Revista musical de publicación en Internet
Número 88º (Addenda) 22-12-2008

> TEMPORADA MUSICAL MADRILEÑA <

 

 

Cantando en el Volga

Por Víctor Pliego de Andrés

Katia Kabanova. Ópera de Leoš Janáček con libreto del compositor basado en La tormenta de Alexander Nikoláyevich Ostrovski. Reparto: Oleg Bryja, Pär Lindskog, Julia Juan, Guy de Mey, Andrea Danková, Gordon Gietz, Natascha Petrinsky, Marco Moncloa, Itxaso Mentxaka, María José Suárez. Dirección musical: Jiři Bĕlohlávek. Dirección de escena: Robert Carsen. Escenografía y figurinismo: Patrick Kinmonth. Iluminación: Robert Carsen, Peter van Praet. Coreografía: Philippe Giraudeu. Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Producción de la Ópera de Flandes. Teatro Real de Madrid, 2 al 23 de diciembre de 2008.

Leoš Janáček es un autor que ha repetido varias veces y con buena fortuna en el Teatro Real de Madrid, donde ya se han presentado La zorrita astuta, Osud (El destino), Desde la casa de los muertos y El caso Makropulos. Ahora le ha llegado el turno a Katia Kabanova, una ópera de ambiento ruso, compuesta en 1921, que ya se había representado una vez en Madrid, en el Teatro de la Zarzuela , en 1975, con el Teatro Nacional de Praga. La trama de la ópera se sitúa en una pequeña localidad rusa a las orillas del Volga. Representa la destrucción y el suicidio de Katerina Kabanova, joven y sensible esposa de un hombre débil, sometida por su suegra, que busca liberarse en el amor y que termina corroída por el remordimiento de la infidelidad. La producción de la Ópera de Flandes que ya traído el Teatro Real a Madrid se caracteriza por un diseño exquisito, en el que el agua y la luz son protagonistas. La puesta es escena del maestro Robert Carsen es moderna, teatral, aparentemente sencilla, pero muy refinada. Todo el escenario aparece cubierto por una capa de agua, que representa el Volga, sobre la cual transcurre la acción gracias a pasarelas muy simples que sugieren diversos espacios con magistral ingenio. El agua se muestra a través de proyecciones y reflejos fantásticos en una simple caja negra, maravillosamente iluminada. Todos los contraluces, sombras, resplandores están perfectamente controlados, así como los matices de los planos luminosos, con una pericia que pocas veces hemos visto. A pesar de que el espacio lo configura un escenario único y simple, con tan solo el agua y las tres paredes, luz y proyecciones le dotan de una vida y de una variedad inesperadas. Gracias a la tecnología, el agua se hace presente en todo el escenario y también en la propia sala del teatro. Unas bailarinas mueven las pasarelas, cambiando su distribución conforme a las distintas escenas, chapoteando cual náyades en el agua, conforme a una curiosa coreografía que nos hace recordar trabajos análogos y también “húmedos” de Nacho Duato o de Pina Bausch. Obviamente, esta utilización de líquido elemento habrá planteado muchos problemas técnicos: la nivelación e impermeabilización de la plataforma, la asistencia a los artistas húmedos, avituallamiento especial de secadores, peligro de resbalones, etc. Desde el punto de vista musical amortigua demasiado las voces, que tampoco pueden adelantarse hacia la corbata, debido al rebosadero. Los cantantes hicieron un excelente trabajo, mostrando voces precisas y muy iguales, aunque un poco pequeñas y con cierta tendencia a una sonoridad algo falsa. El maestro Jiři Bĕlohlávek condujo a la orquesta con seguridad y soberanía, consiguiendo crear todo el ambiente de tensión emocional y desasosiego que la partitura sugiere. Ha sido, en conjunto, una magnífica producción, arriesgada pero equilibrada, y llena de interés, tanto en lo musical como en lo teatral.

Fotografía: Javier del Real

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