escénico, piano intervenido y dirección: Carles Santos. Traducción al castellano: Alfonso Alegre, Victoria Padilla. Intérpretes: Inés Borrás, Antonio Comas, Mónica López, Josep Maria Mestres. Iluminación: Luis Martí. Sonido: Damien Bazin. Coreografías: Montse Colomé, Toni Jodar. Teatro de la Abadía de Madrid, del 1 al 5 de octubre de 2008. Carles Santos ha realizado un homenaje personal al genial artista Joan Brossa (1919-1998) lleno de guiños a su obra, a sus gustos, a sus claves privadas, como resultado de experiencias que ambos creadores compartieron en tiempos heroicos para las vanguardias. El resultado es una sucesión de números variados que encadenan músicas, proyecciones, teatro, poesía, movimientos… haciendo del teatro domicilio de todas las artes, rompiendo las fronteras entre unos y otros modos de expresión. Hay en el espectáculo más de Carles Santos, de su personalidad única, excesiva y fallera, que de la poesía concreta, limpia y austera de Brossa. El simpar Carles Santos se debe a las vanguardias de los sesenta y setenta, pero aún tiene la virtud de sorprender a algún espectador, que no disgustar, como antaño; aunque casi todos saben a lo que van dado que muchos asistentes pertenecen al reducido pero tenaz grupo de adeptos que tiene en Madrid. El espectáculo incluye una miscelánea de poemas de Brossa y de su teatro, con el primer acto de Sabater (1957), así como escenas de El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg (1971), de los 56 pianos bailarines de Gold Diggers (1935), del Concert irregular de Brossa y Santos (1967), un lied de Brahms, música de Wagner, de Pierre Henry o ideas de Cage. Entre tantas cosas brillaron con luz propia las piezas escénicas de Brossa, su presencia en la pantalla y su poesía, a pesar de la manera litánica en que fue escupida en un ejercicio gimnástico. El espectáculo es complejo y se desarrolla con precisión de relojería, lo cual resta espontaneidad a aquellas locas propuestas que en su tiempo fueron más repentizadas. Los actores siguen el guión con aplicación y variadas habilidades físicas y musicales, pero carecen de la loca persuasión que tienen las actuaciones del propio Carles Santos, que aquí no sube al escenario. ¡Se le hecha de menos! ¡Su pasión es insustituible en escena! Este bonito homenaje tuvo algo de clase magistral, con ilustraciones en directo, de historia de las vanguardias. Sorprende que aquel país pudiera dar entonces un artista como Brossa. |