Preludios y romanzas
Por Víctor Pliego de Andrés
Recital lírico
de zarzuela. Isabel Rey (soprano),
Alejandro Roy (tenor), Jorge Lagunes
(barítono). Preludios y romanzas de Federico Chueca, Federico Moreno Torroba, Jacinto Guerrero, Amadeo Vives, Jesús Guridi, Francisco Alonso, Tomás Bretón, Pablo Luna,
Jerónimo Jiménez, José Serrano y Manuel Penella.
Orquesta de la Comunidad
de Madrid. Director: Cristóbal Soler. Teatro de la Zarzuela. Madrid,
2 de diciembre de 2008.

El que estaba anunciado como el segundo de los cuatro
conciertos líricos del Teatro de la Zarzuela se convirtió en el primero, dado que
el que iba a inaugurar este pequeño ciclo fue suspendido por enfermedad de
Carlos Álvarez. El público zarzuelero llenó expectante y deseoso de buena
música el coliseo de la calle Jovellanos. El
programa fue variado y divertido. Los intérpretes que se alternaron mostraron
cualidades muy distintas, pero hicieron un digno trabajo. El artista más
aplaudido de la tarde fue tenor Alejandro Roy, y por
buenas razones. Aunque estaba un poco perjudicado por una faringitis, no
quiso faltar a la cita y a pesar del impedimento triunfó en toda regla.
Empezó con alguna tensión y aspereza, pero fue ganando confianza y mostró una
voz clara, poderosa y bonita. Fue el más lírico de los tres catantes, y el
que mejor dijo los textos. Su versión de la romanza de La pícara molinera fue estupenda. La soprano Isabel Rey actuó con
muy buenas maneras, precisa y modulada, pero con un caudal de voz delicado que
en algún caso ocultaba el peso sonoro de la orquesta. Sus mejores virtudes
quedaron expuestas en las dinámicas sutiles, como en el precioso final de la
“Romanza de las Flores” de Mirentxu. Estuvo muy fina, pero hasta la segunda parte no empezó a poner calidez
en sus interpretaciones, a partir de la canción española de El niño judío. El programa concluyó
con el dúo y pasodoble de El gato
montés, en el que soprano y tenor estuvieron sembrados. El barítono Jorge
Lagunes estuvo en clara desventaja respecto a sus
colegas. Tiene una voz cálida, pero una técnica discutible, poco apta para
este teatro y repertorio. El joven maestro valenciano Cristóbal Soler dirigió
con gracia, intuición, tiempos vivos, gesto espontáneo y sonrisas pródigas.
Cuando sale del foso, la
Orquesta de la
Comunidad de Madrid se crece y da lo mejor de si misma,
como hizo en esta ocasión. El concierto se cerró con dos propinas. En el
programa de mano pudimos leer unas interesantes y muy bien escritas notas que
firma Enrique Mejías. Fue una estupenda convocatoria para los amantes del
género, que no necesitan para disfrutar más que un ramillete de buenas
romanzas y preludios, como los que aquí se ofrecieron.