El gesto y la esencia El Corazón de Piedra Verde. Ballet inspirado en la novela de Salvador de Madariaga. Idea Original y Coreografía: José Antonio. Música: José Nieto. Artistas Invitados: Carlos Rodríguez y Primitivo Daza. Bailarines Principales: Ana Moya, Elena Algado, Miguel A. Corbacho. Primeros Bailarines: Cristina Gómez, Esther Jurado, Jesús Carmona, Sergio García. Grabación Musical: Orquesta Andrés Segovia bajo la Dirección Musical de José de Eusebio. Dirección de Escena: José Antonio. Guión Adaptado: José Nieto y José Antonio. Diseño de Vestuario: Ivonne Blake. Diseño de Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (A.A.I.). Diseño de Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Ballet Nacional de España. Teatro de la Zarzuela, Madrid del 3 al 19 de octubre de 2008. Estreno absoluto. El Ballet Nacional de España fue fundado en 1978 y tuvo como primer director al incomparable Gades. Cumple ahora treinta años estrenando un ambicioso ballet de José Antonio, El corazón de piedra verde, inspirado en una novela de Salvador de Madariaga de 700 páginas. La música ha sido compuesta por el maestro José Nieto. Aunque toda la compañía hace un magnífico trabajo de conjunto, el resultado es decepcionante. La idea de levantar un gran ballet dramático, al estilo de los grandes ballets clásicos del siglo XIX, es hoy en día arriesgada. Con todo, podría ser un punto de partida legítimo. Pero el texto de Madariaga sobre la conquista de México es largo y complejo. La sinopsis resulta confusa y cae en tópicos trasnochados. La presencia de aztecas bailando danzas indígenas de inspiración española resulta cuando menos chocante, con el añadido de unos disfraces “evocadores” y varios desnudos un poco gratuitos. La aparición de los conquistadores armados no se queda atrás en su tono paródico. La belleza de algunos números no consigue contrarrestar la trivialidad de las pantomimas y carreritas que rellenan los enlaces. Falta vuelo e ingenio en la propia concepción de una pieza que parece querer retar a los grandes ballets clásicos en un perdido y extemporáneo desafío. El ballet español se debe a sus raíces y su estilo requiere el respeto a unas determinadas condiciones. Puede ser un lenguaje apto para traducir epopeyas y mitos universales, incluso para hacer novedosas fusiones, mientras no se quede solo en el gesto. Sobra la presencia del coreógrafo al principio y al final del espectáculo; asume un innecesario protagonismo que no añade nada a la función. La partitura sinfónica de Nieto es larga y compleja, pero tampoco atina. La música resulta ampulosa y dificulta la visión de la danza porque no deja concentrarse en la escena. No administra los silencios, ni los motivos, ni las tensiones, siempre sostenidas. También está atestada de tópicos como el empleo de digeridoos australianos, coros de de Juan del Encina, percusiones “indigenistas”, contratenor (Carlos Mena) y cantaora (Tamara Escudero). Como efectos sonoros pueden ser efectivos de forma puntual, pero aquí empalagan durante un par de horas. La grabación efectuada para las funciones es tan mala como la sonorización que de ella se hace. Una producción de esta envergadura debería haber cuidado mejor estos detalles fundamentales. El trabajo artístico de los profesores de la Orquesta Andrés Segovia, dirigida por José de Eusebio, queda irremediablemente empañado por estas graves deficiencias técnicas. Junto a los bailarines de la compañía, cabe destacar la presencia poderosa de Carlos Rodríguez y de Primitivo Daza como artistas invitados. También resulta atractivo el espacio escénico concebido por Ricardo Sánchez Cuerda con una sutil iluminación de Juan Gómez Cornejo y unas interesantes proyecciones. ¡Qué lástima ver tantos esfuerzos invertidos en una empresa fallida! |