Revista musical de publicación en Internet
Número 88º (Addenda) 22-12-2008

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

Grande y discreta

Por Víctor Pliego de Andrés

Recital de romanzas de Tchaikovsky y Rachmaninov. Olga Borodina (mezzosoprano) y Dmitri Yefímov. XV Ciclo de Lied. Fundación Caja Madrid. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 24 de noviembre de 2008.

 

 

 

 

Olga Borodina es la profesionalidad hecha arte. Su actitud ante el público es la de una profesora que expone pudorosamente una realidad musical a la que no hay que añadir nada, ni gestos, ni actuación, ni énfasis innecesarios, porque se explica por si misma.  Se acerca a la música desde el máximo respeto, sin hacer ostentación de su excelente línea vocal. Deja que la música llene y ocupe la velada, reservándose ella un segundo plano. Ni siquiera subraya la seguridad que manifiesta, porque sabe que su voz y su repertorio se bastan para cautivar a los oyentes. Olga Borodina tiene una voz de mezzosoprano dramática, grande, opulenta y cálida, que dulcifica con una igualdad extrema, un legato irresistible y unos ataques suavísimos. Se contiene para no avasallar con su potencia; refrena y sujeta cariñosamente su privilegiado instrumento, dosificando muy bien el vibrato. Cantó con una enrome sencillez y naturalidad, detrás de la cual se esconde mucho talento, un gran trabajo y una enorme sabiduría. Su actitud fue acorde con el ambiente doméstico del recital. Eligió para la ocasión un repertorio de canciones rusas de Tchaikovsky y Rachmaninov, cuyo romanticismo casa a la perfección con sus cualidades personales. No son grandes piezas, y tampoco cuentan con textos de gran valor, pero Borodina supo realzar las bellas e inspiradas melodías, presentándolas sin prisa, incluso con cierta parsimonia, con pausas entre una y otra para que el pianista colocara las partituras y el público pudiera toser bien a sus anchas. Algunos enlaces se hicieron un poco largos. El acompañante estuvo en su sitio, en segunda línea, muy servicial, evocando desde el teclado la calidez de la voz. Tuvo más acierto en sus cuidadosos y retardados arranques que en los finales, con ciertas resonancias inoportunamente truncadas. Gustó mucho la voz y la sencillez de doña Olga, que respondió a los aplausos con unas de canciones de Falla magníficamente expuestas, y en las que no se perdió ni una sílaba. ¡Qué grande y que discreta es esta señora!  

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