Revista mensual de publicación en Internet
Número 88º (Addenda)

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <


El dandi cantor

Por Víctor Pliego de Andrés

Recital de Lieder de Franz Peter Schubert: Wiederschein, Der Winterabend, Die Sterne, Schwanengesang. Ian Bostridge (tenor) y Graham Johnson (piano). XV Ciclo de Lied. Teatro de la Zarzuela , Madrid, 3 de noviembre de 2008.

Ian Bostridge es un caballero sobre el escenario. Se presenta con desenfado ante la audiencia, muy elegante y muy británico: largo y delgado, quebrado en un desenvuelto apoyo, sin corbata, con los dedos en los bolsillos, flequillo causalmente caído… Es la presentación de un intérprete formado en Oxford que busca la naturalidad, el tono íntimo y doméstico del Lied sin perder la elegancia. Y su voz es lo que su aspecto anticipa: elegante y todo lo natural que puede ser una voz de formación inglesa, que por tradición no usa tanto pecho como en los países del sur. Los adornos y agilidades no están, lo cual hace que su emisión sea poco natural, pero ese detalle no molesta ante esta música intimista y sin grandes compromisos técnicos. La calidez de su timbre y dicción hacen dudar en ocasiones de que sea un tenor; su voz se muestra algo abaritonada, dúctil y clara. El texto se entiende siempre bien, como debe ser en este repertorio que une música y poesía. Bostridge es un cantante con gran personalidad, con unas cualidades extraordinarias y con una especial inteligencia a la hora de aprovechar sus condiciones naturales. Su línea vocal fue clara e impactante desde la primera nota. Arrancó a cantar con fuerza desde los cuatro Lieder que precedieron al ciclo de El canto del cisne, formado por otras trece canciones. Mantuvo la misma energía desde el principio hasta el final, sin dar muestras de fatiga, con un tono vibrante y cercano. El programa estuvo monográficamente dedicado a Schubert y se desarrolló de un tirón, sin intermedio. Graham Johnson acompañó como tiene por costumbre con un pedal sobrio, casi seco, y con una pulsación perfectamente equilibrada, estableciendo una sabrosa complicidad con el cantante. Las interpretaciones fueron redondas aunque personales, de un romanticismo imaginario, moderno, pero verosímil. Hubo varias propinas en respuesta a los aplausos del público, que siguieron homenajeando a Schubert.