Cantando en el Volga
Por Víctor Pliego de Andrés
Katia Kabanova. Ópera de Leoš Janáček con
libreto del compositor basado en La
tormenta de Alexander Nikoláyevich Ostrovski. Reparto: Oleg Bryja, Pär
Lindskog, Julia Juan, Guy de Mey, Andrea Danková, Gordon Gietz, Natascha
Petrinsky, Marco Moncloa, Itxaso Mentxaka, María José Suárez. Dirección
musical: Jiři Bĕlohlávek. Dirección de escena: Robert Carsen.
Escenografía y figurinismo: Patrick Kinmonth. Iluminación: Robert Carsen,
Peter van Praet. Coreografía: Philippe Giraudeu. Coro y Orquesta Titular del
Teatro Real. Producción de la Ópera de Flandes. Teatro Real de Madrid, 2 al
23 de diciembre de 2008.

Leoš
Janáček es un autor que ha repetido varias veces y con buena fortuna en
el Teatro Real de Madrid, donde ya se han presentado La zorrita astuta, Osud (El destino), Desde la casa de los muertos y El caso Makropulos. Ahora le ha llegado
el turno a Katia Kabanova, una
ópera de ambiento ruso, compuesta en 1921, que ya se había representado una
vez en Madrid, en el Teatro de
la
Zarzuela
, en 1975, con el Teatro Nacional de Praga. La
trama de la ópera se sitúa en una pequeña localidad rusa a las orillas del
Volga. Representa la destrucción y el suicidio de Katerina Kabanova, joven y
sensible esposa de un hombre débil, sometida por su suegra, que busca
liberarse en el amor y que termina corroída por el remordimiento de la
infidelidad. La producción de la Ópera de Flandes que ya traído el Teatro
Real a Madrid se caracteriza por un diseño exquisito, en el que el agua y la
luz son protagonistas. La puesta es escena del maestro Robert Carsen es
moderna, teatral, aparentemente sencilla, pero muy refinada. Todo el
escenario aparece cubierto por una capa de agua, que representa el Volga,
sobre la cual transcurre la acción gracias a pasarelas muy simples que
sugieren diversos espacios con magistral ingenio. El agua se muestra a través
de proyecciones y reflejos fantásticos en una simple caja negra,
maravillosamente iluminada. Todos los contraluces, sombras, resplandores
están perfectamente controlados, así como los matices de los planos
luminosos, con una pericia que pocas veces hemos visto. A pesar de que el
espacio lo configura un escenario único y simple, con tan solo el agua y las
tres paredes, luz y proyecciones le dotan de una vida y de una variedad
inesperadas. Gracias a la tecnología, el agua se hace presente en todo el
escenario y también en la propia sala del teatro. Unas bailarinas mueven las
pasarelas, cambiando su distribución conforme a las distintas escenas,
chapoteando cual náyades en el agua, conforme a una curiosa coreografía que
nos hace recordar trabajos análogos y también “húmedos” de Nacho
Duato o de Pina Bausch. Obviamente, esta utilización de líquido elemento
habrá planteado muchos problemas técnicos: la nivelación e impermeabilización
de la plataforma, la asistencia a los artistas húmedos, avituallamiento
especial de secadores, peligro de resbalones, etc. Desde el punto de vista
musical amortigua demasiado las voces, que tampoco pueden adelantarse hacia
la corbata, debido al rebosadero. Los cantantes hicieron un excelente
trabajo, mostrando voces precisas y muy iguales, aunque un poco pequeñas y
con cierta tendencia a una sonoridad algo falsa. El maestro Jiři Bĕlohlávek
condujo a la orquesta con seguridad y soberanía, consiguiendo crear todo el
ambiente de tensión emocional y desasosiego que la partitura sugiere. Ha
sido, en conjunto, una magnífica producción, arriesgada pero equilibrada, y
llena de interés, tanto en lo musical como en lo teatral.
Fotografía:
Javier del Real