El legado de Víctor Ullate
Por Víctor Pliego de Andrés
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Maestro. Programa
conmemorativo del XX aniversario
de la fundación de la compañía. Víctor Ullate
Ballet – Comunidad de Madrid. Coreografías de Víctor Ullate y Eduardo Lao. Dirección
artística: Eduardo Lao. Artista Invitado: Antonio
Márquez. Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel.
Diseño de escenografía: Paco Azorín. Teatro Real.
Madrid, 10 al 15 de diciembre de 2008.

Víctor Ullate, además de un artista grande, un gran emprendedor.
Su actividad no se ha limitado a la interpretación y a la creación
coreográfica, sino que también ha creado escuela y compañía propia hace
veinte años. En estos años han por ella bailarines de la talla de Ángel Corella (ahora embarcado en crear también compañía
propia), Ruth Miró, Igor Yebra o Lucía Lacarra, entre otros. Sobrevivir tantos
años en una Empresa tan difícil, tan costosa y minoritaria tiene un enorme
mérito. Desde hace unos años, la compañía ha sido asumida por
la Comunidad
de Madrid,
garantizando así su estabilidad y continuidad. La compañía ha creado y
estrenado en estos lustros muchas y valiosas piezas. El programa
conmemorativo que se ha presentado en el Teatro Real de Madrid es una
antología de números procedentes de Sola,
De Triana a Sevilla, Tras el espejo, Ven que te
tiente, ITU… ¿bailas?, Simun,
Arraigo, Fratres, Arrayán D’Araxa,
Samsara, El Amor Brujo, L’après-midi d’un faune y Jaleos,
junto a otras de Eduardo Lao: Tsunami, Tierra Madre y Go up. Esta
antología ha permitido reconocer la fuerte personalidad de Ullate en una danza que combina con especial acierto lo
clásico y lo español, como se enfatiza desde la introducción. Hay incursiones
discretas en lo contemporáneo, pero sin avanzar mucho en esa dirección. Las
virtudes de Ullate se asientan en un concepto
clásico, con líneas claras, mucha extensión de brazos y piernas, cuerpos
armados siempre a la perfección y una adaptación sincrónica al trazado
musical. No contradice nunca la música, como ocurre con otros creadores en
antagonismo con ella. Tampoco profundiza en la polifonía: discurre siempre en
homofonías transparentes. Y consigue de los bailarines formados en su propia
compañía resultados de una calidad extraordinaria. Pocas veces podemos ver un
cuerpo de baile con tantos chicos y tan bien formados, en un sector en el
cual aún hoy se sufre un notable desequilibrio sexista. La técnica es
soberbia y encubre un poco el arte. En este programa lo hemos podido
comprobar con unos números espectaculares, deliciosos, pero que nunca se
dejan llevar por la pasión. Excepción en esto fue la intervención de Antonio
Márquez, en otro registro y como artista invitado. La producción ha estado
presentada con cuidado en todos los detalles. Las músicas grabadas se han
oído bien. El espacio escénico se ha completado con unas proyecciones
estupendas, pero que han comprometido algo la iluminación, al limitar el uso
de contraluces. Algunos números con vestuario negro quedaron por ello
eclipsados. Pero ha sido una función muy espectacular y enormemente
atractiva, con un gran despliegue de talento, con ritmo, variedad y
coherencia. Muestra de toda una vida dedicada a la danza. Como conclusión,
una escena un poco cursi en la que el propio Víctor Ullate aparece en escena para entregar simbólicamente su legado artístico a su hijo
Josué. Una metáfora y una esperanza para que la danza no paré, para que la
tarea a la que Ullate ha dedicado su vida pueda
continuar. ¿Es tal vez un testamento?