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LA VERDAD 13 DE ABRIL DE 2005

ZACARÍAS CEREZO PINTOR

«Siento necesidad de acercarme a las cosas»

El artista expone en la Sala Alta del Casino de Murcia una serie de acuarelas bautizada como 'Luz primigenia'

P. SOLER/MURCIA

NATURALEZA. Zacarías Cerezo, ante algunas de las obras expuestas en el Casino. / P. S.

 

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LA EXPOSICIÓN

Es una exposición muy amplia en número de cuadros y temática la que Zacarías Cerezo inauguró el pasado día 1 en la Sala Alta del Casino de Murcia. Paisajes muy diversos y bodegones, llenos de luminosidad y de colores se suceden en Luz primigenia. Permanecerá abierta hasta el próximo día 17.

Afirma Zacarías Cerezo que «la obsesión de los pintores es la luz; apresar esa luz reflejada en las cosas, la que les sobra y se nos viene a la cara. Buscamos/pintamos para conocernos, para escrutar el universo, descubrirlo en lo más pequeño». Por todo esto, ha bautizado como Luz primigenia la exposición que acaba de inaugurar en la Sala Alta del Casino de Murcia. Confiesa que siempre ha pintado, «desde niño, haciendo lo que todos los niños: pintarrajear y hacer monigotes. Sucede que unos lo dejan cuando llegan a cierta edad, pero yo he seguido siempre en esa actitud: primero copiar y, luego crear». Su primera exposición data de 1973, y a lo largo de los años ha realizado humor gráfico, retratos, trabajos a plumilla... «Al final me he quedado con la acuarela, que es la técnica con la que me siento más cómodo. Encierra una luminosidad que me atrae mucho».

-También me ha dicho que deja unas cosas para envolverse en otras.

-Sí. Hay una etapa en mi obra, por la que se me conoce mucho, que es el tema local, el tipismo de Murcia, el paisaje de la huerta, con el que he disfrutado. Pero es algo para mí agotado. Puede ser que reclame todo esto más adelante porque quizá descubro algo que antes no he encontrado. Lo que no quiero es caer en la repetición. La gente está encantada con que pintes la Catedral o la rueda de La Ñora. Hay una demanda que no cesa. El que quiera vivir de pintar estos temas puede hacerlo, pero yo no quiero aburrirme. He iniciado una etapa en la que estoy buscando nuevas temáticas, incluso con formatos más grandes y una manera de pintar más suelta.

-¿La nueva etapa se inicia precisamente con esta exposición?

-No hay una ruptura clara y en un momento determinado. De hecho aún expongo un tema muy murciano, como es la huerta. Es algo a lo que no he renunciado del todo, aunque, sí, puede decirse que ahora arranca esa nueva etapa.

-Hay cuadros con paisajes muy diversos: huertanos, urbanos, campos secos... ¿Cuesta mucho trabajar esta variedad?

-Al final todo es lo mismo. Los paisajes secos tienen la misma belleza que pueden ofrecer otros sobre la ciudad de Venecia o sobre un robledal de Asturias. Quiero decir que al pintor le emociona la luz y la encuentra donde quiera que va: en un desierto, en una ciudad o en una callejuela. La temática es distinta, pero todo es lo mismo.

-¿También los bodegones?

-Es que el sosiego y la quietud del bodegón tienen su atractivo. Y ahí es donde el pintor puede mover las frutas sobre un tablero hasta conseguir un contorno interesante. Esos trabajos de estudio resultan muy gratos para mí.

-¿Y los vertederos que recoge en algunas obras?

-Son cosas que uno se encuentra cuando sale. A veces, un vertedero contiene cuatro elementos de desecho que han formado parte de nuestra vida diaria, y te llaman la atención. Es un contraste entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que nace y lo que muere. Es una continua reflexión a la que estamos sometidos. Te puedes encontrar un brote de azahar, que es como un nacimiento, y te encuentras unas hojas muertas que son como el símbolo de lo que se acaba y de lo que muere. La basura también es algo simbólico.

-¿Qué puede pensar el espectador ante temas tan dispares?

-Se puede desconcertar un poco ante la diversidad o el tratamiento tan distinto que se hace de las cosas. Pero yo también soy un hombre desconcertado ante el paisaje o la diversidad. No puedo frenarme a la hora de captar temas, ni quiero seguir una línea unitaria capaz de aburrir.

-¿Por qué esa preferencia absoluta por la acuarela? ¿Se siente incapaz de pintar al óleo?

-He pintado muchos óleos. Lo que sucede es que, al final, el pintor utiliza el lenguaje que le resulta más cómodo y con el que mejor se expresa. Así sucede en todas las disciplinas. En otra ocasión podría volver al óleo, pero de momento me encuentro mejor con la acuarela. Hay pocos pintores que se dedican a ella. Es una técnica muy fresca, con resultados muy hermosos y que no encierra ningún misterio especial.

-¿Ha aprendido de algún pintor a utilizarla?

-No he aprendido en el taller de ninguno, porque soy autodidacta. Tengo una técnica personal, que he ido mejorando con el paso del tiempo. He descubierto por mí mismo esta técnica, pero admiro a los buenos acuarelistas que hay en la Región, aunque no son muchos.

-¿En qué temas se manifiesta de manera más directa su interés?

-En esas composiciones en las que aparecen una sencillas ramas de arboles, como granados, almendros, higueras... Siento necesidad de ir abandonando los paisajes más abiertos para acercarme más a las cosas. Me doy cuenta de que en las cosas pequeñas y en los detalles está también todo el universo. En una rama torturada por el viento hay un ritmo, una luz.

-Muchos de sus cuadros son resultado de viajes.

-Sí, porque en mis viajes encuentro mucha temática . El pintor viaja siempre con los ojos abiertos a donde quiera que va. Pinto lo que puedo en el exterior, o tomo apuntes, porque soy pintor muy de estudio, y me apoyo en esos apuntes o, incluso, en fotografías.