Z A C A R I A S  C E R E Z O
 


  

VOLVER

  
  
  
 
  
 


 

EL COLOR DEL AGUA 

Si el agua tiene un color específico en la naturaleza es el del “cerezo”, si tiene un nombre de persona es el de Zacarías, quien pone en el agua su color natural, el que va impregnando en su silenciosa humanidad, su poesía muda que diría Friedriich Schlling, y nos transmite la serenidad que ve o necesita, porque nadie completamente feliz puede hacer arte, como afirmó Wargner, es una conducta subconsciente.

Nuestro protagonista es un hombre sencillo externamente, pero cuando pinta no puede callar su magnanimidad espiritual (fantasía-concepto Kandinskyano-y riqueza interior) expresada en el magistral uso del color cálido de nuestra tierra “morisca” (en palabras del poeta Vicente Medina). Zacarías Cerezo dota a la naturaleza, en sus colores fríos (azul, verde…) del agua y de la humedad de que carece este suelo desértico, pero salpicado de oasis, y hace de todo él un vergel del que fluye la vida natural por medio de la acuarela, que parece significar el “agua de ella”; una fuente de visión cristalina para los ojos.

¿Pero…dónde está la figura humana en la obra de Zacarías? No está visible porque…él es la figura humana, se lleva en sí mismo y la pinta desde el punto de vista del espectador del paisaje. ¿O quizás le presencia de la imagen del hombre rompería el equilibrio ecológico visual- no olvidemos que somos los depredadores de la naturaleza más destructivos que existen- , la paz y el silencio terapéutico de su actividad artística? Si nos fijamos en sus temas de semana santa hasta los nazarenos están en una actitud relajada, es un desplazamiento sin tensiones del paso, como llevado por el mismísimo santo. ¡Qué manos de santo tiene para pintar este individuo de nombre biblico!

Deduzco al mirar sus obras su gusto por las estaciones otoñal y primaveral, seguimos pues dentro del equilibrio que he mencionado anteriormente, no le gustan los extremos, busca la media aritmética como un matemático, el punto razonable y lógico como descartes. ¡Cuánta riqueza y experiencia hay contenida en esta callada persona, cuya lengua materna es el pincel y su saliva, el agua! Qué río de vida plástica es Zacarías para nuestra Región.

¿Pero qué es lo que percibo en mi cerebro en una fútil mirada? Es melancolía y mi mente reacciona preguntándose ¿cómo puede haber tal emoción en este creador? El enigma me ensombrece el entendimiento pero sospecho que esa melancolía puede ser el soporte de su motivación pictórica, el impulso, la chispa, el motor de la búsqueda de satisfacer una carencia de la infancia o la juventud, quizás la huella de no haberse realizado antes como pintor.

Zacarías Cerezo es como en una de sus obras expuesta aquí, lo vivo en la naturaleza muerta, lo dinámico en lo estático, lo templado en lo caliente, la pulpa dulce y jugosa en la piel áspera y espinosa de unos higos chumbos.

Gracias Zacarías por estar aquí con tus obras y apoyar así a los que empiezan, porque la Galería Azul es la esperanza celeste de los jóvenes valores artísticos. Hasta siempre. 

Joaquín Piquer

1997