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Grande y discreta Recital de
romanzas de Tchaikovsky y Rachmaninov.
Olga Borodina (mezzosoprano) y Dmitri
Yefímov. XV
Ciclo de Lied. Fundación Caja Madrid. Teatro de
Olga Borodina es la profesionalidad
hecha arte. Su actitud ante el público es la de una profesora que expone
pudorosamente una realidad musical a la que no hay que añadir nada, ni
gestos, ni actuación, ni énfasis innecesarios, porque se explica por si
misma. Se acerca a la música desde el
máximo respeto, sin hacer ostentación de su excelente línea vocal. Deja que
la música llene y ocupe la velada, reservándose ella un segundo plano. Ni
siquiera subraya la seguridad que manifiesta, porque sabe que su voz y su
repertorio se bastan para cautivar a los oyentes. Olga Borodina
tiene una voz de mezzosoprano dramática, grande, opulenta y cálida, que
dulcifica con una igualdad extrema, un legato
irresistible y unos ataques suavísimos. Se contiene para no avasallar con su
potencia; refrena y sujeta cariñosamente su privilegiado instrumento,
dosificando muy bien el vibrato. Cantó con una
enrome sencillez y naturalidad, detrás de la cual se esconde mucho talento,
un gran trabajo y una enorme sabiduría. Su actitud fue acorde con el ambiente
doméstico del recital. Eligió para la ocasión un repertorio de canciones
rusas de Tchaikovsky y Rachmaninov,
cuyo romanticismo casa a la perfección con sus cualidades personales. No son
grandes piezas, y tampoco cuentan con textos de gran valor, pero Borodina supo realzar las bellas e inspiradas melodías,
presentándolas sin prisa, incluso con cierta parsimonia, con pausas entre una
y otra para que el pianista colocara las partituras y el público pudiera
toser bien a sus anchas. Algunos enlaces se hicieron un poco largos. El
acompañante estuvo en su sitio, en segunda línea, muy servicial, evocando
desde el teclado la calidez de la voz. Tuvo más acierto en sus cuidadosos y
retardados arranques que en los finales, con ciertas resonancias
inoportunamente truncadas. Gustó mucho la voz y la sencillez de doña Olga,
que respondió a los aplausos con unas de canciones de Falla magníficamente
expuestas, y en las que no se perdió ni una sílaba. ¡Qué grande y que
discreta es esta señora! |